Cartas a Jane Doe

Todas somos como tú Todas hemos experimentado lo que has vivido, aunque no fuese exactamente de manera igual. Todas hemos sentido miedo; nos hemos visto en un punto
donde no sabemos qué hacer por tener la mente en blanco. Uno de los sucesos más difíciles y
traumáticos que puede experimentar una mujer es ser violada, agredida u oprimida, pero la
sociedad, al parecer, cada vez lo ve menos importante. El patriarcado sigue teniendo una gran
influencia en nuestra sociedad. Nuestros derechos cada vez son arrebatados, nuestras vidas
controladas y nuestras voces silenciadas. Por el gran poder del patriarcado, a la sociedad ya
se le ha impuesto establecer límites directos a las mujeres, cuando se debe hacer en ambos
sexos por igual. Cuando salgo a la calle, me establecen límites en donde tengo que ver qué
me pongo, la hora a la que llego y en qué lugares me ubico. Por otro lado, ningún hombre
comparte mis mismas preocupaciones cuando sale, ¿y eso por qué? La razón es clara: estos
límites se han construido alrededor del comportamiento de quienes ejercen la violencia, pero
terminan recayendo sobre las mujeres. No debería ser nuestra responsabilidad cambiar
nuestra ropa, limitar nuestros horarios o modificar los lugares a los que deseamos ir para
evitar convertirnos en víctimas de una agresión. La responsabilidad debería recaer sobre
quien decide ejercer la violencia. También debemos cuestionar la manera en que educamos a
las nuevas generaciones. Desde pequeños debemos enseñar respeto, consentimiento, límites y
responsabilidad, para que nadie crezca creyendo que tiene derecho sobre el cuerpo o la
voluntad de otra persona. No niego que un hombre también pueda ser víctima de violencia,
esta puede afectar a cualquier persona, pero si comparamos las veces en las que a un hombre
le tienen que decir qué ponerse para no verse “provocativo” o “sensual”, dirían que son muy
escasas. La diferencia demuestra que estas restricciones no son naturales: han sido
construidas alrededor de lo que se espera que una mujer haga para mantenerse a salvo. Con todo lo que he dicho, creo que mi punto hacia ti Jane Doe, mujer fuerte, valiente y capaz, es
que no debemos permitir que el miedo controle nuestras vidas. Es lógico sentirlo, después de
experimentar algo así, pero también podemos enfrentarlo y transformarlo en un escudo de
guerra. Vamos a logar vivir en una sociedad donde el patriarcado no nos imponga miedo, y
luchemos contra ellos para lograr esa libertad que, por ley y obligación, debemos tener. (FE)


Los 7 de Cornell

El caso de los siete de Cornell ha provocado muchas discusiones por la denuncia de una
joven contra siete antiguos miembros de una fraternidad y por los mensajes de un chat
relacionados con lo ocurrido. Al enterarme, pensé en lo fácil que algunas personas pueden hablar
de una mujer sin tomar en serio lo que ella quiere. Esa forma de verla choca con lo que aprendí
en mi casa. Si tengo que explicar por qué no me identifico con esa mentalidad, tengo que
empezar por las personas que me criaron.

En mi vida, la mayoría de las figuras adultas han sido mujeres. Mis dos tías, mis abuelas
y muchas tías por parte de papi estuvieron presentes mientras crecía; aunque tengo un abuelo,
fueron ellas quienes tuvieron más influencia en mi crianza. Sus consejos y la relación que he
tenido con ellas me enseñaron a escuchar y a reconocer que cada persona merece decidir por sí
misma. Por eso me cuesta entender cómo alguien puede mirar a una mujer y pensar solo en lo
que quiere obtener de ella. Las mujeres de mi familia han sido personas importantes en mi vida,
y el valor que aprendí a reconocer en ellas también debo reconocerlo en cualquier otra mujer.

Mi familia, sin embargo, no ha estado libre de experiencias difíciles. Ha habido esposos
que maltrataron a sus parejas, que abandonaron a sus familias o que fueron infieles. Son
situaciones distintas, pero conocerlas me ha hecho pensar en el daño que una persona puede
causar cuando deja de considerar los sentimientos de los demás. En el caso del maltrato y la
violencia sexual, ese daño incluso puede afectar la salud física y emocional durante mucho
tiempo. En vez de aceptar esas historias como algo que simplemente pasa, es deber aprender de
ellas y decidir de otra manera en mis propias relaciones. Yo no soy de los de Cornell. Para mí, esa frase significa que no voy a tratar a una mujer
como si su cuerpo o sus decisiones le pertenecieran a otra persona. La comunicación y el
consentimiento son esenciales porque nadie debería tener que adivinar si la otra persona quiere
estar en una situación íntima. Estar en una fiesta, sentir atracción por alguien o tener confianza
previa no da permiso para ignorar sus límites. Mucho menos se puede aprovechar un momento
en el que esa persona no está en condiciones de decidir libremente. Así entiendo yo el respeto
que me enseñaron en mi casa. También pienso en el papel que tienen los amigos cuando alguien hace un comentario cruel o trata una agresión como si fuera un chiste. En un grupo es fácil reírse para no quedar mal,
pero esa reacción ayuda a que se siga hablando de las mujeres de esa forma. Saber reconocer una
situación de riesgo, decir que algo está mal y buscar ayuda cuando hace falta son maneras
concretas de intervenir. Yo no quisiera que la presión de otros hombres me hiciera callar ante
algo que va en contra de mis principios. Mis valores también cuentan cuando estoy con mis
amigos, no solamente cuando hablo de mi familia.

Todo esto me lleva a mi conclusión: mi crianza me dio una base, pero ahora me toca a mí
decidir qué hacer con ella y cómo reflejarla en mis hijos. Haber crecido rodeado de mujeres me
enseñó a valorarlas, y las experiencias difíciles de mi familia me recordaron lo que puede pasar
cuando se pierde la consideración hacia otra persona. Por eso rechazo la violencia sexual y las
excusas que se usan para minimizarla. Quiero que esa postura se note en la manera en que trato a
las mujeres, en las decisiones que tomo y en lo que estoy dispuesto a decir cuando otros cruzan
la línea. (IMG)


¿Hombre o cómplice?

¿Qué tipo de persona ve que una mujer está siendo maltratada y decide quedarse en
silencio? El caso del chat de Cornell demuestra cómo un grupo de hombres puede llegar a perder
el respeto y la sensibilidad hacia una mujer, hasta el punto de tratarla como si fuera un objeto y
no una persona. Al conocer lo ocurrido, es inevitable preguntarme qué lleva a una persona a
participar en una situación como esa y, sobre todo, qué haría yo si estuviera en su lugar. Mi
respuesta está relacionada con la manera en que fui criado, los valores que aprendí en mi hogar y
la visión que tengo sobre lo que realmente significa ser un hombre y como una mujer merece ser
tratada.

En octubre de 2024, una joven regresaba a su residencia dentro de una universidad
acompañada por un supuesto amigo, miembro de una fraternidad de Cornell. Según las
alegaciones, este joven y otro miembro de la fraternidad la presionaron para que inhalara una
sustancia descrita como ketamina. Luego de esto, comenzaron a abusar sexualmente de ella
mientras se encontraba en un estado en el que no tenía control sobre sí misma y, según se alega,
nunca dio su consentimiento. Durante lo ocurrido, uno de los hombres presuntamente publicó un
mensaje en el grupo de Snapchat de la fraternidad, llamado “Chi Phi Actives”, con el propósito
de animar a otros miembros a unirse. Posteriormente, otros integrantes entraron a la habitación y,
según la demanda, continuaron presionándola para que consumiera más ketamina y agrediéndola
durante varias horas. En total, siete hombres fueron señalados como participantes en la presunta
agresión.

Al conocer un caso como este, inevitablemente pienso en la clase de hombre que soy y en
los valores que mi familia ha sembrado en mí. Crecí rodeado de mujeres, mi mamá, mi tía, mis
hermanas y mis primas. Ellas no solo me han enseñado a respetar, cuidar y valorar a una mujer,
sino que también me demostraron que la dignidad de una persona nunca depende de su género,
su posición social ni de la opinión de los demás. Gracias a ese ejemplo, comprendí que ser
hombre no consiste en imponerse, dominar o demostrar superioridad, sino en tener el carácter
suficiente para hacer lo correcto, en todos los momentos especialmente cuando nadie está
mirando o cuando hacerlo implica enfrentarse a los propios amigos.

Para mí, la hombría no se mide por la cantidad de mujeres que puedo conquistar ni por la
aprobación de otros hombres. Se demuestra en la manera en que trato a quienes son más
vulnerables, en la responsabilidad con la que asumo mis decisiones y en el valor que tengo para
poner límites cuando algo está mal. Un hombre verdaderamente fuerte no necesita humillar,
presionar ni aprovecharse de una mujer para sentirse importante. Al contrario, entiende que la
verdadera fuerza se manifiesta en el dominio propio, la empatía, la honestidad y la capacidad de
proteger sin poseer, corregir sin humillar y amar sin hacer daño. Mi familia me enseñó que
permanecer callado ante una injusticia puede convertirse en una forma de complicidad.

En conclusión, estos valores no solo definen quién soy, sino que también guían la manera
en que actuaría ante una situación como la ocurrida en la fraternidad de Cornell. Si presenciara
una injusticia como esta, no permanecería callado, buscaría ayuda y defendería a la persona
afectada, incluso si eso implicara enfrentarme a mis propios amigos. Para mí, ser un buen
hombre significa mucho más que evitar hacer el mal, significa tener el valor de hacer lo correcto
cuando realmente importa. Esa es la clase de hombre que mi familia me enseñó a ser, y siempre
estaré agradecido por haber crecido rodeado de personas que me enseñaron que el respeto y la
empatía no solo se expresan con palabras, sino que se demuestran con nuestras acciones. (APM)


Cosas que me gustaría poder hacer como mujer

Ser mujer es algo de lo que me siento orgullosa. Las mujeres hemos logrado muchas cosas a través de los años y hoy tenemos oportunidades que antes no existían. Podemos estudiar, trabajar, tener una profesión, practicar deportes, viajar y tomar nuestras propias decisiones. Sin embargo, todavía existen algunas situaciones en las que siento que los hombres tienen más libertad que las mujeres. No necesariamente porque exista una regla que diga que una mujer no puede hacerlo, sino porque muchas veces la sociedad, la seguridad y las expectativas hacen que sea más difícil para nosotras.
Una de las cosas que me encantaría poder hacer es salir sola de noche sin sentir miedo. Un hombre puede caminar solo por la calle, salir de una fiesta o llegar tarde a su casa sin pensar tanto en quién está detrás de él o si alguien lo está siguiendo. Como mujer, muchas veces tengo que estar pendiente de mi alrededor, compartir mi ubicación, caminar acompañada o llamar a alguien para avisar que llegué bien. Me gustaría poder disfrutar de la misma tranquilidad y no tener que pensar constantemente en mi seguridad.
También me gustaría poder viajar sola a cualquier lugar sin tener tantas preocupaciones. Aunque una mujer puede viajar sola, muchas veces tenemos que investigar si el lugar es seguro, evitar ciertas áreas y pensar cuidadosamente en dónde nos vamos a quedar. Me encantaría simplemente comprar un boleto, preparar una maleta y conocer un lugar nuevo sin sentir que
estoy tomando un riesgo mayor por ser mujer. Creo que viajar sola puede ser una experiencia de
independencia y crecimiento personal que todas las personas deberían poder disfrutar con la
misma libertad. Otra situación que he observado es la diferencia en cómo se juzga a una mujer cuando
expresa sus opiniones. Cuando un hombre habla con seguridad y defiende lo que piensa, muchas
veces es considerado una persona fuerte o con liderazgo. Sin embargo, cuando una mujer hace lo
mismo, algunas personas pueden decir que es mandona, difícil o que tiene una actitud fuerte. Me
gustaría que las mujeres pudiéramos expresarnos con confianza sin preocuparnos por recibir una
crítica diferente simplemente por nuestro género.
También pienso en cosas más simples de la vida diaria. Por ejemplo, poder vestirme
como quiera sin pensar si alguien va a interpretar mi ropa de una manera incorrecta. Muchas
mujeres sienten que deben pensar en cómo se ven, cómo se sientan, cómo hablan y hasta cómo
reaccionan para evitar comentarios o críticas. Los hombres también reciben críticas, pero siento
que las mujeres enfrentamos una presión mayor relacionada con nuestra apariencia y nuestro
comportamiento.
Para mí, la igualdad no significa que hombres y mujeres tengan que ser exactamente
iguales. Significa que ambos deberían tener la oportunidad de vivir, tomar decisiones y alcanzar
sus metas sin que su género determine lo que pueden o no pueden hacer. Muchas de las cosas
que mencioné técnicamente sí las puedo hacer como mujer, pero no siempre puedo hacerlas con
la misma tranquilidad, seguridad o libertad que un hombre. (VVP)


A propósito de lo sucedido en Cornell (reacciones de un grupo de jóvenes en forma de ensayo o carta reflexiva)

Les presento este pequeño espacio para quienes quieran saber la reacción de otros jóvenes universitarios sobre la violación en manada de una joven de 20 años en la prestigiosa Cornell. Son momentos reflexivos en forma de ensayo o de una carta a Jane Doe o a sus hijas o en cualquier combinación. Algunos de estos jóvenes

El mundo que quiero para mi hija

                                                                                                                                                                Serlo todo al mismo tiempo…

Recientemente, lo que ocurrió en Cornell University es una situación muy seria. Una estudiante denunció haber sido víctima de una agresión sexual en una fraternidad. El caso volvió a llamar la atención porque se cuestionó cómo fue manejada la situación y si la estudiante recibió el apoyo necesario. Para mí, este caso demuestra que nadie debería sentirse inseguro en un lugar donde se supone que está estudiando para preparar su futuro. También demuestra la importancia de escuchar y tomar en serio a las personas cuando cuentan que han pasado por algo difícil.

Esta situación me hace pensar en cómo quisiera que traten a mi futura hija. Yo quisiera que ella siempre fuera tratada con respeto, sin importar cómo se vista, dónde esté o con quién se encuentre. Quisiera enseñarle que su cuerpo le pertenece y que nadie tiene derecho a tocarla o hacerle algo que ella no quiera. También quiero que sepa que puede decir que no y que su decisión siempre debe ser respetada. Si algún día mi hija pasa por una situación difícil, quisiera que tuviera personas a su alrededor que la escucharan y la apoyaran. Que pudiera hablar conmigo sin tener el miedo de ser juzgada o de que no le crean. Espero que las escuelas y universidades tomen este tipo de situaciones en serio y hagan todo lo posible para proteger a las personas afectadas. Toda persona merece sentirse segura y saber que puede recibir ayuda cuando lo necesite.

En conclusión, lo que ocurrió en Cornell me hace pensar en el futuro que quiero para mi hija. No puedo controlar todo lo que pueda pasar, pero sí puedo enseñarle, desde pequeña, el valor del respeto, la dignidad y el amor propio. Quiero que crezca en un mundo donde sea escuchada, respetada y protegida. Sobre todo, quiero que pueda vivir una vida en paz y que nunca piense que algo malo que alguien le hizo fue culpa de ella. (Richard)


La crianza y los valores que agradezco

Serlo todo a un mismo tiempo
Eugenio María de Hostos

Lamentablemente, estos días se dio a conocer una noticia súper desagradable sobre una universidad prestigiosa de Estados Unidos llamada Cornell. Una joven denunció que, en octubre de 2024, siete estudiantes de la fraternidad Chi Phi la violaron durante horas. Según su denuncia, la presionaron para consumir alcohol y drogas hasta quedar incapacitada para consentir. También se dieron a conocer mensajes de un grupo de la fraternidad en los que presuntamente invitaban a otros a participar. Me cuesta entender cómo alguien puede hacer algo así y cómo otros pueden enterarse sin hacer nada para ayudar. La respuesta de la universidad también causó indignación. Aunque Cornell informó que hubo expulsiones y suspensiones, muchas personas cuestionan si las medidas fueron suficientes.

Estoy agradecido por la educación y la crianza que tuve. Me educaron de la manera correcta, porque cuando me enteré de esta noticia no podía creer que de verdad hubiera pasado algo así. Me pregunto qué tipo de valores aprendieron estos estudiantes y cómo pudieron actuar de esa manera. Por eso agradezco los valores que me enseñaron y que trato de practicar todos los días: ser respetuoso, amable, honesto y empático, entre otros. Tener buenos valores me ha ayudado a crecer siendo una buena persona y a entender que debemos respetar a los demás.

Si algún día tengo una hija, no quisiera que le pasara algo así nunca. Ojalá pudiera andar por la calle sin que nadie la mire de manera desagradable ni le diga cosas que la hagan sentir incómoda. Quisiera que pudiera ir a un garaje de gasolina y sentirse tranquila. Incluso en las gomeras, quisiera que recibiera un trato profesional y respetuoso, porque algunas mujeres evitan esos lugares por las experiencias que han tenido. Quisiera que mi hija viviera en un mundo en el que no tuviera que preocuparse por cómo está vestida o si es muy tarde para salir. También quisiera enseñarle buenos valores y que tuviera la confianza de contar conmigo si necesitara ayuda. Quisiera que viviera en paz.

Una situación como la que denuncia esta joven nunca debió haber ocurrido. Cada acción tiene consecuencias, y pienso que, si se comprueban estas acusaciones, las sanciones de la universidad no serían suficientes. Hay personas que quieren hasta quitarles la vida a los acusados, pero yo no pienso de esa manera. Sí creo que quienes sean responsables deben recibir sus castigos, pero esos castigos los debe determinar un juez en el tribunal. Espero que esta situación no se quede así y que la atención que ha recibido ayude a que se investigue a fondo y se haga justicia para esa joven. (DM)

El significado del hogar en nuestras acciones

Hablar de lo que pasó en la Universidad de Cornell no es fácil, pero es necesario para entender cómo nuestras acciones afectan a los demás. En la zona de Campbell ocurrió algo muy feo: un grupo de siete hombres abusó de una mujer y, además, mandaron un mensaje que decía «free pussy» como si no estuvieran haciendo nada malo. Esto no solo causó un dolor enorme, sino que nos demostró lo peligroso que es cuando a las personas no les importa el sufrimiento de otros. Lo que pasó se fue contando de persona en persona y dejó marcas muy tristes. Aunque después se hicieron acuerdos poco consecuentes y reuniones, la gente sigue muy molesta. Todo esto nos hace pensar en qué estamos fallando como sociedad al ver como una situación así no lleva a consecuencias justas respecto al acto.

Cuando pasan cosas tan tristes como esta, es normal ponernos a pensar en el lugar donde crecimos. La crianza que nos dan nuestros padres y nuestros abuelos es la base de cómo nos comportamos en la vida. En la casa es donde aprendemos las cosas más importantes, como tratar bien a la gente, ser respetuosos y cuidar a los demás. A veces los abuelos nos consienten más y nos dejan pasar algunas cosas, pero las reglas básicas de respeto nunca se deben olvidar. Lo que nos enseñan en casa de pequeños es lo que nos guía cuando salimos a la calle.

Por eso, cuando alguien hace algo que lastima a otra persona sin ningún remordimiento, uno se pregunta qué le enseñaron en su casa. Se dice mucho que nos parecemos a los amigos que tenemos, pero la verdad es que somos el reflejo de lo que vivimos en nuestro hogar. El ambiente de la casa nos cambia mucho. Lo que los padres dejan pasar o ven como algo normal termina siendo la manera en que los hijos se portan en la calle. Si en la casa no se enseña a respetar a los demás con el ejemplo, es muy fácil que un joven crezca sin importarle el dolor ajeno.

En conclusión, debemos entender que la educación no solo se trata de ir a la escuela o de sacar un título universitario. Para evitar que cosas tan horribles como lo de Cornell vuelvan a pasar, hay que entender que cada persona lleva consigo lo que aprendió en su casa. Formar buenas personas es un trabajo que deben hacer juntos los padres y la comunidad todos los días. Solo si nos preocupamos por criar hijos con respeto y amor hacia los demás, podremos tener un mundo más seguro donde este tipo de abusos no vuelvan a ocurrir. (Xiaoyan)


Querida hija:

Los recientes casos de violencia sexual me han hecho reflexionar sobre una realidad que muchas mujeres como tú todavía no enfrentan, y es el miedo de no poder vivir libremente. Uno de los casos que más me hizo reflexionar ocurrió en la Universidad Cornell. Según las noticias, una exestudiante presentó una demanda en la que alegó haber sido víctima de una agresión sexual por parte de varios estudiantes de una fraternidad en 2024. Al conocer esta noticia, pensé en ti y en el mundo en el que quiero que crezcas. No quiero que algún día tengas miedo de estudiar, viajar, salir con tus amigos o simplemente disfrutar de tu vida por temor a que alguien pueda hacerte daño.

Considero importante hablar de los impulsos, porque algunas personas pueden utilizarlos como excusa para justificar conductas dañinas. Todos podemos tener pensamientos, deseos o emociones, pero eso no significa que debamos actuar sobre ellos. Desde que eras pequeña quise enseñarte que tener fuerza nunca significa dominar a otra persona. El respeto significa escuchar, aceptar un “no” y reconocer los límites de los demás. Te he enseñado a cuidarte y a reconocer situaciones peligrosas, pero no quiero que toda la responsabilidad recaiga sobre ti. No es justo que tengamos que enseñarles únicamente a nuestras hijas cómo evitar el peligro. También debemos enseñarles a nuestros hijos a respetar, a controlar sus acciones y a nunca convertirse en quienes generan ese peligro.

Hija, mi mayor deseo es que puedas vivir con libertad. Quiero que puedas viajar, estudiar, hacer amigos, conocer lugares nuevos y cumplir tus sueños sin sentir que tienes que limitarte por miedo. Y, sobre todo, quiero que recuerdes que, si alguien algún día decide hacerte daño, nunca será tu culpa. Quiero criarte con valores, respeto y amor para que puedas reconocer tu propio valor y también respetar el de los demás. Deseo que las futuras generaciones puedan crecer en un mundo donde ninguna niña tenga que aprender a vivir con miedo.

Con todo mi amor, Mamá.


La injusticia de este mundo

Los acontecimientos ocurridos en la Universidad de Cornell nos llevan a reflexionar sobre la
injusticia, la violencia y la falta de protección que muchas personas pueden experimentar. Este
caso resulta especialmente preocupante porque demuestra que, aun cuando una persona busca
ayuda y confía en quienes tienen la responsabilidad de protegerla, el sistema puede fallarle. A
partir de esta situación, es importante cuestionarnos qué tan efectiva es la justicia y qué cambios
son necesarios para que todas las personas, especialmente las mujeres, puedan sentirse seguras,
respetadas y escuchadas. Lo ocurrido en la Universidad de Cornell, una universidad de élite, fue una desgracia. Son
eventos por los cuales ninguna mujer debería pasar. Pero lo peor de todo fue cómo las personas
que se supone que la protegían no hicieron nada al respecto. No le ofrecieron ayuda cuando lo
necesitó y no hicieron una sentencia justa para esos malhechores.

Este acontecimiento fue horrible y nos mostró la crueldad, la injusticia y la corrupción que
hay en nuestro sistema. Lo que no sabemos es cómo ejercer la justicia. Nos enseñaron que hay
personas corruptas que están dejando libres a los responsables después de haber hecho daño a
una dama. Como un joven de 18 años que forma parte de la comunidad LGBT+ y que también viene
de una crianza con mayormente mujeres en su vida, escuchar sobre este suceso fue horripilante.
No solo por lo escuchado sobre el suceso, sino que también te abre más los ojos al mundo que
vivimos: uno corrupto y lleno de maldad. ¿Por qué la cantidad de criminales libres aumenta y peor aún, muchos de ellos están en elpoder?

Algunos son jueces, presidentes de organizaciones y son parte del jurado o hasta el
mismo presidente de los Estados Unidos. Vivimos en una era en donde el crimen es alto y ya no
puedes salir de tu casa con seguridad, pero es peor si eres mujer.

En mi persona, si tuviera una hija, quisiera que ella pueda ir por la vida como ella quiera,
que sea feliz. No me gustaría que ella no fuera oprimida, o que viva con miedo de los atroces que
ocurren en el mundo. Pero lamentablemente este mundo es cruel y las personas que tienen el
poder son peor todavía. Pero al menos mientras ella esté conmigo me aseguraré de que mi niña no sea testigo de
esos horrores. También me aseguraré de que, cuando crezca, sea una mujer fuerte y empoderada,
que no se deje dominar por nadie, que sepa defenderse y enfrentar, con todo el mal que está
ocurriendo. Me gustaría decir que es un mundo justo para todos los habitantes de este pero
lamentablemente no lo es. Es una injusticia porque los únicos protegidos por sus reglas son los
ricos. Esa es la mayor injusticia no porque seas hombre sígnica que estes asalvo lo que pasa es que la mujer el resto del mundo la certifico como débil por siglos pero ella son las mas cercanas
a dios. Ya que ellas son las que traen vida a este mundo. Lo único que espero es que el futuro sea
uno de igualdad para todos. JCR


Respeto 

Serlo todo a un mismo tiempo (Eugenio María de Hostos)

La situación en Cornell University es una tragedia que nunca debió haber pasado. Es una falta de respeto, consideración y una falta de educación. El coraje de decir que leyó el «mood» bien cuando una mujer fue drogada en contra de su voluntad. Además, lastimarla por siete horas continuas y tener el atrevimiento de avisar a otras personas es una decadencia total de humanidad.  

Los adultos impulsivos involucrados no han sido penalizados lo suficiente. La universidad no quiso expulsarlos porque era una penalización muy extrema. La falta de educación que parece que a ellos no les enseñaron, el respeto que las mujeres se merecen. Desde chiquito me enseñaron a respetar absolutamente a todos, en especial a las mujeres y menos ponerle un dedo encima con mala intención. Yo vengo de una familia que comprende de primera mano lo que es el abuso, por eso me dieron énfasis en el respeto. 

Por otro lado, la universidad tomó una mala decisión en no expulsar a esos estudiantes. Ellos deben ser penalizados sin piedad ninguna. Deben marcarlos con una mancha de vergüenza como en la novela » The Scarlet Letter» , de Nathaniel Hawthorne. Yo crecí en una familia cristiana y aprendí que esa decisión se debe dejar a Dios porque él es el juez perfecto. Pero, yo nunca he pasado por esa situación y estoy más que seguro que mi opinión será diferente al sufrir por eso. 

Esta tragedia demuestra una falta de humanidad, consideración y educación moral. Las personas incluidas deben de ser responsabilizados, marcados para que se queden avergonzados para siempre. Yo fui criado para tener una buena educación y me enseñaron a tener moral y a cómo mantenerla. En síntesis, deben ser penalizados, reeducados y avergonzados. (UDR) 


Otra Mas

Serlo todo a un mismo tiempo (Eugenio María de Hostos)

Es lamentable ver lo que sucede en el mundo. Que con un simple ensayo es suficiente para
poder perdonar un acto de violencia. Cuando será que la conciencia del ser humano será
suficiente para distinguir el bien del mal y del mal que hacen para que paguen por sus actos.
Cuantas noticias tienen que salir a la luz para que le den un castigo. Con que cara pueden mirar a
sus modelos ejemplar si sentir bochorno ni asco por lo que hicieron.

En estas semanas se dio un caso reciente donde 7 asquerosos, porque la palabra hombre no se
pueden describir, en un frat house drogaron y violaron a una mujer por 7 horas seguidas
tomándose turnos. Y su castigo fue expulsar a 2 y los otros 5 hacer un ensayo de lo que hicieron
mal. Cuando llegará el día, en cual una persona que haga el mal pague su delito, sin mirar el
prestigio de la universidad y tratar de esconderlo para que no se dañe la imagen de la universidad
ni la de los violadores. Cómo es posible que con tanta evidencia una simple expulsión y escribir
un simple ensayo es suficiente para que paguen por sus consecuencias. ¿Cuál es el mensaje que
le estamos llevando a nuestros futuros jóvenes? Que hagan las cosas y con una palmadita en el hombro es suficiente para poder seguir viviendo como si nada grave hubiese pasado.

¿Cómo es posible que hagan algo tan inhumano? ¿Es posible que hagan eso y no piensen en
féminas ejemplares que les hayan impactado de forma positiva? ¿Qué piensan que a sus féminas
ejemplares algún día no le puede suceder lo mismo? Después del descaro que hicieron con qué
cara podrán mirar a familiares y decir todo está bien. ¿Como seria tu futuro si algún día tuviese
una hija propia? Qué valor tendrías para hablarle, acercarte, compartir con ella y no desearle el
mal que tu cargas. Acaso tienes un botón de “on y off” que decide cuando tener emociones Porque yo te aseguró que en mi casa si me enseñaron valores no sé si a ti también te los ensañaron,
pero supongo que en la vida se decide aplicarlos. Si algún día tuviese una hija no quisiera que nada
malo le pasara; cómo ustedes podrían mirarla y compartir con ella.

En conclusión, lo que sucedió en “Cornell University” fue un acto de inhumano. Esto no
solo refleja los valores que se aprende si no también si decidimos nosotros aplicarlos en la vida.
Los montablemente 7 esqueros decidieron cometer un acto de violación por muchas horas sin
que tuvieran un precio justo a pagar por sus actos. Estos también demuestran como la
Universidad demuestra lo frágil que es al no darle un castigo suficiente para que aprendan hacer
humanos y saber que todo acto que uno hace tiene consecuencias. En estos momentos no sé
cómo podrán ver a esas féminas ejemplares y seguir con la cabeza en alto y si algún día tuviesen
una hija cómo harían para poder compartir con ella. (YOL)



                Valores    

En octubre de 2024, en la Universidad de Cornell ocurrió algo trágico. Una estudiante fue violada y maltratada por siete personas del mismo sexo que yo. Esto es algo completamente inaceptable. Sin embargo, de una cosa estoy seguro: gracias a los valores que me han enseñado mis padres, mis abuelos y mis amistades cercanas, yo jamás sería capaz de hacer algo como eso.

En primer lugar, desde una edad temprana mi madre siempre me ha enseñado el respeto hacia todas las personas, ya sean mujeres u hombres, maestros, estudiantes o cualquier otra persona. Cada vez que salgo con mi novia, ella siempre me dice: “Respeta como siempre te he enseñado”. Al principio no le prestaba mucha atención a esas palabras, pero al ver cada vez más casos y ejemplos de personas que actúan de manera tan cruel, le agradezco por haberme inculcado esos valores desde pequeño. Asimismo, puedo decir que mis padres me enseñaron que siempre hay que tener amabilidad, ya que si no somos amables y compasivos, no pensamos en cómo la otra persona puede sentirse. Si todos fuéramos más empáticos y considerados, muchas situaciones dolorosas podrían evitarse. Según mis creencias, una persona amable jamás llegaría a cometer algo tan inhumano.

También, mis amistades y mi novia me han enseñado mucho sobre lo importante que es tratar a una mujer de la manera correcta. Primero que todo, siendo honesto y aceptando las consecuencias de los propios errores. Además, creo que es fundamental ver a la mujer y al hombre como iguales, ya que ambos merecen el mismo respeto y dignidad. Cuando veo noticias sobre situaciones de abuso, siempre trato de imaginar cómo se sentiría alguien cercano a mí pasando por algo parecido. Eso me hace reflexionar aún más sobre la importancia de actuar con respeto, empatía y responsabilidad en todo momento. No basta con saber lo que está bien; también debemos demostrarlo con nuestras acciones diarias y defender esos valores cuando vemos que otras personas no los respetan.

Estos puntos me llevan a algo extremadamente importante. Si algún día tuviera una hija, nunca me gustaría que alguien la tratara de la manera en que esa estudiante fue tratada. Pensar en esa posibilidad me hace comprender aún más el dolor y el sufrimiento que estas acciones causan. Todas las personas merecen sentirse seguras, respetadas y valoradas, sin importar quiénes sean. Por eso considero que la educación, los valores familiares y el respeto hacia los demás son fundamentales para construir una sociedad mejor.

En conclusión, los valores que recibimos de nuestra familia, amistades y personas cercanas influyen en la manera en que tratamos a los demás. El respeto, la empatía y la igualdad son principios esenciales que todos debemos practicar cada día. Casos como el ocurrido en Cornell University nos recuerdan la importancia de rechazar cualquier forma de violencia y de promover un trato digno hacia todas las personas. Solo a través de la educación y los buenos valores podremos contribuir a una sociedad más segura, justa y humana para todos. (Dalan Legend)


Cosas por las que una mujer vive con miedo

La mayoría de las veces no somos conscientes, o incluso llegamos a normalizar, el hecho de
que no podamos hacer ciertas cosas simplemente por ser mujeres. Con el tiempo hemos aceptado
como “normales” situaciones que jamás deberían serlo: salir de noche con miedo, evitar caminar
solas, pensar dos veces antes de usar la ropa que queremos. Y aun así, pocas personas se detienen a
reflexionar sobre cómo nos sentimos o por qué desde pequeñas nos enseñan a vivir con precaución,
alerta constante y, muchas veces, con temor.

Se habla de igualdad en el mundo, pero esa igualdad no es real. Todavía existen mujeres que
no pueden usar pantalón porque no se les permite. Todavía hay niñas que crecen escuchando que
deben comportarse “de cierta manera” para evitar ser juzgadas o atacadas. Eso no es igualdad; es
control disfrazado de tradición. También es injusto que se nos juzgue por usar una camisa de tirantes
o una falda, como si nuestra ropa fuera una invitación o un permiso para que otros satisfagan sus
deseos. Nosotras sabemos darnos nuestro lugar, pero aun así vivimos con el temor de que alguien
pueda aprovecharse de nuestra vulnerabilidad. Si yo tuviera una hija, viviría con el miedo constante
de que algo le suceda, de que le arrebaten su vida, su niñez, su inocencia, su felicidad y su seguridad.

Siempre nos han enseñado a no confiar, y si el mundo continúa así, es muy posible que en
diez años todo siga igual o incluso peor. No quiero que mi hija viva en un mundo donde la
preocupación y el miedo sean parte de su rutina diaria. Me angustiaría que saliera tarde, que caminara
sola, que tuviera que mirar a todos lados para sentirse segura. Ese no es un mundo ideal para una niña.
Un mundo ideal sería uno donde el acoso ya no exista, donde podamos caminar por las calles sin
miedo, sin sentirnos vigiladas, sin tener que justificar nuestra presencia. Queremos estar seguras de
que no vuelva a ocurrir lo que pasó en la universidad de Cornell, ni en ningún otro lugar. Aun así,
muchas familias siguen repitiendo la frase: “El hombre llega hasta donde la mujer le permite”. Pero
esa frase no siempre es cierta. Hay ocasiones en las que los hombres se aprovechan de la inocencia,
manipulan, engañan y usan palabras bonitas para conseguir lo que quieren. Por eso es tan importante
reconocer que la responsabilidad no recae únicamente en nosotras: el mundo necesita cambiar, y
necesita hacerlo ya.

La verdadera igualdad no se mide por leyes escritas, sino por la libertad real que una mujer
tiene para vivir sin miedo. No podemos seguir normalizando el peligro ni aceptando que la precaución
sea nuestra compañera permanente. El cambio comienza cuando dejamos de culpar a las mujeres por
lo que les sucede y empezamos a exigir que la sociedad entera asuma su responsabilidad. Solo así
podremos construir un futuro donde nuestras hijas crezcan libres, seguras y sin temor de existir. (PS)


 Lo que el miedo roba

              ¿Ser mujer dicen ser una bendición, pero hasta dónde llega esa bendición cuando somos limitadas a las cosas? Estar en constante alerta por miedo a lo que pueda ocurrir sin importar la hora. Desde pequeñas, nuestras madres nos han condicionado a cómo debemos portarnos alrededor de hombres que no comparten nuestra sangre, pero ¿eso debe ser normal? Indoctrinar a las niñas a taparse para que un hombre no la mire de cierta manera. En la Sociedad del presente, ser mujer es un castigo el cual pagamos diariamente con miedo hacia lo que un simple hombre nos pueda hacer.

            El placer de viajar sola como mujer es algo que ninguna puede experimentar por miedo, miedo a lo que nos pueda ocurrir. Caminar de noche sin pánico a que un hombre nos encuentre y cometa lo inimaginable. Tantas cosas que, gracias a los hombres jamás lograremos experimentar, por miedo constante al ser violadas. No poder utilizar la ropa que deseo por miedo a que miren de cierta forma la cual no es agradable. Aun así, tener que taparse por lo mismo, el miedo que brinda cierta atención.

Esta sociedad es asquerosa hacia las mujeres, sin llegaría a tener una hija jamás desearía que fuera testigo en un mundo donde no la respetan. Un lugar en el que tan siquiera pueda manejar a distintos lugares sola. Me encantaría brindar una hija a un mundo donde no tenga que preocuparse por lo antes mencionado. Donde no tenga que inculcar que no todos los hombres son buenos, y que siempre tenga cuidado. Desearía brindar una hija con un hombre el cual no tenga que preocuparme que mire a nuestra hija con ojos que no son de papa. Vivir en un mundo donde mi hija pueda vivir sin preocupación y miedo hacia los hombres y de lo que son capaces. Ser mujer es un castigo, cuando hay hombres como los que violaron a la mujer de Cornell. Ser mujer es un castigo cuando vivimos en sociedades igual de asquerosas que la de hoy en día. La cual no den vida en prisión por violar a una mujer. Ser mujer no es una bendición cuando estamos rodeadas por el mal. ¿Siempre demandan perfección de nosotras, pero cuando llegara el momento en donde lo exigen del hombre? Somos capaces de excelencia, aun así, estamos sometidas bajo la sombra de un hombre que indoctrina pánico. (YTQ)


Los valores que me forman

Serlo todo a un mismo tiempo…Eugenio María de Hostos

Desde pequeño, mi madre implementó una estructura de vida que me ayudó a formar la persona que soy hoy y me enseñó cómo debía comportarme. La obediencia y el respeto siempre fueron importantes en mi hogar. Siempre me enseñó que debía ser una persona agradecida y reconocer que quien soy hoy también se debe a las enseñanzas que recibí de ella.

Me decía: “Ayuda a tu prójimo, sé servicial y respétalo”. También me enseñó cómo tratar a una mujer, siempre con amor y respeto mutuo. Me enseñó cómo ser un buen hombre. Además, me enseñó que el mundo no es color de rosa y que habrá personas que me tratarán mal; sin embargo, eso no significa que yo deba dejar de ser una buena persona.

Gracias a mis valores y creencias, hasta el día de hoy me sorprendo de mi buena actitud. He sabido escoger mis amistades y soy una persona sabia en el sentido de saber escuchar los consejos de personas que ya han vivido muchas experiencias. Todas estas enseñanzas han formado mi carácter y continúan guiando la manera en que enfrento la vida y trato a las personas que me rodean. (GVP)


A los fraternos de Cornell (si se arrepienten y rehabilitan)

ENSÉÑALES A TUS HIJOS A SER HÉROES no villanos.

Enséñales que su natural fuerza mayor no se usa contra las niñas, adolescentes, mujeres, ni ancianas, ni contra ellos mismos. Aprende de tu culpa.

ENSÉÑALES A TUS HIJOS A SER HÉROES no villanos.

Enséñales a no sonreír ni a quedarse callados cuando se hable de la mujer como una presa de caza o vean que les dicen piropos sexualizados o cuenten historias de encuentros sexuales con ellas. Porque una buena persona no se jacta de la intimidad con otras personas.

ENSÉÑALES A TUS HIJOS A SER HÉROES no villanos.

Enséñales que no deben sentirse invitados a mastrbrse mentalmente por como una mujer esté vestida ni a acosarla ni a perseguirla ni a juzgarla ni a sujetarla ni a vio lar la. Porque cuando eres tú el que anda sin camisa y en cortos corriendo por ahí, lavando tu carro en el gym o haciendo lo que sea, ninguna mujer te está siguiendo, ni piropeando, ni llamándote pu to por andar por ahí en la calle con poca ropa, ni siguiéndote de noche cuando caminas solo ni se jacta de sus conquistas como un miserable Don Juan.

ENSÉÑALES A TUS HIJOS A SER HÉROES no villanos.

Enséñales tal como lo harás con tus hijas si las tienes o tendrás “Que si yo me entero que te dejaste preñar te boto a la calle.” Atrévete a decirle a tu hijo “Que si yo me entero que has sido cómplice, has abusado o acosado a una mujer, sin pena te llevo a la cárcel yo mismo y ahí te pudres, ahí te quedas.

ENSÉÑALES A TUS HIJOS A SER HÉROES, no villanos aunque contigo tu crianza haya fracasado.

Aprende de tu culpa.

(C) Iris Miranda2026


32do Certamen Literario de la Universidad Politécnica de Puerto Rico (el cartel)


Carta abierta a mis maestros

1 de marzo de 2026  Río Piedras, Puerto Rico                                                                                           

Carta abierta a mis Maestros

Ayer sábado, 28 de febrero de 2026, fui entrevistada por Wilkins Román Samot, periodista cultural del rotativo digital, El Post Antillano. En el pequeño marco temporal, hube de resumir mi vida cultural, mi formación intelectual, pero con omisiones propias del marco de los 59 minutos. Al llegar a mi hogar, una pregunta de mi entrevistador seguía vagando en mi cabeza. Cuáles eran los profesores que me formaron en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico y que no pude mencionar…

Me disculpo por la omisión y aquí los menciono a todos los que considero mi base: Gloria Marín, profesora que me dio español avanzado en la escuela superior Miguel de Cervantes Saavedra de Bayamón, educadora apasionada, culta y vivaz. Luego, entre el bachillerato y la maestría: Josemilio González, un mundo de sabiduría y disciplina; Jean Claude Bajeau, profesor haitiano con quien leí 1984 en 1984; Eduardo Forastieri, su enfoque filológico y “la monja” que no vimos pasar; el maravilloso crítico Luis Felipe Díaz (Lizza Fernanda), los Acevedo que no eran familia y a uno le decían el bueno y al otro le decían, el malo, Ramón Luis Acevedo y Federico Acevedo, todos, excelentes especialistas y forjadores de la crítica literaria. Y, claro, no puedo dejar de mencionar a los que me rebalsaron el corazón de poeta con sus enseñanzas: Félix Córdova Iturregui, Luce López Baralt y José Luis Vega. Clases inolvidables, íntegras, inspiradoras, libres: verdaderas luminarias culturales de los estudios hispánicos en Puerto Rico. Entrar a cada salón era entrar a un espacio sagrado.

Fui privilegiada en el aprendizaje de mi lengua materna desde el primer grado así como también en el desarrollo de mi conciencia poética, la que me continúa puliendo a través de los años y si bien el Departamento de Estudios Hispánicos está marcado para su eliminación por “falta de demanda”, con pasión lo expreso: A través de él, conocí a los maestros que hoy me forman y estoy perpetuamente agradecida por el enfoque de humildad que aprendí en sus aulas, porque no todo lo que parece, es, y el tiempo se encarga de filtrar lo que vale la pena que permanezca, a pesar de las mezquindades, vengan de donde vengan.

Hay lecciones que son fundamentales en los procesos de creación humana, lecciones que alimentan y enriquecen la pervivencia del alma de los pueblos. Renunciar a ellas, sería montarnos en la ola que no llega a su orilla y se destruye lejos en altamar.  

¡Gracias al Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, mi gran escuela!

Iris Miranda Santiago, Profesora Asociada, Universidad Politécnica de Puerto Rico


De celebraciones amorosas nacionales

En mi Puerto Rico, siempre celebramos los días de fiesta, pero rara vez por las razones que trae ese día, porque lo importante es compartir y festejar hasta un bautismo de muñecas con amigos o la familia. Y esto es amor.

Somos un país que transforma y convierte cualquier día de fiesta en un bembé o celebración. Ejemplo clásico, la Navidad, la que extendemos hasta después de las octavitas, y si por nosotros fuera, estaríamos todo el año con el «le, lo, lai» comiendo y llevando coquito y pasteles a nuestra gente, entre otros agasajos típicos.

A nosotros nos hace feliz el celebrar con la persona amada y con nuestra gente. Este es el espíritu que nos caracteriza como nación. Y como estamos enamorados de la vida, a pesar de los pesares, llega el próximo mes y ahí estamos, celebrando entre fiestas patronales que comenzaron en enero y continúan todo el año. Algunas personas, y lo confieso, amamos este mes de febrero por los chocolates. Amo los que doy y los que me regalan. Algunas personas aman el mes por las flores; otras, por las cosas simples o por el regalito de su pareja. En marzo, continuamos con el tema del amor, pero ya con un mes dedicado a la poesía. y a otras causas; pero, igual, es el amor y el amor a la búsqueda de las verdades del mundo. En abril, es el amor instrospectivo, el análisis de cómo ser buenas personas a través de la religiosidad. En mayo, es el amor a la figura materna. En junio, a la paterna. En julio, hay días de fiesta oficiales que también se aprovechan para estar en familia. porque ese es el amor que más valoramos. Y así estamos meses, demostrando cariño como gente enamorada de este rinconcito patrio.

Solo descansamos la celebración de actividades grandes en agosto, septiembre y octubre que son los meses más activos de la temporada ciclónica y aún ahí, asistimos al vecino cuando avisan fenómenos de este tipo. Y esto también es amor, empatía y buena voluntad hacia los demás.


No quito que haya quien no celebre por las razones que sea, ni quito que haya personas que no vivan enamoradas de nuestros mejores valores y costumbres y que caigan en comportamientos indiferentes o dañinos, como el consumismo exagerado o la violencia. A veces, me pregunto si son así por falta de chocolates o falta del amor bueno cuando crecían.


De mi parte, a mi familia, a mi familia extendida y a amigos del alma y del chilingui boricua, con mi taza de chocolate caliente en mano, esta noche friíta de febrero, celebro que los amo.


Abro los ojos y el cielo

El manto de nubes

un recuerdo que aún no es

una sábana telar

de niebla alta

que intenta coserle un paño

a la lágrima que escapará

de su cuerpo

hacia el cuerpo deseante

a

l

a

r

el corazón

volarlo alto

morder los cardinales

envolverse en sus caricias

sudarse en el vuelco de la brisa

y tragarnos este cielo.


Morir sin lágrimas

A la memoria de R. Good

Sin lágrimas

desaparecer como los estambres

de una flor de viento que ha sido un verso más

Uno intenso, profundo

como suspirada mariposa de metal,

engranaje líquido en un vuelo efímero.

(¡que nada asegure un viaje sin certezas!)

«Me iré a donde voy…»

celeste y cuántica

en la huella extasiada

en chasquido de labios evaporándose en la piel.

Celébrala póstuma en la semilla,

canto de ave territorial,

con el poema irreverente por su tierra.

Quema el resto de sus palabras

como si fueras un inmerecido soldado

ante lo incomprensible y lo bello

como si pudieras

ser la inteligencia de la estulticia

y borrar su nombre por siempre.

Como si quisieras así desaparecerla

del arte imborrable y sin lágrimas.


Luto de luces

Juan, ¿Cómo te va? Hace meses que no sé de ti.  Y así iniciábamos el diálogo como los buenos amigos que fuimos desde el preescolar hasta la universidad. Después, me casé con la perfecta de Inesita, la luz de mi vida, y él se fue a trabajar lejos y a estar con los amores que solo le provocaran una pasión desmedida. Siempre nos enviaba tarjetas postales con el mismo mensaje: La estoy pasando muy bien. Recuerdo que siempre nos invitaba a visitarlo y que cuando lo llamaba para confirmar la fecha, él se estaba mudando porque no soportaba al jefe de turno o había encontrado un mejor trabajo. La verdad hacía años que ya no nos comunicábamos y, con la tragedia encima, se me había olvidado llamarlo.

No sé cómo lo supo. Yo había salido un momento al frente a respirar, cuando se presentó. No me esperaba verlo en la funeraria. Entonces, nos abrazamos y me dio el pésame brevemente. El local está por cerrar las puertas. Él asintió y entró de inmediato a despedirse de Inesita. Yo me fumaba el último cigarrillo de la cajetilla. Segundos después lo escuché. 

Sus gemidos ahogados me paralizaron. Muchos escenarios se repetían en mi cabeza. Y no quise que viera que estaba a sus espaldas.

Salí sigilosamente: afuera apagaban las luces.

FIN


De mi jardín

Tengo un jardín

florido en mi cabeza

prueba de lo que soy

y siempre he sido

imagen perfumada

en lo vivido

con raíz enterrada en la rareza.

Tras cada tormenta

es cálido amparo

esa flor

que me acompaña lisonjera

como la mirada del amado

en primavera

inesperada en el fruto del presente

abierta semilla que canta

y seduce la tristeza.

tras la lluvia es mi sol, cálido amparo.