Recordemos que en 1534 Carlos V había llamado a Vermeyen a España, quien al año siguiente le acompañó a la campaña militar organizada para conquistar Túnez.

El objetivo del Emperador era dejar constancia de la victoria, de su gran poder. Fue su gran triunfo, la conquista de Túnez contra el imperio turco que en último término quedaría plasmada en una serie de tapices conmemorativos.

El Emperador encargó al pintor tomar apuntes a lápiz y en color de las escenas, con vistas a la realización de cartones que finalmente serían tejidos en los magníficos paños que conserva Patrimonio Nacional. A juzgar por el resultado de los cartones y de los tapices, los dibujos tuvieron que ser muy detallados.

Así, en el verano de dicho año el pintor representó la Conquista de Túnez en doce dibujos realizados al natural, en el lugar de los hechos.

Años después realizó los doce cartones para los tapices encargados por María de Hungría con la que firmó el contrato en Bruselas en 1546. Se trata de cartones pintados al carbón y acuarela sobre papel, montados sobre una tela de lienzo, realizados entre 1546 y 1550.

Después de su muerte los cartones originales se perdieron, pero felizmente fueron encontrados hacia 1708 en Bruselas. Actualmente de conservan en Viena, en el Museo de Historia del Arte de Viena.

Jan Cornelisz Vermeyen. Cartones La Conquista de Túnez. Kunsthistorisches Museum (KHM), Museo de Historia del Arte de Viena.

En la actualidad el Museo KHM está inmerso en un proyecto de investigación y restauración de estas singulares obras de arte.

Museo de Historia del Arte de Viena (KHM), Restauración cartón nº 10, La Conquista de Túnez, Jan Cornelisz Vermeyen.

Desde finales del siglo XIX la prensa reflejó la creación de dichos cartones por Vermeyen y cómo se tejieron en Flandes.

Las doce piezas son: 1, El Mapa. 2, Revista de las tropas en Barcelona. 3, Desembarque delante de la Goleta. 4, Escaramuza con el enemigo. 5, Combate bajo los muros de la Goleta. 6, Salida de los sitiados. 7, El ejército imperial, ayudado por la flota, se apodera de la plaza. 8, Gran batalla en el camino de Túnez. 9, Toma de Túnez. 10, Saqueo de Túnez. 11, El ejército, cargado de rico botín, acampa cerca de Rada y 12, Reembarque en la Goleta.

De los cartones, desaparecieron el nº 1, El Mapa, y el 9, Toma de Túnez. Pero se conservan los tapices. De la serie de tapices también se han perdido dos, los números 8, la Gran batalla en el camino de Túnez, y 11, El ejército, cargado de rico botín, acampa cerca de Rada, pero se conservan los cartones, por lo que se conoce la serie completa.

Posteriormente, María de Hungría en 1548 firmó otro contrato en Bruselas con el maestro tapicero William de Pannemaker para tejer la serie de los doce tapices, sobre los cartones de Vermeyen y su colaborador Pieter Coecke, en el cual constaba que se emplearían materias primas de primera calidad, hilo de Lyon para urdimbres, lana fina y sedas tintadas de Granada para las tramas y los mejores hilos de plata y oro.

Finalmente, los paños fueron tejidos en Bruselas entre 1548 y 1554.

Durante la campaña, el objetivo era que los soldados desfilaran con la mayor grandeza posible. El emperador se preocupó personalmente de que sus hombres fuesen perfectamente ataviados, por lo que dictó la orden de procurar diferentes tipos de paños y colores, muy costosos. Junto a esto, se preocupó de que se hiciesen tiendas de campaña para alojar a los combatientes y que los protegiesen de la intemperie. Todo ello debería quedar reflejado en los cartones y en los tapices.

Igual que acerca de los cartones, ya en el siglo XIX se daban noticias de la magnífica tapicería del Palacio Real de Madrid. Los paños incluyen inscripciones en castellano en la cartela superior y versos latinos en la cenefa inferior. En total son aproximadamente 600 m2.

El Mapa o La carta de marear es el primer paño de la serie. En él fue decisiva la participación del cosmógrafo Santa Cruz. Se representa el mapa de las costas del Mediterráneo, de donde salieron los ejércitos del emperador, y las costas de África, donde acamparon. Jan Cornelisz Vermeyen se autorretrata con el compás, y sostiene junto a la columna corintia de la derecha la cartela en que se precisa la cosmografía y justifican las causas de la conquista africana de 1535.

Tapiz n.º 1 de la serie de la conquista de Túnez, El Mapa. Manufactura de Willem de Pannemaker, 1548-1554. Oro, plata, seda y lana. Patrimonio Nacional.

 

Tapiz nº 1. El Mapa, de la serie La Conquista de Túnez. Detalle, con el autorretrato de Vermeyen.

El cartón nº 2 representa la Revista de las tropas en Barcelona, de donde zarparon.

Cartón del tapiz n.º 2 de la serie de La Conquista de Túnez. La Revista de las tropas en Barcelona. Jan Cornelisz Vermeyen. 1546-1550. Kunsthistorisches Museum, Gemäldegalerie, Viena.

 

Cartón del tapiz n.º 2 de la serie de la Conquista de Túnez, La revista de las tropas en Barcelona. Jan Cornelisz Vermeyen. 1546-1550. Detalle. Kunsthistorisches Museum, Gemäldegalerie, Viena

El tapiz nº 2 se expone en la Galería de las Colecciones Reales. Observemos que la orientación del tapiz es, lógicamente, contraria a la del cartón que sirve como patrón para tejerlo.

La revista de las tropas en Barcelona (tapiz n.º 2 de la serie de la conquista de Túnez). Manufactura de Willem de Pannemaker, 1548-1554. Oro, plata, seda y lana. Patrimonio Nacional. Galería CCRR.

La Revista de las tropas en Barcelona (532 × 715 cm), el segundo tapiz, representa la llegada del emperador a Barcelona al frente de su ejército, el 3 de abril de 1535, y la revista general que pasó a la Armada el día 14 de mayo. Entre los caballeros principales se reconocen las figuras de don Luis de Portugal, hermano de la emperatriz, del duque de Alba, y la del mismo Carlos V, el propio emperador, en un segundo plano.


La revista de las tropas en Barcelona (tapiz n.º 2 de la serie de la Conquista de Túnez). Detalle. Galería CCRR.

Esta colección de tapices actualmente conservada por Patrimonio Nacional tiene una gran importancia tanto artística como histórica.

En otro de los cartones, el décimo, dibujó su autorretrato nuevamente, donde aparece contemplando el Saqueo de Túnez y tomando notas, sobre un montículo, junto a otro personaje que se ha identificado tal vez como alguno de los cronistas o quizá su ayudante.

Cartón nº 10, El saqueo de Túnez. Kunsthistorisches Museum, Museo de Historia del Arte, Viena.

 

Cartón nº 10 El saqueo de Túnez. Kunsthistorisches Museum, Viena Cartón nº 10. Detalle.

Cartón que sirvió de modelo para el tapiz nº 10.

Tapiz nº 10, serie La Conquista de Túnez.  El saqueo de Túnez. Patrimonio Nacional.

En algunas publicaciones, citadas en la bibliografía, hay noticias de los cartones originales y cómo se tejieron en Flandes desde antiguo.

La Ilustración Española y Americana, 1899. Tapiz nº 10, Detalle.

Como ya vimos, Jan Cornelisz Vermeyen, el artista renacentista italiano que estudió las matemáticas con gran aprovechamiento y llegó a ser pintor de tanto crédito y habilidad que Carlos V le llamó a España el año de 1534 –como escribió Ceán Bermúdez– murió en 1559 en Bruselas. Además de los espectaculares cartones y tapices que recuerdan La Conquista de Túnez que acabamos de conocer, entre otras obras, nos legó el primer y valioso dibujo conocido que nos muestra el aspecto del alcázar en el siglo XVI, el Castillo de Madrid.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

“Tapiz flamenco del Museo Arqueológico Nacional”, Museo de Antigüedades, tomo VII, 1876.

La Ilustración Española y Americana. Año XXXIII, nº VI, 15 febrero 1889.

SOLER, Álvaro. Catálogo exposición El Arte del poder, Patrimonio Nacional, Madrid, 2009.

GOZALBO, Antonio. «Tapices y crónica, imagen y texto: un entramado persuasivo al servicio de la imagen de Carlos V». Potestas, nº 9, 2016.

La exposición natural y etnográfica de 1893. Ministerio de Educación, Madrid, 2017.

ZALAMA, Miguel Ángel. «Vestirse para la guerra, Realidad y ficción en las imágenes de la conquista de Túnez», Potestas, nº 16, 2020.

 

Como vimos, Jan Cornelisz Vermeyen fue un pintor, dibujante, grabador, cartonista y diseñador de tapicerías renacentista flamenco. Nació en los comienzos del siglo XVI en Beverwijk, Países Bajos. Hacia 1534 dibujó la que se considera primera imagen conocida de Madrid y su alcázar, Le Chateau de Madril, El Castillo de Madrid.

Ese año Carlos V le había llamado a España.

Recordemos que el artista antes había trabajado como pintor de Corte de la tía del Emperador Margarita de Austria y de su hermana María de Hungría, ambas gobernadoras de los Paises Bajos.

La Villa de Madrid aún no era sede de la Corte, para eso faltaban unos años, cuando en 1561 el rey Felipe II así lo decidió. Pero ya entonces, incluso desde mucho antes, Madrid era una pequeña villa castellana con un alcázar, frecuentado por los reyes –por Carlos V, su padre, y antes por los Trastamaras–, y una de las pocas ciudades con voto en Cortes (*).

En los Anales de León Pinelo, publicados en el siglo XVIII, leemos que a principios de 1534 el emperador estaba en Madrid, convocadas Cortes en la Villa.

Dicho año, cuando llegó a España, Vermeyen probablemente dibujó el Castillo de Madrid, único y valioso grabado que nos muestra el aspecto del alcázar en el siglo XVI, antes de sus sucesivas reformas y ampliaciones.

Durante el reinado del Emperador Carlos V, el Alcázar Real fue objeto de la mayor transformación, por lo que este grabado, anterior a las reformas, resulta de un interés enorme.

J.C. Vermeyen. El Castillo de Madrid, h.1534. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET Museum).

La imagen en papel, impresa al aguafuerte en una hoja junto con otra imagen del Acueducto de Segovia, que mide 352 x 484 mm, se conserva en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET Museum).

El Acueducto de Segovia y el Castillo de Madrid. Grabado, dos planchas impresas en una hoja (MET Museum).

Ambas imágenes fueron probablemente grabadas por ambas caras en la misma plancha. Los grabados se realizaron tal vez en los Países Bajos o en Francia, las inscripciones identificativas están en francés y el papel utilizado procede de Troyes (Francia).

Se conocen algunas impresiones separadas de estas estampas, pero son piezas raras. Existen algunos otros ejemplares del Acueducto de Segovia, el British Museum posee uno. Sin embargo, esta impresión del Castillo de Madrid del MET es la única que se conoce hoy en día. Hasta 1917 fue propiedad particular de Joseph Pulitzer y Kate Davis Pulitzer, cuando fue adquirida por el Museo Metropolitano de Nueva York.

El grabado tiene mucha importancia por varios motivos. Como dijimos, es la primera conocida y tal vez única representación del alcázar real en el siglo XVI, rodeado por una muralla a esas alturas muy deteriorada. La fachada dibujada, la sur, equivale a la actual fachada principal del Palacio Real. Delante, el Campo del Rey, actual plaza de la Almudena.

Entre las dos torres del alcázar, junto al puente de madera que permitía cruzar el foso, vemos la iglesia de San Miguel de la Sagra, una de las primeras iglesias de Madrid que ya aparece en el Fuero de 1202, derribada en 1549.

Vermeyen. El Castillo de Madrid, h.1534. (Detalle: Iglesia San Miguel de la Sagra)

El paisaje está representado con detalle, con la Casa de los Vargas en lo que hoy es la Casa de Campo, el río y al fondo las montañas.

Vermeyen. El Castillo de Madrid, h.1534. (Detalle: Casa de Campo)

Y otro aspecto, muy importante como documentación de la época, al que quizá se le suele prestar menos atención, son los numerosos personajes representados.

Vemos gente descansando, dos caballeros con sus aves de presa que salen de caza, una lavandera con una jarra de agua que cuida tres gansos, dos espadachines. Dos titiriteros con su mono, un buhonero con su zagal… dos pastores tumbados en el suelo, que parece que cuidan a cuatro cerdos. Otra escena muestra seis hombres jugando al chito, juego parecido a los bolos, tradicional en Castilla.

Vermeyen. El Castillo de Madrid, h.1534.
(Detalle: jugando al chito)

Se aprecia lo que parece una estatua ecuestre; es un misterio quién sería el protagonista; sería la más antigua de Madrid.

Vermeyen. El Castillo de Madrid, h.1534.
(Detalle: estatua ecuestre)

Se observa un grupo de tres personajes charlando, muy significativo en el dibujo, que visten ropaje cristiano y moruno.

Vermeyen. El Castillo de Madrid, h.1534.
(Detalle: Personajes charlando)

Volviendo a Pinelo, este nos informa de que en septiembre de dicho 1534 llegó a Madrid la voz de que el turco armaba contra la Cristiandad y el emperador el 20 de octubre volvió a convocar Cortes en Madrid sobre la jornada que pretendía emprender en Túnez. A fin de febrero del año siguiente salió de Madrid para la jornada de África, dejando a la emperatriz como gobernadora de Castilla.

Así, en 1535, como veremos, Vermeyen acompañó a Carlos V a la campaña militar organizada para conquistar Túnez.

Por: Mercedes Gómez

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(*) NOTA: Las ciudades castellano-leonesas con voto en las Cortes eran Burgos, Toledo, Zamora, Toro, Ávila, Soria, Salamanca, Segovia, Cuenca, Guadalajara, Valladolid, Sevilla, Córdoba, Jaén, Murcia, León y la pequeña Villa de Madrid.

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Bibliografía:

LEON PINELO, Antonio. Anales de Madrid. Transcripción de Pedro FERNÁNDEZ MARTÍN. Instituto de Estudios Madrileños, Madrid, 1971.

BOORSCH, S. – ORENSTEIN, N.M.«The Print in the North». The Metropolitan Museum of Art Bulletin, Spring 1997.

APARISI LAPORTA, Luis Miguel. La Casa de Campo. Historia documental. Ayuntamiento de Madrid, Ed. Lundwerg, Madrid, 2003.

 

 

Jan Cornelisz Vermeyen fue un pintor, dibujante, grabador, cartonista y diseñador de tapicerías renacentista flamenco. Nació en los comienzos del siglo XVI en Beverwijk, Países Bajos, hacia 1500 según el Museo del Prado, fecha aceptada tradicionalmente; el historiador Ceán Bermúdez en su Diccionario menciona esa fecha como la del nacimiento del pintor. Según el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, basándose en el testamento del artista, nació h. 1504.

En lugar y fecha desconocidos, Jan Cornelisz se casó con Ida de Neve, hija del pintor Jan de Neve, de Malinas, ciudad en la que trabajó.

Hacia 1525 Vermeyen se convirtió en pintor de la Corte de Margarita de Austria (1480-1530), que fue gobernadora de los Países Bajos hasta su muerte en 1530. Margarita era hermana de Felipe I de Castilla, llamado el Hermoso, casado con Juana I de Castilla, padres del futuro Carlos V, y por tanto tía del futuro emperador, de quien fue su tutora y a quien inculcó el amor al arte.

Tras la muerte de Margarita pasó a trabajar para María de Austria (1505-1558), joven hermana de Leonor y Carlos. Fue reina de Hungría, regente a la muerte del rey Luis II y gobernadora de los Países Bajos a la muerte de Margarita de Austria. Mujer poderosa y además gran promotora artística. La Colección de María de Hungría era importantísima. Gracias a ella el Museo del Prado guarda algunas obras maestras, como la espectacular Carlos V en la batalla de Mühlberg (1548) de Tiziano. Vermeyen la retrató.

María reina de Hungría (1505-1558), Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET Museum). Copia, original pintado por Vermeyen en 1530.

Ceán en su biografía sobre el artista escribe que Jan Cornelisz Vermeyen en castellano fue llamado Juan de Mayo, el Barbudo y Juan de Barbalonga porque su barba medía vara y media. Añade que estudió las matemáticas con gran aprovechamiento y llegó a ser pintor de tanto crédito y habilidad que Carlos V le llamó a España el año de 1534.

Ese año probablemente fue cuando dibujó El Castillo de Madrid, único y valioso grabado que nos muestra el aspecto del alcázar en el siglo XVI, como veremos en breve.

J.C. Vermeyen. El Castillo de Madrid, h.1534. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET Museum).

Desde ese momento, Vermeyen, acompañando a Carlos V, estuvo en varios lugares, además de en Madrid, en Segovia y en Ávila.

Otro de los dibujos realizados por Vermeyen ese mismo año 1534, el 8 de julio, fue cuando en Ávila –como veremos, el artista dibujaba las escenas al natural– representó la Corrida de toros celebrada en honor del emperador Carlos V, una fiesta de toros en el siglo XVI, tal como apareció publicado en la revista La Esfera en 1918, en el que se aprecian muchos detalles de la época. Como en el caso del dibujo de Madrid, esta podría ser la primera imagen, al menos una general, que representa la fiesta de los toros en el siglo XVI.

Ávila. «Corrida de toros celebrada el 8 de julio de 1534». Dibujo de J.C. Vermeyen. Aguatinta s/papel. – Copia de fotografía de J. Laurent. Archivo General del Palacio Real. Madrid. Publicado en La Esfera, 1918.

Al año siguiente partió hacia África acompañando al Emperador.

En 1535 Vermeyen acompañó a Carlos V a la campaña militar organizada para conquistar Túnez. El objetivo del Emperador era dejar constancia de la victoria, de su gran poder. La prueba es que se acompañó de escritores y artistas. Se llevó a dos cronistas, Diego de Guevara y Alonso de Santa Cruz; este último fue nombrado Cosmógrafo Mayor y Caballero de la Casa Real. Y también a Jan Cornelisz Vermeyen, cronista gráfico, de forma que en numerosos textos el hallazgo se reflejó gráficamente; el resultado es que se conserva una magnífica memoria escrita y visual, que veremos en una próxima entrada.

La revista de las tropas en Barcelona (tapiz n.º 2 de la serie de la Conquista de Túnez). (Detalle). Manufactura de Willem de Pannemaker, 1548-1554. Oro, plata, seda y lana. Patrimonio Nacional. Galería Colecciones Reales. Agosto 2026.

Por supuesto, estuvo en Barcelona (desde donde embarcaron hacia África), en Túnez y posteriormente en Italia donde hicieron un recorrido con arcos triunfales obra de grandes artistas.

De vuelta de Italia en diciembre de 1536, debió de permanecer algún tiempo en España, continuó formando parte del séquito del emperador en Toledo (1537-39) y en Gante (1540).

Su obra se encuentra en algunos de los mejores museos del mundo.

En el Museo del Prado, no expuesto actualmente, se encuentra su óleo sobre tabla, La Santísima Trinidad, pintado entre 1530-40. Sí lo estuvo en 2024 formando parte del itinerario Reflejos del Cosmos.

Vermeyen. La Santísima Trinidad (1530-40). Museo del Prado

Como en el caso de la Conquista de Túnez, Jan Vermeyen también entregó al taller de Wilhelm Pannemaker los cartones de otra serie que había diseñado, de asunto mitológico, los amores de Vertumno y Pomona, inspirado en el poema de Ovidio, Las Metamorfosis, para la realización de los paños. La serie también es propiedad de Patrimonio Nacional.

La Ilustración Española y Americana en 1877 recoge la existencia de uno de los tapices de la serie, la quinta pieza, de los Amores de Pomona y Vetumno.

La Ilustración Española y Americana (8 mayo 1877)

Hay noticias de que desde la primavera del año 1934 las paredes de la Sala de Gaspar Becerra en el Palacio de El Pardo quedaron cubiertas por estos tapices de la colección de Vertumno y Pomona propiedad de Patrimonio Nacional.

Actualmente, uno de los elementos decorativos del Comedor de Gala del Palacio Real son los tapices pertenecientes a estos amores de Vertumno y Pomona.

Comedor de Gala del Palacio Real. Agosto 2026.

Uno de los tapices, Vertumno transformado en agricultor, se expone actualmente en la Galería de las Colecciones Reales.

Vertumno transformado en agricultor (h. 1560). Según diseño de J.C. Vermeyen. Galería CCRR. Agosto 2026.

En la KBR, Biblioteca Real de Bruselas, se conserva un dibujo que representa la pacificación de Gante, una obra maestra de Jan Cornelisz Vermeyen, un manuscrito histórico único que contiene el dibujo a color titulado El castigo de Gante. Es un dibujo muy minucioso realizado a pluma con tinta gris, enriquecido con guache y pintura de oro.

Vermeyen. El castigo de Gante, 1540. KBR.

El emperador Carlos V proclama la Concesión Carolina en Gante, en presencia de dignatarios eclesiásticos (a la derecha) y de embajadores y caballeros del Toisón de Oro (a la izquierda). Los líderes de Gante aparecen arrodillados en señal de sumisión. La obra incluye un posible autorretrato, se cree que puede ser el hombre barbudo que, arriba a la izquierda, mira hacia el espectador.

El Museo de Bellas Artes de Bélgica guarda el tríptico conocido como Tríptico de la familia Micault, de 1547-49.

Vermeyen. Tríptico cerrado de la familia Micault (1547-49).Museo de BBAA de Bélgica, Bruselas.

 

Vermeyen. Tríptico, abierto, de la familia Micault (1547-49).Museo de BBAA de Bélgica, Bruselas.

El Museo de Rotterdam guarda también algunas de sus obras. De 1545 son varios grabados con referencia a temas españoles. El burdel español y Una cortesana española (1545). Del mismo año el MET posee El banquete español.

Vermeyen, El Banquete español (1545). MET.

Según Ceán, en 1582 en el Palacio de El Pardo, que había sido construido en 1545 por orden del Emperador, había «cuatro vistas al temple obra de Vermeyen, de Madrid y de Valladolid, Nápoles y Londres, y ocho tablas al óleo que representaban las jornadas de Carlos V en Alemania, todas perdidas en el incendio …», ocurrido en 1604.

A partir de 1541 hasta su muerte probablemente vivió en Bruselas, acaso algún tiempo en Malinas. Además de por sus autorretratos, en el mencionado El Castigo de Gante y  en dos tapices en La Conquista de Túnez, que veremos más adelante, conocemos su figura, ya mayor, gracias a un grabado que guarda el Museo Boijmans Van Beuningen, en Rotterdam, su retrato, realizado en 1572 por Johannes Wierix (anteriormente atribuido a Hieronymus Wierix).

Johannes Wierix. Retrato de Vermeyen (1572). Museo de Rotterdam.

Su nombre castellanizado tuvo diversas variaciones como ya vimos, una de ellas Juan Barba Longa, por su larga barba, apreciada en este retrato.

Jan Cornelisz Vermeyen firmó testamento el 24 de septiembre de 1559. Murió poco después ese mismo año en Bruselas, y fue sepultado en la desaparecida iglesia de San Gaugericus, San Jorge.

Carlos V (1500-1558) y Vermeyen eran casi de la misma edad y fallecieron con un año de diferencia.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

CEÁN BERMÚDEZ, Juan Agustín. Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España, Madrid, 1800.

Luis CALANDRE y Miguel DURÁN. «Datos para la historia del Palacio de El Pardo», Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, año XII, nº 48, Ayuntamiento de Madrid, octubre 1935.

Tesis VAN DER STOCK publicada en 1998. Printing Images in Antwerp. The Introduction of Printmaking in a City: Fifteenth Century to 1585 (Imprimiendo imágenes en Amberes. La introducción del grabado en una ciudad: del siglo XV a 1585).

 

 

Queridos amigos:

Hoy vuelve a visitarnos Vicente Benítez Blanco, especialista en la historia y el arte del Convento de las Carboneras y autor del libro sobre este monasterio, citado al final en la bibliografía, a propósito del IV Centenario de la muerte de su fundadora doña Beatriz Ramírez de Mendoza -bisnieta de Beatriz Galindo La Latina y de Francisco Ramírez el Artillero- y de la pequeña y valiosa exposición organizada por dicho motivo.

Espero que lo disfrutéis.

Mercedes

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El próximo 4 de noviembre se cumplen cuatrocientos años de la muerte de doña Beatriz Ramírez de Mendoza, dama de la nobleza madrileña, y condesa viuda de Castellar, que ha pasado a la historia por la fundación del convento de Las Carboneras de Madrid, donde vivió los últimos veinte años de su vida como religiosa jerónima.

Si bien esta clausura estaba destinada para su hija Juana, las circunstancias políticas y la persecución desencadenada por parte del duque de Lerma en 1603 contra la condesa desembocaron en una precipitada toma de hábito como novicia en la Concepción Jerónima. Doña Beatriz ya había sentido la vocación religiosa en su juventud, antes de casada. Es en este tiempo cuando inicia los trámites previos a la fundación de Las Carboneras, la licencia real, la del papa, y la del cardenal de Toledo.

Había nacido en Madrid en 1556, sus padres estaban al servicio de los reyes y servían en Palacio, entorno en el que vivió hasta su algo tardío matrimonio con el IV conde de Castellar. La boda se celebró en 1585, tuvieron seis hijos, cuatro niñas y dos varones, de los cuales dos hijas fueron monjas, Ana María carmelita y Juana jerónima. El conde falleció en 1595 y doña Beatriz se entregó desde ese momento a obras de caridad y a prestar apoyo a las nuevas fundaciones de mercedarios y trinitarios en su rama de recoletos o descalzos.

Hacer constar que además de Las Carboneras fundó los monasterios de la Orden de la Merced Descalza en Rivas del Jarama, en la villa de Castellar (Cádiz), y en El Viso del Alcor (Sevilla). También ayudó en la de los trinitarios en Valdepeñas (Ciudad Real).

Para honrar su memoria y conmemorar este centenario, las monjas jerónimas han instalado una exposición en el espacio del comulgatorio o coro bajo, a los pies de la iglesia, con un conjunto de objetos relacionados con la vida de doña Beatriz en sus años de religiosa de clausura.

Coro bajo iglesia de «Las Carboneras»

 

Exposición en el Coro bajo

Entre estas reliquias están:

– Un rústico taburete y una cruz de leño que se guardan habitualmente en la celda de la fundadora, en el piso alto, cuya ventana se ve sobre el coro.


Desde ese espacio, conocido como la tribuna, se contempla toda la iglesia y especialmente el sagrario; sor Beatriz de las Llagas -como se hizo llamar en religión- pasaba largos ratos en oración y noches de vigilia.

– Licencia del cardenal arzobispo de Toledo, don Bernardo de Sandoval y Rojas, autorizando la fundación a la condesa de Castellar de un monasterio de monjas recoletas de la Orden de San Jerónimo. Fechado el 20 de septiembre de 1605. Aquí, en un atril, se muestra una copia facsímil.

– Relicario de la Santa Espina, compuesto por una cruz de cristal de roca, que a su vez se halla dentro de una artística hornacina en madera tallada y dorada. Esta reliquia procede del monasterio de San Francisco de Olivas de Bruselas y fue autorizada la concesión a este monasterio por el papa Clemente VIII. Hasta 1960, la Santa Espina se daba a venerar a los fieles el martes de pasión.

– Retrato yacente de Sor Beatriz de las Llagas, óleo del siglo XVII, de indudable calidad, se ubica en el coro, haciendo pareja con el retrato de su hija, sor Juana del Corpus Christi, priora del monasterio. La comunidad jerónima ha recordado siempre a su fundadora, y en el coro hay una tradición de dejar libre el lugar que ocupaba durante el rezo del oficio divino.

– Cuadro de Cristo con la cruz a cuestas, formó parte del legado que el padre Jerónimo Gracián, amigo y confesor de doña Beatriz, dejó en su testamento para la condesa junto con cartas de santa Teresa. Es un óleo sobre tabla anónimo, aunque ha sido atribuido a Luis de Morales por don Elías Tormo, y más recientemente se ha relacionado con modelos de Sebastiano del Piombo. El cuadro, con magnífico marco barroco, lleva en su reverso una leyenda que asegura que perteneció a la santa abulense.

– Una gran lauda de madera, encargada por su hija sor Juana del Corpus Christi, lleva una inscripción en honor a su madre y la leyenda enumera las fundaciones, virtudes y caridad de tan gran dama.

Nos queda por mencionar dos obras actuales realizadas para esta exposición, una es un busto femenino de una monja con la toca o rostrillo de color blanco sobre el que llevan el velo, y la otra pieza es un cuadro con una recreación de una religiosa jerónima que representa a doña Beatriz en su madurez.

La muestra es una oportunidad para conocer mejor la historia de este monasterio y estará abierta hasta finales de noviembre de 2026.

Texto y fotos : Vicente Benítez Blanco

 

Bibliografía:

BENÍTEZ BLANCO, Vicente

«Evocación de la santidad: los relicarios del monasterio del Corpus Christi, vulgo «Las Carboneras». Actas del Simposium El culto a los santos: cofradías, devoción, fiestas y arte. Instituto Escurialense de Investigaciones Histórico Artísticas, núm. 26. San Lorenzo del Escorial, 2008. pp.740-757.

Monasterio del Corpus Christi «Las Carboneras» IV centenario 1605-2005. Madrid, 2023. 2ª edición.

 

 

 

 

 

 

Los orígenes del Canal de Isabel II se remontan a la construcción del embalse del Pontón de la Oliva.  El día 11 de agosto de 1851 fue colocada la primera piedra de la presa de donde habían de partir las aguas que debían abastecer a Madrid. Después de años de trabajo y muchas dificultades sufridas, por fin el 24 de junio de 1858 tuvo lugar la inauguración de la llegada del agua del río Lozoya a Madrid, desde el Pontón de la Oliva hasta el hoy llamado Primer Depósito del Campo de Guardias situado en la actual calle de Bravo Murillo.

Tres años después, debido a la creciente necesidad de agua en Madrid, se proyectó la construcción del segundo. El Segundo Depósito o Depósito Mayor se comenzó a construir en 1865, entre las calles de Bravo Murillo y Santa Engracia.

A finales del siglo XIX la población en Madrid seguía creciendo y la necesidad de agua aumentaba; se decidió la construcción de un Tercer Depósito, aún mayor que los dos anteriores, al noroeste del Primer Depósito.

Paralelamente entre 1907 y 1911 se levantó el Primer Depósito Elevado, entre la calle de Santa Engracia y el Depósito Mayor. La ciudad crecía con rapidez, sobre todo por el norte, y los edificios eran cada vez más altos, por lo que el agua no llegaba a todas las casas fácilmente por gravedad; surgió la necesidad de crear centrales de bombeo y depósitos elevados. En la actualidad alberga la magnífica Sala de Exposiciones Canal de Isabel II.

Posteriormente se construyó el Cuarto Depósito, subterráneo, bajo la superficie de la plaza de Castilla -que esperamos poder visitar en otro momento-, y el Segundo Depósito Elevado.

Los ingenieros Francisco Parella, Antonio Renedo Fornos y Álvaro Bielza proyectaron la construcción de una Central Elevadora y el Segundo Depósito Elevado.

Aunque las obras comenzaron en los años 30 fueron interrumpidas por la guerra.

Montaje de la ferralla del fondo del vaso y pared lateral del segundo depósito elevado. Memoria de Canales del Lozoya (fecha publicación 1937)

 

Segundo depósito elevado. Foto Fundación Canal Isabel II.

La gran estructura de hormigón fue inaugurada en 1952.

Foto Fundación Canal Isabel II

En el año 2000 Gerardo Salvador Molezún y José Ramón Menéndez de Luarca proyectaron la remodelación y rehabilitación de la Central Elevadora para acoger la Fundación del Canal de Isabel II, que allí continúa.

Fundación Canal Isabel II

Junto al edificio de la Fundación, el Depósito Elevado, normalmente cerrado, estos días nos ofrece la posibilidad de conocer su interior.

Con motivo de la celebración de los 175 años del Canal de Isabel II y los 25 de la Fundación, esta presenta la videoinstalación «Volver a mirar», de Rosa Muñoz.

Rosa Muñoz. Volver a mirar.

La videoinstalación ubicada en el centro del depósito nos invita a contemplar en cuatro pantallas la arquitectura del depósito combinada con imágenes del agua y juegos de luz.

La escalera de subida al depósito es espectacular.

Segundo Depósito Elevado Canal Isabel II

 

Segundo Depósito Elevado Canal Isabel II

Hasta el 25 de octubre se puede ver la videoinstalación Volver a mirar, en el Canal de Isabel II, calle Mateo Inurria, 2. Y, de forma excepcional, acceder al interior de esta construcción singular que forma parte del patrimonio hidráulico y arquitectónico de Madrid.

Como dice la historiadora del arte Carmen Fernández, estamos inmersos en un «espacio circular que invita al silencio y a la contemplación, icono y testigo de una de las intervenciones del ser humano en la naturaleza para guardar la fuente vital de la vida… una mirada cuyo propósito es poner de relieve la importancia, belleza y monumentalidad de este lugar».

Por: Mercedes Gómez

Cuando hace unos años visitamos la Capilla de San Miguel en el Monasterio de Pedralbes, Barcelona, después de más de diez cerrada al público pudimos admirar, tras un largo proceso de restauración, las extraordinarias pinturas murales de carácter italianizante atribuidas al artista Ferrer Bassa.

Las pinturas fueron encargadas por la segunda abadesa del monasterio, Francesca ça Portella, sobrina de la reina Elisenda de Montcada, cuarta esposa del rey Jaime II de Aragón. En 1343 Ferrer Bassa firmó un contrato; fueron realizadas en 1345.

Capilla de San Miguel. Monasterio de Pedralbes.

Capilla de San Miguel. Monasterio de Pedralbes.

Hay que actualizar el antiguo artículo gracias a la información obtenida en la exposición que actualmente se puede visitar en el Museo del Prado, A la manera de Italia. España y el Gótico mediterráneo (1320-1420).

Su comisario es Joan Molina, Jefe de Colección de pintura europea hasta 1500, también autor de los textos del Catálogo que acompaña la muestra.

Joan Molina. Catálogo «A la manera de Italia». Museo del Prado, Madrid, 2026.

En el Catálogo Joan Molina se refiere a «la tradicional atribución a Ferrer Bassa» como autor de los frescos de la Capilla de San Miguel de Pedralbes. Pero el análisis de las pinturas le llevan a afirmar que su autor fue el pintor de origen italiano Maestro de Pedralbes, antes llamado Maestro de la Cruz de Mombaroccio.

Las razones que expone son el gran dominio de la técnica al fresco que se aprecia y que era poco practicada por los maestros catalanes, además de las inscripciones en italiano que se ven junto a las figuras de los santos.

Ferrer Bassa había firmado el contrato en 1343, pero tres años después renunció. Entonces un maestro italiano pudo hacerse cargo, probablemente como decíamos, el llamado Maestro de la Cruz de Mombaroccio, hoy conocido como Maestro de Pedralbes.

Por: Mercedes Gómez

Hoy día 15 de agosto celebramos el Día de la Virgen de la Paloma, imagen presente en muchas iglesias de Madrid.

Se trata de pinturas y esculturas cuyo origen e inspiración se encuentra en la escultura de Nuestra Señora de la Soledad, de Gaspar Becerra del siglo XVI, que estaba en el Convento de la Victoria en la Puerta del Sol.

Ntra. Sra. de la Soledad. Fototeca IPCE, Mº Cultura.

Una de mis preferidas es la pintura de Nuestra Señora de la Soledad, del siglo XVII, que se guarda en la Capilla del Humilladero de la calle Fuencarral.

Otra pintura del siglo XVII es la que adorna uno de los retablos de la iglesia de las Góngoras.

El Museo del Prado posee una Virgen de la Soledad atribuida a Sabastián Herrera Barnuevo (h. 1665), no expuesta actualmente pero que pudimos ver el año pasado en la espectacular exposición «Darse la mano».

(Atrib.) Sebastián Herrera Barnuevo (h.1665). (Foto Museo del Prado).

En la iglesia más antigua de Madrid, San Nicolás de los Servitas, se encuentra una imagen de la Soledad datada entre los siglos XVII-XVIII, restaurada recientemente por la Comunidad de Madrid.

Virgen de la Soledad, en San Nicolás (Foto Comunidad de Madrid)

En la parroquia de la Sagrada Familia, en el antiguo Camino de la Fuente del Berro, hoy calle de los Peñascales, hay otra Virgen de la Soledad. La iglesia es de 1946, la pintura no lo se (de momento).

Virgen de la Soledad, en la parroquia de la Sagrada Familia.

No todo son pinturas, también hay esculturas de la Virgen de la Soledad, como la del Monasterio de la Encarnación (desconozco la fecha de creación).

Virgen de la Soledad, en el Monasterio de la Encarnación.

En la iglesia de las Calatravas contemplamos una obra de Juan Pascual de Mena, del siglo XVIII, imagen que suele salir en procesión en Semana Santa.

Obra de Juan Pascual de Mena en las Calatravas.

Otra escultura se encuentra en la Colegiata de San Isidro, más moderna, del siglo XIX.

Virgen de la Soledad, en la Colegiata de San Isidro. Sg. XIX.

Y para terminar, la pintura más famosa y querida popularmente se encuentra en la iglesia de la Virgen de la Paloma, que hoy celebra su fiesta.

(Foto Parroquia Virgen de la Paloma)

¡Feliz día de la Paloma!

Mercedes

 

 

 

En el Museo del Prado, la imponente escultura Ariadna dormida ha sido trasladada provisionalmente de la sala 74 a la 47, en la entrada principal, junto a la Puerta de Velázquez.

Estará aquí durante unos meses, hasta octubre, mientras se reforma su sala que va a estar dedicada a la colección de la reina Cristina de Suecia de la que formaba parte, según cuenta Manuel Arias, jefe de la colección de escultura clásica, en uno de los últimos directos del museo en Instagram.

Ariadna dormida. Anónimo, taller romano, siglo II d.C. Museo del Prado.

Ariadna era la hija del rey Minos y de la reina Pasífae, princesa de la isla de Creta. La escultura esculpida en mármol blanco en un taller romano, entre los años 150-175, copia del original griego creado trescientos años antes, representa a Ariadna triste, dormida sobre las playas de Naxos, después de que Teseo la abandonara, donde Dioniso la encuentra y la convierte en su esposa.

En su sala habitual estaba rodeada de ocho estatuas todas ellas procedentes de talleres romanos, copias de originales griegos.

Una de ellas es la figura de Dioniso, que se enamoró de Ariadna cuando la encontró dormida en la playa.

Dioniso, protagonista de numerosas aventuras en su vida en la tierra, aparece como un dios desnudo representado con su don, el vino. De autor anónimo, la obra fue esculpida en mármol blanco hacia el año 150. Se trata de una de las esculturas de mitos griegos adquiridas por Velázquez en su segundo viaje a Italia, en 1653. De la colección de Felipe IV, ubicada en el Alcázar, pasó en 1794 al Palacio Real.

Dioniso, anónimo, taller romano, siglo II d.C. (Foto: Museo del Prado).

Hacia 1630 Velázquez pintó su obra maestra Vista del jardín de la Villa Medici de Roma con la estatua de Ariadna.

Velázquez. «Vista del jardín de la Villa Medici de Roma con la estatua de Ariadna». (Foto Museo del Prado).

La figura apenas esbozada representa la escultura que en 1787 fue al Palazzo Pitti y luego al Museo Arqueológico en Florencia.

Velázquez. «Vista del jardín de la Villa Medici de Roma con la estatua de Ariadna» (detalle). Museo del Prado.

Por entonces ya se conocían dos réplicas de la escultura, ubicadas en Roma. Una pertenecía a la mencionada colección de Cristina de Suecia, enviada a España en 1724, adquirida por Felipe V. Lo demuestra la marca, el aspa, que se aprecia en la arena de la playa sobre la que yace Ariadna, que se diferenciaba de la marca de su esposa la reina Isabel de Farnesio, la flor de lis.

Es la réplica que ingresó en el Prado en 1830 y hoy visitamos.

La otra se encontraba en el Vaticano y allí continúa.

A don Diego Velázquez, en Italia, parece que le gustó mucho la bella Ariadna pues después de verla y pintarla en Villa Medici, cómo no podía traer el original desde Florencia a la Corte, se trajo un vaciado en yeso que felizmente podemos seguir contemplando en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Es uno de los treinta y cinco vaciados que Velázquez trajo de Italia, de los que se conservan siete pues el resto se perdió en el incendio del Alcázar en Madrid en 1734.

Ariadna dormida. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Foto: Arte en Madrid, 2022)

Por: Mercedes Gómez

Uno de los ejemplos más bonitos y valiosos que tenemos en Madrid de la cerámica de Enrique Guijo es la famosa Farmacia de los Laboratorios de Especialidades Juanse, situada en la calle de San Andrés esquina con la de San Vicente.

Como vimos cuando hablamos aquí del Arte urbano, en esos últimos años del siglo XIX y sobre todo primeras décadas del XX, la cerámica fue un recurso tradicional en Madrid, aplicado a la arquitectura. Lo encontramos en las fachadas de muchas construcciones, algunas monumentales, y en muchos comercios, en tabernas, en antiguas hueverías, peluquerías… y en farmacias.

Como también conocimos al recordar a Enrique Guijo, inquieto de todo arte…, algunas escenas están firmadas por el pintor Mardomingo y en otras aparece la firma del taller, E. Guijo. Mayor 80.

En una de las cenefas de las bellas cerámicas se indica la fecha de 1892-1925, el año de fundación de la farmacia y el de la creación de los azulejos publicitarios.

Hacia 1917 su dueño era don Juan José García Rodríguez Juanse, que se hizo famoso por sus preparaciones Juanses, sus jarabes y reconstituyentes. La farmacia era conocida como la Farmacia de Maravillas, nombre del barrio.

El local, que en alguna ocasión también se anunció en la prensa, comunicaba que su propietario el Licenciado Juan José García Rodríguez lo había dotado de todo lo más moderno y que sus especialidades competían con las mejores del extranjero.

Cincuenta años después, en 1967 la familia García Rodríguez traspasó el establecimiento a la familia Roquero Lozano, en cuyas manos permaneció hasta el verano de 2013, según el Colegio General de Colegios Farmacéuticos de España.

Así, en 2012 aún estaba abierta al público, regentada por los nuevos dueños. En la esquina, en la parte superior, el nombre del anterior propietario, Juan José García Rodríguez, había sido tapado, sustituido por unos azulejos verdes.

Farmacia Juanse, 2012

La creativa fachada anuncia todos los productos que allí se elaboraban y solían dispensar. Para el dolor de muelas, fumables inofensivos, jarabe balsámico, diarretil Juanse…

Farmacia Juanse, 2012

Como escribió Natacha Seseña en su libro «El azulejo en el comercio de Madrid», estos anuncios que se mueven entre el costumbrismo y la propaganda… son un testimonio documental que comienza a ser histórico… hoy ya lo es, a los cien años de su nacimiento.

En años posteriores a su creación muchas cosas cambiaron.

Después de la guerra, en 1939 la azulejería desapareció, se eliminaron estos elementos de las fachadas, pues las tiendas comenzaron a sufrir un impuesto sobre publicidad exterior, de forma que las portadas se taparon con yeso o pintura. Desaparecida la tasa, en los años 60 muchas de ellas se recuperaron, como fue el caso de nuestra farmacia.

En diciembre de 1966 el fotógrafo Gerardo Contreras realizó un reportaje que guarda el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. En la esquina aún aparecía el nombre del propietario García Rodríguez que al año siguiente traspasaría el negocio como vimos.

Gerardo Contreras, 1966 (ARCM)

Aunque ya se habían recuperado los azulejos, en algunas imágenes se aprecia cómo aún aparecen ocultas partes de los anuncios y letreros, tapados con pintura.

Gerardo Contreras, 1966 (ARCM)

 

Gerardo Contreras, 1966 (ARCM)

Pero no solo su exterior tiene valor, también lo tenía su interior.

Farmacia de Maravillas, La Ilustración Universal, 1923.

Después de su cierre la farmacia se convirtió en un café bar. Se conservaron elementos, que están protegidos. Algunos de ellos se pueden reconocer observando la fotografía antigua. A la izquierda se ve la estantería con sus arcos, antes ocupada con medicamentos, en esos momentos con plantas y botellas de vino.

Lo más interesante al ver la foto es comprobar que el antiguo mostrador de madera con sus figuras escultóricas allí continuaba.

Poco después el bar cerró. En el exterior cada año crecía el maltrato y los pintarrajeos.

En los inicios de este año 2026 el edificio estaba en obras de rehabilitación, al parecer con destino a pisos turísticos y/o negocios similares.

En algún momento, más de cien años después, los azulejos se han limpiado y se han recuperado los que en la esquina indicaban la antigua propiedad, la de García Rodríguez, Juanse.

Farmacia Juanse, febrero 2026

Veremos qué le depara el futuro a la Farmacia de Maravillas.

Farmacia Juanse, febrero 2026

Por: Mercedes Gómez

 

 

Fernando Brambila nació en Lombardía, Italia, en 1763. Se dedicó a pintar desde muy joven. Estudió en la Academia Brera de Bellas Artes en Milán, donde aprendió diseño ornamental y decoración especializada en vistas arquitectónicas y donde llegaría a ser profesor. Al parecer, trabajó además como escenógrafo para el teatro de La Escala.

Joven, con 28 años, en 1791 fue contratado para participar en la expedición Malaspina, viaje con objetivo científico que había sido propuesto al rey Carlos III en 1788 con el fin de ampliar el conocimiento geográfico, natural y etnográfico de América, Asia y Oceanía. En él participaron científicos de todas las disciplinas y artistas encargados de dibujar y pintar lugares y especies de todo tipo. Durante el viaje Brambila realizó numerosos dibujos, vistas de gran valor documental. Regresó a Madrid en 1794.

En 1799 fue nombrado Pintor, Arquitecto y Adornista de su Real Cámara. Pocos meses después se casó con Josefa Tami, hija de un aparejador de las obras reales. En 1802 nació su hija Antonia.

Se dedicó a la pintura decorativa y escenográfica.

Tras el primer asedio de las tropas francesas en 1808 fue a Zaragoza junto al pintor Juan Gálvez para realizar una serie de estampas calcográficas de las ruinas de Zaragoza. Los grabados muestran la devastación y contribuyeron a crear una visión heroica de la ciudad cuyos edificios fueron víctimas de la barbarie, como también lo fueron sus habitantes. Su técnica del grabado era extraordinaria.

Ambos permanecieron en Zaragoza entre 1808 y 1813 donde lograron continuar con el grabado de las planchas y concluir el proyecto, hasta que tuvieron que huir pues las tropas napoleónicas avanzaban.

En 1814 fue nombrado director de la Sala de Perspectiva de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Realizó algunos grabados como pintor de cámara e intervino como decorador en varias edificaciones de recreo en el palacete de la Moncloa y en los jardines del Buen Retiro.

Tarjeta de visita. Casa Reservada de S. M. en el Real Sitio del Buen Retiro, Brambila y Blas Ametller, h. 1819-1833, Patrimonio Nacional.

En el terreno teórico, escribió un Tratado de principios elementales de perspectiva, publicado en 1817 por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Pero su gran obra llegó entre 1821 y 1833  cuando recibió al encargo del rey Fernando VII para realizar las Vistas de los Reales Sitios.

Este tipo de vistas topográficas o vedute fueron muy frecuentes en Europa en esta época. Eran diferentes a los meros paisajes, ya que se centraban sobre todo en representaciones arquitectónicas. Era un tipo de pintura que ya había sido desarrollada en el siglo XVIII por algunos artistas, y en el XVII Giuseppe Leonardo, Félix Castello, Pedro Núñez del Valle y Juan de la Corte ya habían representado los Reales Sitios.

El conjunto de vistas de los Reales Sitios fue un grandísimo proyecto que consistió en un total de noventa y cinco pinturas al óleo destinadas a adornar pequeñas salas en las casas de campo del rey. El pintor se trasladaba a todas las localidades que debía representar.

Las primeras vistas fueron las del Real Sitio de San Ildefonso, entre 1821 y 1822. También pintó los alrededores, incluyendo algunos sitios singulares de la zona como Boca de Asno en Valsaín, zona del río Valsaín, hoy llamado río Eresma.

Vista del río Valsaín tomada en el paraje Boca del Asno (Fernando Brambila, 1821-22). Detalle.

El grupo más numeroso de cuadros fue el de las fuentes de los Jardines. Para estos cuadros se cree contó con la ayuda de Rafael Tegeo, que también estaba en La Granja en esos años.

Después, entre 1822 y 1827 trabajó en El Escorial. Además de los grandes paisajes, pintó el interior del monasterio.

En las vistas del Real Sitio de Aranjuez, así como en otras vistas, llama la atención la presencia de los visitantes en los jardines, dibujando figuras que ilustran muy bien las escenas.

Vista del embarcadero en el Jardín del Príncipe (Fernando Brambila, 1826-1831). Detalle.

En cuanto a las vistas de Madrid, Brambila pintó el Palacio Real, el Buen Retiro…

Vista del río con parte de Madrid y Real Palacio (Fernando Brambila, 1829-1833).

Todos los detalles de esta pintura son una magnífica representación del Madrid de la época, el contraste entre el Palacio y las lavanderas junto al río.

Vista del río con parte de Madrid y Real Palacio (Fernando Brambila, 1829-1833). Detalle.

… y también pintó otros lugares significativos de la Villa, como el Museo del Prado.

Vista del Real Museo de Pintura de Madrid (Fernando Brambila, 1829-34).

 

Vista del Real Museo de Pintura de Madrid (Fernando Brambila, 1829-34). Detalle.

Todos los cuadros son óleos sobre lienzo y se exponen con marcos de la época.

Fernando Brambila murió en enero de 1834, en Madrid. En su testamento nombró a su hija Antonia heredera universal de sus bienes. En un certificado de la iglesia de San Martín se lee que Fernando Brambila, de setenta y un años de edad, pintor de cámara de Su Majestad, “falleció en veinte y tres de enero de 1834”, en su domicilio en la calle madrileña de Amaniel.

Algunas de las pinturas fueron terminadas por otros pintores, Juan José Othón, José María Avrial y Manuel Miranda.

Esta magnífica colección de los Reales Sitios fue publicada entre 1832 y 1835 por el Real Establecimiento Litográfico, las Vistas de los Sitios Reales litografiadas por orden del Rey de España. Cada lugar era ensalzado por algún aspecto, Aranjuez por su vegetación frondosa, La Granja por las fuentes y El Escorial por la calidad de la piedra de su arquitectura. Después se incorporaron las vistas de Madrid.

Vista de la Puerta de San Vicente, 1832, litografía iluminada. Colección de las Vistas de los Sitios Reales, Real Establecimiento Litográfico.

Otros artistas continuaron con el trabajo de Fernando Brambila, como el citado José María Avrial, a quien ya conocimos aquí.

La exposición Fernando Brambila, pintor de los Reales Sitios, se puede visitar en la Galería de las Colecciones Reales, hasta el próximo 12 de octubre.

Por: Mercedes Gómez

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Fuentes:

RODRÍGUEZ MARCO, Isabel María. Fernando Brambila, pintor de los Reales Sitios. Patrimonio Nacional, Madrid 2026.

Fernando Brambila y Ferrari. Real Academia de la Historia.

Fernando Brambila. Instituto de Estudios Madrileños.

 

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