Todas somos como tú Todas hemos experimentado lo que has vivido, aunque no fuese exactamente de manera igual. Todas hemos sentido miedo; nos hemos visto en un punto
donde no sabemos qué hacer por tener la mente en blanco. Uno de los sucesos más difíciles y
traumáticos que puede experimentar una mujer es ser violada, agredida u oprimida, pero la
sociedad, al parecer, cada vez lo ve menos importante. El patriarcado sigue teniendo una gran
influencia en nuestra sociedad. Nuestros derechos cada vez son arrebatados, nuestras vidas
controladas y nuestras voces silenciadas. Por el gran poder del patriarcado, a la sociedad ya
se le ha impuesto establecer límites directos a las mujeres, cuando se debe hacer en ambos
sexos por igual. Cuando salgo a la calle, me establecen límites en donde tengo que ver qué
me pongo, la hora a la que llego y en qué lugares me ubico. Por otro lado, ningún hombre
comparte mis mismas preocupaciones cuando sale, ¿y eso por qué? La razón es clara: estos
límites se han construido alrededor del comportamiento de quienes ejercen la violencia, pero
terminan recayendo sobre las mujeres. No debería ser nuestra responsabilidad cambiar
nuestra ropa, limitar nuestros horarios o modificar los lugares a los que deseamos ir para
evitar convertirnos en víctimas de una agresión. La responsabilidad debería recaer sobre
quien decide ejercer la violencia. También debemos cuestionar la manera en que educamos a
las nuevas generaciones. Desde pequeños debemos enseñar respeto, consentimiento, límites y
responsabilidad, para que nadie crezca creyendo que tiene derecho sobre el cuerpo o la
voluntad de otra persona. No niego que un hombre también pueda ser víctima de violencia,
esta puede afectar a cualquier persona, pero si comparamos las veces en las que a un hombre
le tienen que decir qué ponerse para no verse “provocativo” o “sensual”, dirían que son muy
escasas. La diferencia demuestra que estas restricciones no son naturales: han sido
construidas alrededor de lo que se espera que una mujer haga para mantenerse a salvo. Con todo lo que he dicho, creo que mi punto hacia ti Jane Doe, mujer fuerte, valiente y capaz, es
que no debemos permitir que el miedo controle nuestras vidas. Es lógico sentirlo, después de
experimentar algo así, pero también podemos enfrentarlo y transformarlo en un escudo de
guerra. Vamos a logar vivir en una sociedad donde el patriarcado no nos imponga miedo, y
luchemos contra ellos para lograr esa libertad que, por ley y obligación, debemos tener. (FE)
Los 7 de Cornell
El caso de los siete de Cornell ha provocado muchas discusiones por la denuncia de una
joven contra siete antiguos miembros de una fraternidad y por los mensajes de un chat
relacionados con lo ocurrido. Al enterarme, pensé en lo fácil que algunas personas pueden hablar
de una mujer sin tomar en serio lo que ella quiere. Esa forma de verla choca con lo que aprendí
en mi casa. Si tengo que explicar por qué no me identifico con esa mentalidad, tengo que
empezar por las personas que me criaron.
En mi vida, la mayoría de las figuras adultas han sido mujeres. Mis dos tías, mis abuelas
y muchas tías por parte de papi estuvieron presentes mientras crecía; aunque tengo un abuelo,
fueron ellas quienes tuvieron más influencia en mi crianza. Sus consejos y la relación que he
tenido con ellas me enseñaron a escuchar y a reconocer que cada persona merece decidir por sí
misma. Por eso me cuesta entender cómo alguien puede mirar a una mujer y pensar solo en lo
que quiere obtener de ella. Las mujeres de mi familia han sido personas importantes en mi vida,
y el valor que aprendí a reconocer en ellas también debo reconocerlo en cualquier otra mujer.
Mi familia, sin embargo, no ha estado libre de experiencias difíciles. Ha habido esposos
que maltrataron a sus parejas, que abandonaron a sus familias o que fueron infieles. Son
situaciones distintas, pero conocerlas me ha hecho pensar en el daño que una persona puede
causar cuando deja de considerar los sentimientos de los demás. En el caso del maltrato y la
violencia sexual, ese daño incluso puede afectar la salud física y emocional durante mucho
tiempo. En vez de aceptar esas historias como algo que simplemente pasa, es deber aprender de
ellas y decidir de otra manera en mis propias relaciones. Yo no soy de los de Cornell. Para mí, esa frase significa que no voy a tratar a una mujer
como si su cuerpo o sus decisiones le pertenecieran a otra persona. La comunicación y el
consentimiento son esenciales porque nadie debería tener que adivinar si la otra persona quiere
estar en una situación íntima. Estar en una fiesta, sentir atracción por alguien o tener confianza
previa no da permiso para ignorar sus límites. Mucho menos se puede aprovechar un momento
en el que esa persona no está en condiciones de decidir libremente. Así entiendo yo el respeto
que me enseñaron en mi casa. También pienso en el papel que tienen los amigos cuando alguien hace un comentario cruel o trata una agresión como si fuera un chiste. En un grupo es fácil reírse para no quedar mal,
pero esa reacción ayuda a que se siga hablando de las mujeres de esa forma. Saber reconocer una
situación de riesgo, decir que algo está mal y buscar ayuda cuando hace falta son maneras
concretas de intervenir. Yo no quisiera que la presión de otros hombres me hiciera callar ante
algo que va en contra de mis principios. Mis valores también cuentan cuando estoy con mis
amigos, no solamente cuando hablo de mi familia.
Todo esto me lleva a mi conclusión: mi crianza me dio una base, pero ahora me toca a mí
decidir qué hacer con ella y cómo reflejarla en mis hijos. Haber crecido rodeado de mujeres me
enseñó a valorarlas, y las experiencias difíciles de mi familia me recordaron lo que puede pasar
cuando se pierde la consideración hacia otra persona. Por eso rechazo la violencia sexual y las
excusas que se usan para minimizarla. Quiero que esa postura se note en la manera en que trato a
las mujeres, en las decisiones que tomo y en lo que estoy dispuesto a decir cuando otros cruzan
la línea. (IMG)
¿Hombre o cómplice?
¿Qué tipo de persona ve que una mujer está siendo maltratada y decide quedarse en
silencio? El caso del chat de Cornell demuestra cómo un grupo de hombres puede llegar a perder
el respeto y la sensibilidad hacia una mujer, hasta el punto de tratarla como si fuera un objeto y
no una persona. Al conocer lo ocurrido, es inevitable preguntarme qué lleva a una persona a
participar en una situación como esa y, sobre todo, qué haría yo si estuviera en su lugar. Mi
respuesta está relacionada con la manera en que fui criado, los valores que aprendí en mi hogar y
la visión que tengo sobre lo que realmente significa ser un hombre y como una mujer merece ser
tratada.
En octubre de 2024, una joven regresaba a su residencia dentro de una universidad
acompañada por un supuesto amigo, miembro de una fraternidad de Cornell. Según las
alegaciones, este joven y otro miembro de la fraternidad la presionaron para que inhalara una
sustancia descrita como ketamina. Luego de esto, comenzaron a abusar sexualmente de ella
mientras se encontraba en un estado en el que no tenía control sobre sí misma y, según se alega,
nunca dio su consentimiento. Durante lo ocurrido, uno de los hombres presuntamente publicó un
mensaje en el grupo de Snapchat de la fraternidad, llamado “Chi Phi Actives”, con el propósito
de animar a otros miembros a unirse. Posteriormente, otros integrantes entraron a la habitación y,
según la demanda, continuaron presionándola para que consumiera más ketamina y agrediéndola
durante varias horas. En total, siete hombres fueron señalados como participantes en la presunta
agresión.
Al conocer un caso como este, inevitablemente pienso en la clase de hombre que soy y en
los valores que mi familia ha sembrado en mí. Crecí rodeado de mujeres, mi mamá, mi tía, mis
hermanas y mis primas. Ellas no solo me han enseñado a respetar, cuidar y valorar a una mujer,
sino que también me demostraron que la dignidad de una persona nunca depende de su género,
su posición social ni de la opinión de los demás. Gracias a ese ejemplo, comprendí que ser
hombre no consiste en imponerse, dominar o demostrar superioridad, sino en tener el carácter
suficiente para hacer lo correcto, en todos los momentos especialmente cuando nadie está
mirando o cuando hacerlo implica enfrentarse a los propios amigos.
Para mí, la hombría no se mide por la cantidad de mujeres que puedo conquistar ni por la
aprobación de otros hombres. Se demuestra en la manera en que trato a quienes son más
vulnerables, en la responsabilidad con la que asumo mis decisiones y en el valor que tengo para
poner límites cuando algo está mal. Un hombre verdaderamente fuerte no necesita humillar,
presionar ni aprovecharse de una mujer para sentirse importante. Al contrario, entiende que la
verdadera fuerza se manifiesta en el dominio propio, la empatía, la honestidad y la capacidad de
proteger sin poseer, corregir sin humillar y amar sin hacer daño. Mi familia me enseñó que
permanecer callado ante una injusticia puede convertirse en una forma de complicidad.
En conclusión, estos valores no solo definen quién soy, sino que también guían la manera
en que actuaría ante una situación como la ocurrida en la fraternidad de Cornell. Si presenciara
una injusticia como esta, no permanecería callado, buscaría ayuda y defendería a la persona
afectada, incluso si eso implicara enfrentarme a mis propios amigos. Para mí, ser un buen
hombre significa mucho más que evitar hacer el mal, significa tener el valor de hacer lo correcto
cuando realmente importa. Esa es la clase de hombre que mi familia me enseñó a ser, y siempre
estaré agradecido por haber crecido rodeado de personas que me enseñaron que el respeto y la
empatía no solo se expresan con palabras, sino que se demuestran con nuestras acciones. (APM)
Cosas que me gustaría poder hacer como mujer
Ser mujer es algo de lo que me siento orgullosa. Las mujeres hemos logrado muchas cosas a través de los años y hoy tenemos oportunidades que antes no existían. Podemos estudiar, trabajar, tener una profesión, practicar deportes, viajar y tomar nuestras propias decisiones. Sin embargo, todavía existen algunas situaciones en las que siento que los hombres tienen más libertad que las mujeres. No necesariamente porque exista una regla que diga que una mujer no puede hacerlo, sino porque muchas veces la sociedad, la seguridad y las expectativas hacen que sea más difícil para nosotras.
Una de las cosas que me encantaría poder hacer es salir sola de noche sin sentir miedo. Un hombre puede caminar solo por la calle, salir de una fiesta o llegar tarde a su casa sin pensar tanto en quién está detrás de él o si alguien lo está siguiendo. Como mujer, muchas veces tengo que estar pendiente de mi alrededor, compartir mi ubicación, caminar acompañada o llamar a alguien para avisar que llegué bien. Me gustaría poder disfrutar de la misma tranquilidad y no tener que pensar constantemente en mi seguridad.
También me gustaría poder viajar sola a cualquier lugar sin tener tantas preocupaciones. Aunque una mujer puede viajar sola, muchas veces tenemos que investigar si el lugar es seguro, evitar ciertas áreas y pensar cuidadosamente en dónde nos vamos a quedar. Me encantaría simplemente comprar un boleto, preparar una maleta y conocer un lugar nuevo sin sentir que
estoy tomando un riesgo mayor por ser mujer. Creo que viajar sola puede ser una experiencia de
independencia y crecimiento personal que todas las personas deberían poder disfrutar con la
misma libertad. Otra situación que he observado es la diferencia en cómo se juzga a una mujer cuando
expresa sus opiniones. Cuando un hombre habla con seguridad y defiende lo que piensa, muchas
veces es considerado una persona fuerte o con liderazgo. Sin embargo, cuando una mujer hace lo
mismo, algunas personas pueden decir que es mandona, difícil o que tiene una actitud fuerte. Me
gustaría que las mujeres pudiéramos expresarnos con confianza sin preocuparnos por recibir una
crítica diferente simplemente por nuestro género.
También pienso en cosas más simples de la vida diaria. Por ejemplo, poder vestirme
como quiera sin pensar si alguien va a interpretar mi ropa de una manera incorrecta. Muchas
mujeres sienten que deben pensar en cómo se ven, cómo se sientan, cómo hablan y hasta cómo
reaccionan para evitar comentarios o críticas. Los hombres también reciben críticas, pero siento
que las mujeres enfrentamos una presión mayor relacionada con nuestra apariencia y nuestro
comportamiento.
Para mí, la igualdad no significa que hombres y mujeres tengan que ser exactamente
iguales. Significa que ambos deberían tener la oportunidad de vivir, tomar decisiones y alcanzar
sus metas sin que su género determine lo que pueden o no pueden hacer. Muchas de las cosas
que mencioné técnicamente sí las puedo hacer como mujer, pero no siempre puedo hacerlas con
la misma tranquilidad, seguridad o libertad que un hombre. (VVP)












