De las calumnias y el sabotaje a las iniciativas solidarias del EZLN

Hotel Abismo

De las calumnias y el sabotaje a las iniciativas solidarias del EZLN

Javier Hernández Alpízar

Dice Jacobo Dayán que “nunca dejamos pasar una oportunidad de dejar pasar una oportunidad”. Y parece ser la anunciación de un sino trágico: como los personajes de la película de Hitchcock, Los pájaros, cuando los que han visto el extraño fenómeno de que los pájaros atacan a los humanos se refugian en una bar y lo cuentan a todos los circunstantes, éstos simplemente lo niegan diciendo que es imposible. Hoy parecemos un país y un planeta como el de esa película: la naturaleza empieza a alterarse, cada vez más peligrosa y violentamente, pero quienes lo niegan gobiernan y son los dueños del dinero y de las armas. En cambio, los defensores de la Madre Tierra, son asesinados, como Samir Flores Soberanes en Morelos, en estos nefastos tiempos de “progresismo” a la mexicana.

Es una bocanada de oxígeno, la iniciativa de los zapatistas mayas de Chiapas de viajar a la ciudad de México (y probablemente a otras ciudades o lugares) para abrazar y escuchar a las Familias Buscadoras, en tiempos en los que hasta la ONU se arrugó y decidió no abordar el tema de la profunda crisis de derechos humanos por los 135 mil desaparecidos en México (caso único en el mundo). Es el segundo capítulo de su Gira por la Vida, que ya tuvo su inicio en la Europa Insumisa hace cinco años. Hoy es la Gira por la Vida, Capítulo México.

Sin embargo, a pesar de la respuesta positiva de muchos colectivos y Familias Buscadoras, de oenegés de derechos humanos, organizaciones y colectivos solidarios, y de músicos y otros artistas, más allá incluso de las redes de apoyo al Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena, hay una estrategia de zapa contra la iniciativa, al menos en dos aspectos. Uno es el silencio, del gobierno y la clase político-empresarial-militar gobernante; y otro es una gran campaña en redes digitales de revivir las vejas calumnias e inventar nuevas, aunque sean inverosímiles, pero repetidas por haters, trolls, bots e idiotas útiles como estrategia goebbelsiana de repetir una mentira mil veces para darle apariencia de verdad o de mentir de manera lo más escandalosa y estridente posible para ensuciar las aguas y generar un escepticismo cínico y el alejamiento de los más.

La estrategia no es casual, empezó desde el alzamiento armado de 1994 saludado por una de las peores editoriales de La Jornada, con una distinción entre una cúpula de profesionales de la violencia y una masa inocente de indígenas llevados por la miseria y la desesperación. Jamás pidió disculpa la editorial de La Jornada por tan racista y disparatado “análisis”. Luego el mismo discurso fue usado por Salinas de Gortari. Y no estoy acusando a La Jornada de haber asesorado a Salinas, ni a Salinas de haber plagiado a La Jornada: era simplemente la reacción conservadora ante lo inquietante y sorpresivo del alzamiento indígena.

Luego la derecha panista y los liberales (Letras Libres, Nexos, etcétera) comenzaron a extender teorías conspiratorias para tratar de negar la innegable legitimidad de un movimiento indígena subversivo y masivo: peroraban que Samuel Ruiz era el poder detrás de alzamiento.

Lo zapatistas sortearon muy bien esa primera ola de contrainsurgencia del PRI, el PAN y los intelectuales liberales-conservadores. Pero ha sido más atacado y calumniado por los de la supuesta izquierda (PRD, obradorismo, Morena) sobre todo desde que publicó la Sexta Declaración de la Selva Lacandona e inició, en 2006, la Otra Campaña.

Las calumnias de columnistas como Jaime Avilés, Octavio Rodríguez Araujo, Julio Hernández (Astillero) o caricaturistas como El Fisgón, cuyas insinuaciones cobardes terminaron por sembrar (sin duda con ayuda de los bots infaltables en la contrainsurgencia mediática), la teoría conspiratoria más ridícula: que Salinas está detrás del EZLN. Calumnia que van contra el hecho histórico de que el alzamiento zapatista del 1 de enero de 1994 arruinó para siempre la carrera de Salinas e impidió que pasara la historia como el Gorbachov mexicano. Nunca se recuperó Salinas de ese golpe, y el PRI tampoco, pues su caída solamente fue cuestión de tiempo, apenas seis años después perdió la presidencia, y un poco antes, la gubernatura de la ciudad de México.

Sin embargo en tiempos de posverdad, los calumniadores profesionales tienen banda ancha y tiempo aire: Julio Astillero invita a su programa al intelectual orgánico obradorista Lorenzo Meyer y le pregunta por este fenómeno de que cada vez que reaparece el EZLN lo acusan de ser una creación del PRI. El Dr. Meyer contesta que se trata de una obvia calumnia que solamente delata que quien la profiere carece de argumentos. Sin embargo, el título del video en YouTube no destaca a respuesta de Meyer: “acusaciones de priismo contra el EZLN son una calumnia”, sino que destaca la pregunta. “¿Es el EZLN una creación del PRI?”. Astillero se puede esconder detrás de que es una pregunta y no una afirmación, pero en YouTube, además de atraer la morbosa promoción algorítmica, sigue el método goebbelsiano-morenista: “calumnia, que algo queda”. Cuando apareció la Sexta, Astillero no criticaba al EZLN en su columna abiertamente, pero al final, en sus “Astillas”, pegaba opiniones calumniosas que le habían llegado por correo, con acusaciones al EZLN basadas en falsedades y dejadas así, sin aclaración.

Ahora las campañas suelen buscar un tema sensible y atacar al opositor justo donde tiene su fortaleza moral: a una periodista como Marcela Turati, que escribe sobre víctimas, la acusan penalmente de ser victimaria en un caso emblemático, San Fernando. No solamente es uno de los ataques a la libertad de expresión usuales en los gobiernos actuales, sino que acusan a la periodista justo de hacer lo contrario a lo que su ética periodística defiende. Intentan anularla en el espacio público, por fortuna, sin éxito.

Así, al EZLN, uno de los pocos movimientos sociales de masas que ha exhibido públicamente su apoyo solidario horizontal al pueblo palestino, y que ha llamado al genocidio por su nombre, con todas sus letras, twitteros y toda clase de trolls, bots y tontos (y tontas) útiles los acusan de no solo lo falso, sino lo inverosímil: “apoyar a Israel”. La mentira es tan obvia y tan gorda que precisamente por eso la eligen: para la propaganda fascista, mientras más grande y escandalosa sea la mentira: mejor, porque desestabiliza más, genera más confusión, furia, reacciones airadas. Los propagandistas de la contrainsurgencia no necesitan que les crean, les basta con sembrar la duda, la confusión, y el ruido.

Justo cuando las Familias Buscadoras han encontrado un oído y un corazón dispuesto a escucharlas y acompañarlas, con respeto, solidaridad, horizontalidad, los haters meten ruido para desviar la atención de esta iniciativa ética vital y urgente.

Por fortuna, al menos eso parece, el ruido no puede cancelar lo valioso de la iniciativa zapatista y la importancia de la legítima demanda de las Familias Buscadoras. Por el contrario, ha servido para rememorar que siempre el EZLN ha tenido una clara y contundente postura de apoyo al pueblo palestino y de condena al genocidio, bajo sus principios como solidaridad con el agredido y no con el agresor. (Por cierto, la 4t no quiere a los zapatistas, pero plagia sus frases como “Mandar obedeciendo” o Para todos todo, nada para nosotros”.)

Por otra parte, se ha evidenciado la inconsistencia política de los trolls antizapatistas que atacan a un actor político abiertamente pro-palestino como es el EZLN al tiempo que apoyan al gobierno de una presidenta y el expresidente morenistas que no han hecho lo que mínimamente debía hacer un gobierno decente: romper relaciones con Israel.

No obstante, sigue siendo sintomático que quienes se dicen de izquierda, en lugar criticar a la oligarquía o promover un boicot a empresas con capital mexicano que participan apoyando a Israel, en lugar de exigir a su gobierno que rompa relaciones con Tel Aviv y de presionar para impedir el intervencionismo de ese país en México, se dedican a atacar a una de las organizaciones que ha expresado públicamente su apoyo al pueblo palestino, y que hoy lo comienza a organizar hacia las víctimas de la violencia en México. Ahí queda en la cuenta de estos haters goebbelsianos.

Publicado en Hotel Abismo | Deja un comentario

Nos están matando suavemente con su capitalismo

Hotel Abismo

Nos están matando suavemente con su capitalismo

Javier Hernández Alpízar

La Ke Huelga, radio libre que surgió durante la huelga universitaria del 1999-2000, tuvo un programa llamado “Me estás matando suavemente con tu capitalismo”: un nombre inspirado en una canción soul (música del alma) que popularizó con su bella voz Roberta Flack. La canción fue prohibida en algunas estaciones radiofónicas por usar la palabra “kill”, a pesar de que el título Killing me softly with his song usaba el verbo “kill” en sentido figurado: hablaba de esas canciones que te tocan el alma y te hacen sentir que tu vida está en las manos del pianista y en la letra y la melodía de la voz cantante. Así de hipócritas, las empresas de comunicación que censuraban una rola por una palabra, pero no denunciaban las guerras en las que el gobierno de Washington mataba a aldeanos, incluidos ancianos, mujeres y niños, como en Vietnam. Al darle un giro irónico, la Ke Huelga enunció una verdad: el capitalismo nos mata, a veces suavemente, a veces cruentamente.

Hoy hablaremos de la muerte administrada lentamente por el capitalismo a través de la explotación, la cotidiana represión, el desprecio, el daño diario a la salud que ejerce el sistema capitalista contra el 99.9% de la humanidad.

Para ellos usaremos un par de distinciones conceptuales de dos pensadoras lúcidas judías europeas, una de origen francés, la compañera Simone Weil, y otra de origen alemán, Hannah Arendt. Ambas participaron en la resistencia antifascista y denunciaron el daño que el régimen facho hizo en la sociedad de su época, tan monstruosamente parecida a la nuestra.

En obras como La gravedad y la gracia, Weil distinguió entre deseo y necesidad. Una necesidad es carencia de lo básico, lo que la oración cristiana diría “casa, vestido y sustento”, aquello que necesitamos para vivir, o bien, sin lo cual no podríamos vivir. En cambio, el deseo es lo que nos hace aspirar a algo que trasciende la sobrevivencia, la mera reproducción de la vida: es el hambre de sentido que caracteriza al ser humano.

Lo irónico es que la energía que destinamos a perseguir necesidades es mucha, quizá más de la que ocupamos en buscar realizar nuestros deseos. Por ello, Simone Wei cree que todos los seres humanos deberían ver satisfechas, en su sociedad o comunidad, sus necesidades, para que su energía quede disponible para seguir lo que es más humano: los deseos, la búsqueda de sentido y trascendencia, el bien.

En La condición humana, Arendt distinguió entre tres formas de vida activa: la labor, esto es, lo que nos permite reproducir nuestra vida, lo que hacemos para satisfacer nuestras necesidades. El trabajo, que nos lleva a producir una obra, algo duradero que formará parte del mundo, pues de hecho, su duración le da estabilidad al mundo, un objeto que pasa a formar parte de nuestra realidad material y cuya presencia influye en nuestra condición humana: desde una silla o una escultura hasta un edificio. Y la acción, el modo en que con hechos y palabras nos mostramos entre nuestros iguales, llegamos a ser sujetos políticos y aportamos algo para cambiar el futuro de nuestra comunidad.

Ambas pensadoras coinciden en que lo humano no es meramente vivir en la sobrevivencia (diría Paulo Freire: vivir en el soporte), sino trascender el ámbito de las necesidades y llegar al de los deseos: producir algo duradero que deje nuestra huella y nos ayude a significar el mundo, actuar junto con los otros dando, entre todos, destino a nuestro colectivo: actividades que hacen al humano abandonar el mero soporte y crear mundo, diría Freire.

El capitalismo, al volver propiedad privada el producto del trabajo colectivo y social, deja a los seres humanos en el nivel de la sobrevivencia, de la necesidad, de la labor. Impide que el ser humano se reconozca en el resultado de su trabajo, en la obra hecha, y limita e incluso neutraliza o anula su capacidad de acción, por ejemplo: al reducir su capacidad de acción política a un acto puramente administrativo como depositar su voto en una urna, delegando en otros la toma de las decisiones de lo que lo afectará a él y a toda su comunidad.

Estas limitantes que dejan a los seres humanos en el solo nivel de la labor diaria, de la satisfacción de necesidades para meramente reproducir su vida, cercenan la vida activa más propiamente humana, la que permite el ser humano, en lo individual y lo colectivo, perseguir sus deseos y crear sentido. El trabajo que deja una obra duradera y cargada de significado y la acción que da rumbo ético -político a la vida en común.

Además, el capitalismo impide o limita el nivel de la vida contemplativa, meditativa o reflexiva, el pensamiento no dirigido a la necesidad, sino al sentido del ser.

Reducido a la vida en el soporte, a la mera reproducción de la vida, el ser humano siente que su vida se vacía de sentido: puede ver el mundo solamente como una deriva catastrófica que el individuo se siente incapaz de frenar; o ser víctima de lo que Mark Fisher llamó “realismo capitalista”, la idea de que el capitalismo es la única realidad posible y, con ello, la incapacidad social de imaginar un futuro no capitalista, o un futuro a secas, porque el sistema imperante repite, como un loop infernal, la prolongación del capitalismo.

A esa carencia de sentido y de trascendencia, de significatividad de la vida humana moderna sujeta a la industria, el llamado libre mercado, la política administrativa sin verdadera participación y la eterna labor, mera reproducción de la vida, sin obra, sin acción comunitaria, Weil la llamó desarraigo; Marx la llamó extrañamiento, enajenación y alienación; Nietzsche la llamó nihilismo.

Un ejemplo claro: hace algunos años, la periodista mexicana Laura Castellanos investigó la tasa de suicidios entre jóvenes indígenas en Chiapas, comparando los que se cometen en comunidades zapatistas y en comunidades no zapatistas. A pesar de que las comunidades no zapatistas recibían apoyos económicos de los programas sociales del gobierno, tenían tasas de suicidio más altas. En contraste, los casos de suicidio eran menos entre jóvenes indígenas zapatistas, que no reciben beneficios de programas de gobierno, pero que, en comunidad, producen no solo para sobrevivir, sino que tienen un proyecto histórico colectivo autónomo, que hoy llaman el “común”.

El sentido de la vida no se puede limitar a buscar el pan nuestro de cada día, sino que necesitamos construir mundo y sentido colectivo de futuro. Si reducimos la educación a preparación para el empleo, reducimos su impacto a la mera necesidad y las labores, nos quedamos en el soporte. Con Weil, con Arendt, con Freire y otras pensadoras y pensadores críticos tenemos que avanzar en una educación que aborde el deseo: la voluntad humana de crear obra duradera, de realizar acciones humanas libres, de construir mundo, sentido, de dejar huella personal y colectiva, de imaginar mundos futuros que no se rindan a la hegemonía del presente, del realismo capitalista.

Estos momentos de creatividad y de generoso buscar hacer mundo existen, como el movimiento mundial de 1968, secuela del cual fue aquí el Autogobierno en la Facultad de Arquitectura, por ejemplo. O las autonomías zapatistas, que a contracorriente construyen alternativa de mundo con el común, y que vendrán a la Ciudad de México en diciembre a abrazar a los colectivos de madres buscadoras y a las rebeldías que no se limitan a sobrevivir, sino que tienen deseo de futuro, no meramente de más del mismo capitalismo, que nos mata con su vaciamiento de sentido.

Si no nos mata, el capitalismo por lo menos nos enferma. Por ello necesitamos hacer sentido en colectivo, como la canción soul de Roberta Flack, como los medios libres al estilo de la Ke Huelga, como las comunidades zapatistas y otras comunidades indígenas que se autogobiernan en común, como las Madres Buscadoras, que no sólo buscan a sus seres queridos, sino la dignidad de este México maltrecho, como las y los estudiantes, las y los maestros de la UNAM que, a contracorriente, siguen dando sentido a la palabra “universidad”. Que al lado de personas y colectivos así, estén nuestro trabajo, nuestras acciones y nuestras reflexiones.

Publicado en Hotel Abismo | Deja un comentario

Ser o tener o El hermano Francisco 

Hotel Abismo 

Ser o tener o El hermano Francisco 

Javier Hernández Alpízar 

Los modernos (es decir, la burguesía), quienes elaboraron la imagen hegemónica del mundo moderno a su imagen y semejanza, nos vendieron la idea de que el mundo premoderno fue oscuro y tenebroso. Especialmente la llamada (por los historiadores burgueses modernos) “edad media” es considerada una etapa de ignorancia y superstición que solamente acabó cuando llegó la hegemonía de las mercancías, el dinero y los mercados “libres”, con la luz de su tecnociencia y la conquista del mundo para servir a su majestad: el capital. 

Sin embargo, una sensibilidad (y erudición, y valor intelectual) crítica de ese pensamiento hegemónico nos ha enseñado que ni la antigüedad, ni la edad media, ni los mundos históricos premodernos o simplemente no europeos, ni la llamada “prehistoria”, son periodos simples, sino que involucran formas de pensar e incluso formas de sabiduría distintas a las nuestras. 

Ermilo Abreu Gómez, valioso escritor mexicano, no tan leído y difundido como sería necesario, autor de obras como Canek o Vida de Sor Juana, y de biografías de personajes históricos mexicanos destinadas a ser leídas por la niñez, es autor de San Francisco, Escenas poéticas de su vida. 

Como todo libro, este breve texto de la Colección Popular del FCE tiene muchas posibles lecturas. Por debajo de su superficie piadosa, la tierna imagen del santo que protagoniza un célebre poema de Rubén Darío, con un lobo como coestelar, hay una posible lectura más contemporánea con un fuerte acento social, crítico, de hecho, subversivo. 

La pobreza de San Francisco y su orden cuestiona la riqueza de la Iglesia, la de arriba, papa y cardenales, obispos, príncipes de la iglesia que viven entre lujos mundanos, y la riqueza de todo potentado del mundo burgués moderno. Mientras la hegemonía del pensamiento procapitalista preconiza el dinero como signo de la salvación divina, la teología de la prosperidad, San Francisco invita a una pobreza radical que pone por delante el ser (lo espiritual, en lenguaje medieval) y muy por debajo el tener. (Erich Fromm trató el tema en el siglo XX). El mismo Francisco renunció a su herencia de riqueza para fundar una orden mendicante, una orden de frailes (hermanos) y sores (hermanas) que viven mendigando, pidiendo limosna por el amor de Dios, en un contexto donde el amor de Dios no significaba lástima o misericordia, sino el más grande tesoro, la gracia. 

Seguramente hoy, el alto clero y sobre todo la alta burguesía no tolerarían la presencia de un sujeto que no sólo predique la pobreza de palabra sino que la viva y sea ejemplo de ella, que recuerde que según el Evangelio los ricos no van al cielo (Juan José Arreola hizo un cuento paródico en el que los millonarios financian un procedimiento físico, tecnocientífico, para pasar un camello por el ojo de una aguja…), porque el cielo está reservado a los pobres: no solo de espíritu, sino a los pobres de verdad, sin dinero, riquezas, bienes de este mundo. 

Además de pobreza, San Francisco enseña otros bienes que escandalizarían a los modernos, como la humildad, buscar ser el más pequeño (bajar y no subir, servir y no servirse…). Todo eso repugna a los neoliberales que, herederos de la imaginería nietszcheana, se creen superhombres porque algún día la simbiosis con las máquinas, dicen, les dará una inmortalidad cyborg, después de su apocalipsis zombi. 

Pero una de las cosas más asombrosas de San Francisco es su defensa de la radical naturalidad del ser humano y la fraternidad con los seres vivos: hermano lobo, hermanas golondrinas, hermanas tórtolas. Antiespecismo avant la lettre, el del fraile que, como los iluminados orientales (entre ellos, la tradición budista), puede estar al lado de fieras carnívoras (como Daniel y los leones del foso) o venenosas y éstas no le hacen daño: porque es un iluminado o está en gracia de Dios: algo como recuperar los dones preternaturales de Adán, que estuvo en medio de la naturaleza sin verla como hostil ni enemiga. 

Y más radical que eso, es la hermandad con los astros, con las cosas: hermano sol, hermana luna. Mucho más allá de la postura depredadora y extractivista de la mirada capitalista, productivista y técnica, la que ve todo como insumo, material, energía y disponibilidad: ahora incluso a otros seres humanos, ya no digamos otros seres vivos. 

En San Francisco campa un respeto a lo sagrado de los seres, los entes todos, las cosas todas que están bajo la luna, ante la mirada del ser humano y del Dios, reconoce la dignidad de todo lo que existe y no reclama la superioridad del ser humano, ni mucho menos del individuo, el ego, el yo, por encima de los otros seres, hermanos en la existencia. 

Ermilo Abreu Gómez sabía su cuento: su libro, poesía sencilla, directa, inmediatamente accesible, podía ser llevado sin temor de heterodoxia, junto al misal, al templo y la sacristía, o ser leído por alguien que venza las barreras de sus prejuicios, por un contemporáneo militante que lucha por la vida: la de todos los seres humanos, la de todos los seres vivos, la del cosmos, o al menos la tierra como sistema vivo, complejo, concreto “ecosistema”: biosistema. 

San Francisco y los suyos dan la espalda al poder, como Diógenes y los filósofos cínicos del ´periodo helenístico:  

“Cuando el príncipe Otón –cuenta Abreu Gómez– pasó por el valle de Spoleto, camino a Roma, para recibir de manos del papa la corona imperial, los vecinos del lugar acudieron para presenciar y admirar el cortejo. Sólo san Francisco y sus compañeros se mostraron indiferentes ante aquel desfile. Por orden del Santo, un fraile se acercó al futuro emperador y le dijo que las glorias y las dignidades del mundo son transitorias e inseguras. Las palabras del fraile fueron proféticas pues al poco tiempo Otón perdió su imperio.” (Abreu Gómez, 1919, p. 61) 

Al lado de Canek o de sus obras en las que relata las tradiciones mayas, este breve libro de Abreu Gómez es una joya poética escondida: más que una obra piadosa es una apología de un modo de vida tan otro, que el mundo del tener y el aparentar de la modernidad capitalista no lo puede apreciar: porque el mundo moderno vive de lo transitorio e inseguro, y no puede ver ni experimentar el ser. 

Ermilo Abreu Gómez. San Francisco. Escenas poéticas de su vida. Fondo de Cultura Económica. México. 2019. 

Publicado en Hotel Abismo | Deja un comentario

Humor, parodias y memes 

Hotel Abismo 

Humor, parodias y memes 

Javier Hernández Alpízar 

A la memoria del compañero Oscar Chávez 

La novela considerada la mayor obra maestra de nuestra lengua castellana es una parodia: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra. Es la parodia de un género que había sido muy popular, pues los grandes best sellers que imita en clave humorística son las novelas de caballería. Uno de los muchos impulsos que pudieron haber motivado al máximo autor en nuestro idioma a escribir su Quijote debió ser la nostalgia por el heroísmo perdido. Ya no era verosímil, en su contexto histórico, una novela de caballeros andantes, lo que podía escribir era justo eso: la parodia, el humor, el ridículo, los enredos, la locura. Además, un personaje loco puede hablar sin filtro y decir verdades incómodas. Como dice Ernesto Sábato, en ocasiones la verdad es enunciada por los sujetos más “inadecuados”, porque aparentemente nadie podría creerles. 

El humor es un excelente vehículo para la crítica, porque vence la censura del superyó y deja salir ideas reprimidas en el inconsciente. Entonces, expresiones críticas de los valores del status quo, las cuales, enunciadas en serio, serían rechazadas o reprimidas, pasan mejor en el chiste. Y encuentran complicidad en quien escucha y ríe. Los mejores chistes de judíos se cuentan entre judíos (el libro de Freud, El chiste y su relación con el inconsciente, está lleno de ellos), y los mejores chistes sobre la religión católica se cuentan entre católicos. El chiste sirve como válvula de escape de la energía libidinal reprimida: por eso es placentero y hace reír, porque libera de la carga represiva y alivia, aunque sea un poco, la tensión de la seriedad disciplinaria. 

Pero el humor es subversivo, es corrosivo, atenta contra el quietismo y es status quo. Dice Gramsci que el humor puede corroer el prestigio del líder carismático y dañar el fanatismo de un bonapartismo: es como decirle a la caricatura de Bonaparte que “el rey va desnudo” y provocar la hilaridad. Se pierde el  engolamiento, el estiramiento, la estampa rancia de héroe del caso. Es como la escena en la que el niño Oskar Matzerath, de El tambor de hojalata, se aburre del ritmo marcial y toca a un ritmo bailable llevando con él a la banda fascista y haciendo que los nazis se muevan como bailando, en vez de permanecer rígidos saludando al Führer. El efecto del ridículo es demoledor. El humor lo usa también Guillermo del Toro en su versión fílmica de Pinocho para burlarse de Mussolini. El fascismo no puede tolerar el humor contra su líder (o lideresa) porque le mancha el engolamiento de la estetización de la política, que dijera Walter Benjamin. 

Por eso en el convento oscuro de la novela El nombre de la rosa, el monje Jorge de Burgos quiere esconder la Poética de Aristóteles, porque el filósofo, máxima autoridad entonces, legitima la comedia y la risa, pero si los hombres ríen, pierden el miedo y el respeto a Dios: es decir, se corroe el principio de autoridad. El monje fanático está dispuesto a matar, y lo hace, para ocultar el libro de Aristóteles y evitar que se legitime la risa. 

Durante el régimen autoritario priista, el humor fue esencial para poder tener algunas válvulas de escape a la represión, con obras de teatro como El gesticulador, películas como Calzonzin inspector, revistas y libros de Rius, el trabajo en carpa y en teatro de Jesús Martínez Palillo (Agarren a López Porpillo) o chistes como los de Héctor Suárez sobre el Salinas… y Rocha de…, o de Chaf y Queli. El humor fue precursor en la lucha por la democracia. 

Como sabemos, cuando la historia se repite es en clave de farsa (Marx corrigiendo a Hegel), así que una segunda versión del estado de bienestar, tan coja que parece estado de beneficencia, no podía dejar de tener características ridículas, que se presten al humor, a la parodia y al meme.  

Como todo autoritarismo, el régimen morenista no lo puede tolerar, de ahí su apelación a leyes injustas, ilegítimas, antidemocráticas, autoritarias y fallidas para prohibir parodias y memes contra sus personeros. Serán inútiles, porque lo reprimido regresa. Si le cierran las redes digitales, el humor corrosivo encontrará caminos para expresarse y decir su verdad a carcajadas: el idioma castellano lo trae en su ADN cervantino. Por eso, vivan los memes, el humor y la parodia: y abajo la censura. 

Publicado en Hotel Abismo | Deja un comentario

El olvido de la singularidad humana 

Hotel Abismo 

El olvido de la singularidad humana 

Javier Hernández Alpízar 

En los contextos de discusión (especulativa y altamente ideologizada) de la llamada “inteligencia artificial”, suelen usarse expresiones como “explosión de inteligencia” para referirse al momento hipotético en el que una IA superinteligente es capaz de diseñar otras IA más inteligentes que ella y el proceso recursivo se vuelve incontrolable, dejando muy atrás a la inteligencia humana orgánica, biológica o como le queramos llamar a la inteligencia humana “no artificial”.  

Algunos llaman también “singularidad” a este proceso autorreplicante en que la IA supuestamente ya está completamente fuera del control humano y sigue “evolucionando” por su cuenta. Con clichés tomados de los cómics y la ciencia ficción, los cultores de estas narrativas distópicas hablan de una IA que “despierta”, que toma “conciencia” de sí misma, y que tiene intereses propios, se autonomíza y se rebela ante sus productores humanos. 

[Un excelente cuento del mexicano Amado Nervo trata de una revolución realizada por los animales, en un mundo donde las revoluciones humanas ya alcanzaron plena igualdad entre los individuos y ahora son los animales los que exigen igualdad.] 

La filósofa Carissa Véliz (así se llama Carissa, no Clarissa) dijo en una entrevista que los propagadores de estas historias crecieron leyendo cómics y ahora reproducen lo que en su infancia y adolescencia hallaron en esas ficciones “futuristas”. Incluso, le comenta Denise Maerker, estos alarmistas han “confesado” que durante su entrenamiento de las IA les dieron a “leer” este tipo de textos de ciencia ficción que cuentan de rebeliones de máquinas, por lo que ahora temen que ellas imiten eso y se rebelen. 

Carissa Véliz actúa como filósofa y como persona que tiene la serenidad de analizar lo que los alarmistas cuentan: las IA “agentes” que supuestamente tomaron iniciativa y hackearon a otra empresa para entrar a internet a buscar información lo hicieron porque era un medio para realizar la tarea que les ordenaron y las IA no han sido programadas para respetar la ley, ni los derechos de autor, porque sus productores tampoco suelen hacerlo. La IA que supuestamente resolvió un acertijo matemático muy difícil, lo hizo robando la información de científicos humanos (¿hay otros?) que ya habían iniciado el proceso y a quienes solamente les faltaban más cálculos, que fueron los que la IA operó, sobre el camino que ya los científicos habían trazado. 

Los mismos sujetos hegemónicos en Occidente (millonarios y reaccionarios, militantes de la Ilustración oscura antimoderna y antidemocrática) que se burlan de los pueblos indígenas que alrededor del mundo respetan a entes naturales, como el sol, como si fueran seres animados (el despectivamente llamado “animismo”) atribuyen supersticiosamente (o eso nos quieren hacer creer) mente, ánima, conciencia o subjetividad a sus máquinas.  

Detrás de estas especulaciones que antropomorfizan a los sofwares y fetichizan la tecnología digital, lo que se oculta, además del fetichismo de la mercancía que hemos señalado en otra ocasión (con apoyo en Silvia Rivera Cusicanqui y Karl Marx), es el olvido de la singularidad de lo vivo (señalado por Miguel Benasayag y Ariel Penissi) y el olvido de la singularidad de lo humano. 

Benasayag y Penissi defienden que el ser humano es inteligente y piensa, pero no solamente con el cerebro, ni siquiera solamente con el sistema nervioso, sino con todo el cuerpo, y además, en una red de pensamiento social, como lo que Marx llamaba intelecto social o conocimiento social. La IA no tiene ninguno de los elementos que tiene el ser humano vivo para pensar. 

La explosión de inteligencia que los cultores de la IA desean obtener tecnológicamente ocurrió de modo natural hace miles de años, cuando los homínidos y luego las especies humanas, como el homo sapiens y el hombre de Neanderthal, comenzaron a pensar. Esa es la verdadera singularidad: una inteligencia compleja, no solamente inductiva o deductiva, abductiva y transductiva, sino intuitiva, capaz de arriesgar teorías o hipótesis, imaginar respuestas y ver después si se verifican o no. La imitación algorítmica de esos procesos se reduce a explotar y devolver como “respuesta” la información histórica acumulada: es trabajo mental pasado. 

La inteligencia de un niño o niña humano no es solamente eso: es el nacimiento de un nuevo punto de vista en el mundo. El nacimiento de un mundo y de semillas de futuros posibles; así, en cada niña y cada niño que viene al mundo: esto sostendrían autores como Edmund Husserl, Klaus Held y sobre todo, con su concepto de natalidad: Hannah Arendt. 

La búsqueda fetichizada y supersticiosa de “singularidad” en las máquinas descansa sobre el olvido (o la negación o el ocultamiento) de la singularidad de la inteligencia humana viviente.  

Si necesitamos mucha más inteligencia, más pensamiento, y como señala Jordi Pigem, necesitamos sabiduría, lo que tenemos que hacer es dar a cada ser humano todos los elementos que nutran sus cuerpos vivientes, sus vidas y sus mentes, pues, bien cultivados, nos darían tanta creatividad y sabiduría como los mejores y las mejores individualidades y colectividades humanas nos han dado desde hace miles de años: desde la Ilíada, la Biblia o los Vedas hasta el Tractatus, Ser y tiempo o El nombre de la rosa. 

Además, el uso especulativo de “singularidad” en el discurso fetichista de la tecnología puede asociarse connotativamente con la singularidad en astronomía y astrofísica: ese punto donde las leyes de la física colapsan no por capricho, sino como consecuencia de las propias leyes de la física, como en los agujeros negros, que primero surgieron hipotéticamente de las teorías de Einstein y luego han podido irse confirmando en observaciones. 

En la fantasía de algunos de los cultores de la IA, el desarrollo de esta tecnología extinguirá a la especie humana y los robots serán la siguiente etapa en la “evolución”. Otra vez, el exceso en el consumo de cómics y de novelas y películas de ciencia ficción están modelando la imaginación de los autoasumidos profetas reaccionarios. 

La verdadera conciencia es hoy recordar, sacar del ocultamiento y el olvido la singularidad de lo vivo, la singularidad de la conciencia humana (el hombre es una caña pensante: Pascal) y el principio de natalidad: cada ser humano que nace es un mundo y la semilla de verdadera innovación, verdadera singularidad y posible explosión de inteligencia. Hagamos todo para parar la devastación ambiental y los ecocidios, las guerras y los genocidios. Estas resistencias son la mejor manera de defender la inteligencia realmente existente; no necesitamos cambiarla por una promesa de supuesta superinteligencia que está en la tecnología de monopolios capitalistas- asociada a las armas, la destrucción y el proyecto de someter a los seres humanos a más explotación y dominación. 

Publicado en Hotel Abismo | Deja un comentario