Y seguimos aquí.

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Cuando mis amigos y yo fundamos este blog, nuestra intención era reunir toda la información de interés en torno a África y hacerla asequible para los lectores de habla hispana y portuguesa.  Dentro de nuestros objetivos estaba crear un genuino interés en el continente africano a través de la formación de una audiencia, entre la que nosotros mismos nos incluíamos.  Partimos este blog para descubrir juntos aquel enorme continente que alguna vez estuvo unido al nuestro y que hasta ese entonces era un completo desconocido.

Hoy las cosas han cambiado para todos.  No me detendré a enumerar las causas, siendo la más reciente de todas, la irrupción de la IA, que ha vuelto casi absurdo el ejercicio compilatorio, así como también el ensayístico, ese que pretendimos alguna vez desarrollar aquí y que por cuestiones circunstanciales no pudo llevarse del todo a cabo.  Circunstancias de la vida adulta que hicieron imposible compatibilizar una actividad como esta, que requiere de una inversión de tiempo considerable.     

La pregunta que surge, inevitable, y que por cobardía o desidia he eludido durante largos años, dice acerca del sentido de continuar. ¿Por qué continuar? Continuar por simple porfía, por tratarse precisamente de un pasatiempo en extinción este de escribir textos que nadie lee. Pero, ¿Para qué? Para hacer presente que aún existimos, un par de sujetos que despilfarran su tiempo escribiendo textos que la AI podría generar en cosa de segundos. Para no permitir que nuestro cerebro se desentrene. Para no olvidar que alguna vez fuimos seres creativos. Para recordarnos que alguna vez tuvimos pasatiempos y que hasta eso nos han intentado arrebatar, con mucho éxito en la mayoría de los casos.

A día de hoy, alejada de Latinoamérica, he conocido de cerca la diáspora africana.  África dejó de ser ese continente inaccesible que me fascinaba y que añoraba descubrir.  Hoy veo de cerca la realidad de decenas de africanos que buscan una nueva vida en el primer mundo y la mayoría de ellos son personas que me ha permitido constatar que nuestra fascinación por África, aquella que intentamos compartir a través de este blog, estaba justificada.

Para terminar, y sin mucho más que declarar, dejo la puerta abierta a todos aquellos que quieran resistir junto a nosotros y estén dispuestos a colaborar con textos, música, fotos, videos. 

Un abrazo y hasta pronto.

*Imagen de niño con su dibujo de The Notorious B.I.G.

KOSAI

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Kosai es el nombre Hausa para las tortitas de frijoles o porotos, una preparación nigeriana que se degusta preferentemente al desayuno, y que nos ha sido compartida por MIMA Cooks.

Ingredientes:

  • Frijoles o porotos (2 tazas)
  • Pimienta fresca (2-3 piezas)
  • 1 cebolla pequeña
  • Una pizca de sal al gusto
  • Aceite vegetal o de palma.
  • Salsa de ají rojo (opcional)

Remoja los frijoles o porotos durante 15 minutos y luego quítales la piel golpeándolos suavemente con un mortero.

Tritura los frijoles junto con la pimienta y la cebolla en una juguera hasta obtener una pasta suave. Agrega una cantidad razonable de agua para que la mezcla se integre sin que pierda su espesor.

Nota: Si la pasta no está lo suficientemente espesa, no se obtendrá la forma deseada.

Vierte la pasta en un bol, añade una pizca de sal al gusto y mezcla uniformemente.
Calienta el aceite en una olla o sartén hondo, a fuego medio.
Con una cuchara toma porciones pequeñas de la pasta y viértelas en el aceite caliente.
Deja freír hasta que esté dorado por ambos lados.

Retira del aceite con un escurridor.

El Kosai se puede comer solo o con pan. Puedes espolvorearlo con pimienta molida.

¡Que lo disfrutes!

¿Dos pandemias?

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José Eduardo Agualusa y Mia Couto*

El día en que Europa prohibió los vuelo desde y hacia Maputo, Mozambique había registrado cinco nuevos casos de contagio, cero ingresos hospitalarios y cero muertes por covid-19. En el resto de los países de África Austral, la situación era semejante. En contrapartida, la mayoría de los países europeos enfrentaban una dramática ola de nuevos contagios.

Científicos sudafricanos fueron capaces de detectar y secuenciar una nueva variante del SARS-CoV-2. En el mismo instante, divulgaron de forma transparente su descubrimiento. Y en lugar de recibir un aplauso, el país fue castigado. Junto con Sudáfrica, los países vecinos fueron igualmente penalizados. En vez de ofrecerse para un trabajo conjunto con los africanos, los gobiernos europeos volvieron la espalda y se abocaron a sus propios asuntos.

No se cierran fronteras, se cierran personas. Se cierran economías, sociedades, caminos para el progreso. La penalización a la que ahora estamos sujetos va a agravar el terrible empobrecimiento al que los ciudadanos de estos países están siendo sujetos debido al aislamiento impuesto por la pandemia.

Una vez más, la ciencia quedó rehén de la política. Una vez más, el miedo eclipsó la razón. Una vez más el egoísmo prevaleció. La falta de solidaridad ya estaba presente (y aceptada con naturalidad) en la chocante desigualdad en la distribución de las vacunas. Mientras tanto, Europa discute la cuarta y quinta dosis, la gran mayoría de los africanos no se ha beneficiado de una simple dosis. Países africanos como Botsuana, que pagaron por las vacunas, verificaron consternados que las vacunas fueron desviadas hacia las naciones más ricas.

El continente europeo que se proclama como cuna de la ciencia, se olvidó de los principios científicos básicos. Sin tener una prueba del origen geográfico de esta variante y sin ninguna prueba de su verdadera gravedad, los gobiernos europeos impusieron restricciones inmediatas en la circulación de las personas. Los gobiernos hicieron lo más fácil y menos eficaz: levantaron muros para crear una falsa ilusión de protección. Era previsible que nuevas variantes surgieran dentro y fuera de los muros levantados por Europa. Sólo que no hay un adentro ni un afuera. Los virus sufren mutaciones sin distinción geográfica. Puede haber dos sentimientos de justicia, pero no hay dos pandemias.

Los países africanos fueron una vez más discriminados. Las implicancias económicas y sociales de estas medidas recientes, son fáciles de imaginar. Pero Sudáfrica está lejos, demasiado lejos. Ya no se trata sólo de falta de solidaridad. Se trata de actuar en contra de la ciencia y en contra de la humanidad.

*Texto original publicado en Facebook por los escritores.

**Traducción Misosoafrica**