Ir al contenido

Prospero Colonna

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Prospero Colonna

Retrato de Prospero Colonna, fecha desconocida
Información personal
Apodo Cuntatore ("cunctator")
Nacimiento 1452
Civita Lavinia, Lacio
Fallecimiento 1523
Milán
Sepultura Fondi Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Familia Casa de Colonna Ver y modificar los datos en Wikidata
Padre Antonio Colonna Ver y modificar los datos en Wikidata
Pareja Isabel de Aragón Sforza Ver y modificar los datos en Wikidata
Hijos Vespasiano Colonna Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Condottiero Ver y modificar los datos en Wikidata
Años activo 1484 - 1523
Lealtad Estados Pontificios
Rango militar General Ver y modificar los datos en Wikidata
Conflictos

Guerras Italianas

Prospero Colonna (Civita Lavinia, 1452- Milán, 30 de diciembre de 1523), algunas veces llamado Prosper Colonna, fue un condotiero italiano al servicio sucesivamente de Francia, Nápoles y España durante las Guerras Italianas. Conoció su apogeo bajo la bandera de los Reyes Católicos y Carlos I de España.

Se le considera el mayor militar itálico de su generación, sucesor del Gran Capitán, al que sirvió y con el que rivalizó. General hábil y prudente, recibió el apodo de Cuntatore en honor al general romano Quinto Fabio Máximo Cunctator, que utilizaba similares tácticas basadas en la defensa y la dilación.[1] Su posición y conexiones le permitieron convertirse en un gran señor feudal del Nápoles hispánico.

Biografía

[editar]

Miembro de la antigua familia noble de los Colonna, nació en Civita Lavinia, cerca de Velletri (Lacio) en 1452 y era primo de Fabrizio Colonna.

Su primera acción notable como líder militar tuvo lugar en 1484, cuando defendió el castillo familiar de Paliano contra un ataque de las familias rivales Orsini y Riario. Tras haber participado en algunas batallas más, Prospero, que se había unido al partido del cardenal Giuliano della Rovere, fue encerrado en el castillo de Sant'Angelo (Roma) por el papa Alejandro IV. Una vez liberado, fue encerrado de nuevo por su alianza con Carlos VIII de Francia durante su invasión de Italia. Al final, el rey de Francia resultó victorioso contra el papa y entró en Roma, seguido por Prospero y Fabrizio Colonna en 1495. Durante el breve dominio francés sobre el Reino de Nápoles, Prospero obtuvo el Ducado de Trasetto, y el Condado de Forli. Sin embargo, cuando Carlos retornó tras los Alpes, Prospero ayudó al rey Fernando II de Nápoles a expulsar al virrey francés de sus tierras.

En Nápoles

[editar]

La situación cambió de nuevo con la nueva invasión francesa de Luis XII. Mientras el rey napolitano Federico I huía hacia la isla de Isquia, Fabrizio y Prospero, sus principales valedores militares, intentaron sin éxito defender el reino. Fueron derrotados y encerrados en el Castel Nuovo de Nápoles, a la vez que eran excomulgados por Alejandro VI, quien confiscó sus castillos en el Lacio. Con el tiempo fueron rescatados y ambos primos se unieron al ejército expedicionario español en Nápoles, comandado por Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.[2] Tras la vuelta al trono de Federico, Prospero recibió el ducado de Fondi, y poco después los Colonna volvían a Roma para participar en una serie de enfrentamientos contra los Orsini, concluyendo con una forzosa reconciliación.

Con el retorno de los franceses a Italia en 1499, los hermanos Colonna formaron parte de un contingente napolitano que tenía por misión auxiliar Milán, pero el mal estado de las líneas milanesas y la propia amenaza que se cernía sobre Nápoles les hizo dar marcha atrás. Prospero advirtió al rey Federico que el reino no resistiría en solitario una invasión francesa, y así transcurrió. La rendición fue total, y el rey y sus condottieros fueron exiliados mientras el papa confiscaba todos los bienes romanos de los Colonna y los repartía entre sus propios nietos.

Al servicio de los Reyes Católicos

[editar]

Viendo cómo el rey de Nápoles era llevado prisionero a Francia y sus propias fortunas quedaban arruinadas, Prospero y Fabrizio, junto con su capitán castellano Diego García de Paredes, se pusieron al servicio de España, que entraba en confrontación con Francia por el reino de Nápoles. Los primos y el español se unieron permanentemente a las huestes del Gran Capitán, donde tuvieron un destacado papel.

Guerras de Nápoles

[editar]

Prospero participó como organizador en el segundo desafío de Barletta, en el que soldados italianos liderados por Ettore Fieramosca batieron a caballeros franceses, y seguidamente él y Fabrizio tomaron parte en la victoria de Ruvo. Los Colonna volvieron a relucir durante la victoria española de Ceriñola (1503), antes de la cual se encargaron de elegir y fortificar el terreno, y durante cuyo transcurso Prospero y el Gran Capitán encabezaron la reserva española que dio la puntilla a los franceses. Una anécdota cuenta que Prospero se apoderó entonces de la tienda de campaña del difunto general francés, Luis de Armagnac, tras lo que partió la cena del general con los suyos y durmió en su lujosa cama, ocasionando la preocupación de Fabrizio y del propio Gran Capitán al no poder encontrarle en su propio campamento.[3]

Grabado de Colonna.

A la muerte del Papa Alejandro, Prospero fue enviado a Roma, donde consiguió de César Borgia, el hijo del difunto, la restitución de sus bienes en el Lacio a cambio de no emprender actos hostiles contra él, además de negocira una posible alianza entre César y España. Tras su retorno al campamento del Gran Capitán, reforzado ahora por Bartolomeo d'Alviano, hábil condottiero de la familia Orsini y viejo enemigo de Prospero, el italiano tuvo tiempo de comandar la caballería ligera en la batalla del Garellano, después de la cual Francia se rindió. Prospero añadió entonces Itri, Sperlonga, Ceccano y Sonnino a sus dominios, llegando a ser de nuevo un gran señor feudal en el sur de Italia.

Prospero rechazó una oferta de la república de Florencia de ponerse a su servicio y continuó al de Castilla y Aragón, para quienes ocupó un papel distinguido. Fue el encargado de llevar a España al arrestado César Borgia, al que Colonna se negó a ver o hablar durante el trayecto en la flota de Juan de Lezcano. Ya en España, visitó en Medina del Campo a la moribunda Isabel la Católica, habiendo los dos expresado deseos de conocerse personalmente desde hacía tiempo. Colonna fue el último visitante al que recibió la reina, a la que honró describiéndola como "una señora que desde la cama mandaba al mundo."[4][5] Con ocasión del viaje, Colonna introdujo en España el uso de las gruperas y gualdrapas de estilo italiano para las monturas.[4]

Sin embargo, debido a su rivalidad con Bartolomeo d'Alviano, por entonces otro favorito personal de Fernández de Córdoba, el Colonna terminó por sumarse a los oponentes políticos del Gran Capitán tras la muerte en 1504 de la reina Isabel, su principal valedora, lo que permitió a Colonna y a otros calumniarle ante el rey Fernando.[4][6] En 1505, tras el ataque injustificado de Bartolomeo a las tierras de los Colonna, Prospero vio a su rival expulsado de las huestes españolas, y dos años después, Fernández de Córdoba mismo fue destituido de su puesto de virrey.

Guerra de la Liga de Cambrai

[editar]

Los Colonna continuaron al servicio de España, rechazando constante ofertas venecianas de liderar a los ejércitos contra la Liga de Cambrai en 1508, especialmente después de que Venecia contratase a Bartolomeo d'Alviano. En una de las ofertas se le ofreció entregar a la familia Colonna el ducado de Urbino, sobre el que tenían derechos, pero continuaron leales a la corona española. Después de que Bartolomeo y Venecia sufriesen una derrota potente en la batalla de Agnadello, Colonna asisitió al virrey de Nápoles, Ramón de Cardona, en la tarea de tomar las colonias venecianas de Monopoli, Mola, Polignano y Trani. En 1510 Prospero parece haber tenido una reconciliación con el Gran Capitán, al que visitó en Córdoba.[7]

Cuando la Liga cambió de objetivos y marchó contra Francia, Colonna no formó parte de las fuerzas que Fernando proporcionó al Papa, a pesar de la posición fernandina a ultranza del condottiero. Parece ser que el rey le había prometido marchar a la guerra como comandante en jefe o no hacerlo, que no cumplió, ya que el ejército iba a ser liderado por Cardona. Su enconada enemistad con los Orsini le hizo faltar también al encuentro conciliatorio entre éstos y los Colonna en 1511, tras lo que se retiró a Genazzano. Ni siquiera estuvo presente en la derrota española en Rávena, en la que Fabrizio sí militó y fue capturado. El Papa Julio II trató de reclutar a Prospero para hacerle volver al frente, pero el condottiero puso las mismas condiciones que con Fernando. Fue sólo hacia el fin del año que Prospero, probablemente a regañadientes, regresó a la acción, uniéndose al ejército español estacionado en el Po.

Al año siguiente, Prospero asistió a Cardona y a su propio sobrino político Fernando de Ávalos en sus acciones contra Venecia, aliada de Francia. Devastaron el territorio de la Serenísima y llegaron a cañonear sus murallas, pero al verse cercados por un ejército veneciano al mando de su viejo enemigo Bartolomeo, Colonna aconsejó abandonar el botín y retirarse estratégicamente. Bartolomeo trató de cortarles la retirada con una maniobra envolvente, pero Colonna y los suyos entablaron combate y vencieron en la consiguiente batalla de La Motta. En 1514, Colonna y el milanés Silvio Savelli devastaron los alrededores de la colonia veneciana de Crema, pero los defensores liderados por Renzo da Ceri destrozaron el campamento de los de Milán y obligaron a Colonna a retirarse con las tropas españolas a Romanengo. Meses después, Colonna venció a Ceri y le obligó a rendirse en Bérgamo.

En el invierno de 1514, Colonna viajó a Innsbruck para presentar sus respetos al emperador Maximiliano I, pronto a su muerte, cuyo nieto Carlos sucedería al rey Fernando. Lo mismo había sucedido con el rey Luis de Francia, sucedido por Francisco I, quien lanzó una expedición sobre el ducado de Milán al año siguiente. Colonna fue transferido a las tropas papales de León X y las milanesas de los Sforza para defender el Milanesado.

En 1515, Colonna estaba en Villafranca, habiendo bloqueado los pasos alpinos hacia Milán con ayuda de los suizos de la confederación helvética. Sin embargo, el francés Jacques de la Palice les sorprendió por el paso de Argentera, considerado inaccesible para cualquier ejército grande, pero que resultó practicable para ellos gracias a la ingeniería de Pedro Navarro, antiguo colega en los ejércitos del Gran Capitán ahoa en el servicio de Francia. Desde su posición, Colonna avistó a los franceses y creyó que sólo podían ser grupos pequeños, pero el resto de ellos, al mando del gran Pierre Terrail de Bayard, le atacó por dos ángulos y capturaron a Colonna en su propio cuartel. Este desenlace se consideró uno de los mayores imprevistos militares de la época, comparable con el cruce de los Alpes por Aníbal milenios atrás.[8]

Mientras Colonna era llevado prisionero a Francia, el milanés francófilo Gian Giacomo Trivulzio se burló de su destino, a lo que Colonna replicó jocosamente que Francia era un país que siempre había querido visitar.[9] Mientras tanto, los franceses vencían a los suizos en la batalla de Marignano, tomando el control de su confederación. Prospero fue liberado en marzo del año siguiente después de que el propio rey Francisco I pagó la mitad de su rescate, 35.000 ducados, como gesto hacia un militar de su talla. El monarca francés había hecho prometer a Colonna no volver a tomar las armas contra Francia, voto que el veterano no tenía la menor intención de cumplir.[10] Antes bien, regresó al servicio de España con vistas a actuar en Lombardía, pero el fin de la guerra ya estaba próximo y no pudo resarcirse de su captura.

Al servicio de Carlos I

[editar]
Dibujo de Prospero Colonna, 1575.

Pasó los próximos años de paz ocupándose de asuntos políticos a lo largo y ancho de Europa, radicando en el virreinato de Nápoles, donde residía una de sus amantes, la duquesa Isabel de Aragón. En 1518, con motivo del matrimonio entre el rey Segismundo I de Polonia y la hija de Isabel, Bona Sforza, Colonna organizó las festividades nupciales en Nápoles, y luego escoltó a los novios hasta Cracovia. También visitó a Carlos I en España representando a la nobleza napolitana.

Guerra de los Cuatro Años

[editar]

La Guerra de los Cuatro Años devolvió a Colonna a la acción contra Francia y Venecia en 1521, siendo elegido por Carlos y León X para liderar sus ejércitos. Unió fuerzas con su sobrino Ávalos y el representante papal Federico II Gonzaga, aunque la coordinación entre ellos no fue fácil, ocasionando un fracaso a la hora de rendir Parma a finales de agosto. Aun rozando la setentena, Prospero llegó a retar a duelo a otro adjunto papal, Juan de Médici. Restablecida la sintonía, Colonna y los suyos derrotaron al francés Lautrec en la batalla de Vaprio d'Adda, y una vez hecho tomaron Milán a excepción de una pequeña ciudadela, capturando al veneciano Teodoro Trivulzio (sobrino de Gian Giacomo) y poniendo en su trono a Francisco II Sforza. Parma además se entregó a las tropas papales poco después.

En enero de 1522 moría León X, sucedido por Adriano VI. Lautrec reunió grandes refuerzos en Cremona, incluyendo a Jacques de la Palice, Anne de Montmorency y Francesco Maria della Rovere, pero ni así fueron capaces de superar las defensas de Colonna en Milán y Pavía, que les obligó a retirarse hacia el sur. El ejército francés incluía ahora a Juan de Médici, cambiado de bando por dinero francés, y al propio sobrino de Colonna, Marco Antonio (no confundir con el segundo Marco Antonio Colonna), al que llamaba hermano, y que murió de un cañonazo mientras trataba de espiar las fortificaciones milanesas. Al recibir sus restos, Prospero famosamente declaró: "señores, no lloro yo por la muerte de mi hermano Marco Antonio; mas lloro porque murió en servicio del mayor enemigo que yo tengo".[11]

Los hispanoimperiales encadenaron éxitos haciéndose con Pavía, Alessandria, Novara y otros terrenos. Ante el contraataque de Lautrec, ahora acompañado de Médici y decidido a acorralarle, Colonna jugó a marchas y contramarchas con él y lo derrotó contundentemente en la batalla de Bicoca de abril, en la que Colonna demostró el poder de las fortificaciones bien elegidas y Ávalos el del fuego de volea.[12] Este encuentro hizo colapsar la posición de los franceses en el norte de Italia y resultaría un verdadero impacto psicológico para sus tropas, especialmente sus afamados piqueros suizos, que no volvieron a tomar la iniciativa de la misma manera el resto de su historia. "Bicoca" se convirtió así mismo en un término en idioma castellano para referirse a un éxito fácil.

A esto le siguió la conquista de Lodi y Cremona, concluyendo con otro éxito en mayo de 1522 tomando Génova, donde repelieron al gran almirante Andrea Doria, por entonces todavía al servicio de los franceses. El dux Ottaviano Fregoso había intentado parlamentar, pero la artillería abrió hueco para las tropas de Ávalos e hizo caer la ciudad-estado, en la que Pedro Navarro fue capturado.[13] Génova sufrió un saqueo tan duro que el papa Adriano VI, a quien Colonna y Ávalos recibieron en agosto, quedó escandalizado con el proceder de sus tropas.

Las fuerzas francesas en el Piamonte tuvieron que regresar a Francia, por lo que Colonna se movió hacia Lombardía, donde envió a Ávalos a someter el último bastión de la zona, Iseo, derrotando en él a su viejo rival Gian Giacomo Trivulzio y poniendo a Gian Giacomo Médici al mando de la ciudad. Con el ejército expedicionario francés derrotado casi por completo, Colonna hizo invernar su ejército en Milán.[14] El pontífice se quejó de cómo Colonna esquilmaba autoritariamente los recursos de Parma, tierra bajo control papal, lo que requirió que el embajador imperial en Roma, Luis Fernández de Córdoba, sobrino del Gran Capitán, convenciera al pontífice de permitirlo.[15]

El rey Francisco I de Francia quedó tan enfurecido por el fracaso que planeó entrar él mismo en Italia en 1523 a la cabeza de otro ejército, pero la defección del duque Carlos de Borbón, al que había maltratado, y que llevaba negociando con el emperador desde el año anterior, le obligó a delegar en Guillaume Gouffier de Bonnivet. Colonna, que había visitado brevemente España para informar en la corte imperial, se enteró de la nueva ofensiva francesa gracias a sus espías, por lo que reunió refuerzos alemanes e italianos y se hizo fuerte en Milán, negociando la extradición de los pocos franceses que quedaban en la ciudadela, mientras el emperador y el Papa alertaban a toda Italia.[16]

Aunque el anciano Prospero se encontraba enfermo, debiendo ceder parte del mando a su gran amigo Hernando de Alarcón, sutituto de Ávalos, sus defensas y tácticas fabianas estancaron a los franceses, cuyas líneas de suministros fueron cortadas por Federico II Gonzaga y Antonio de Leyva.[17] Bonnivet se vio obligado a pedir tregua, irónicamente negociada por Galeazzo Visconti, traidor a los Sforza y padre de una de las amantes de Prospero, pero Colonna y Alarcón se la negaron. Al final, Bonnivet tuvo que levantar el asedio y retirarse con problemas a Abbiategrasso en noviembre, acosado por Alarcón en su retaguardia. Pese a la victoria, la salud de Colonna continuaba decayendo, por lo que llegó como refuerzos el virrey de Nápoles, Carlos de Lannoy.[18]

Colonna murió en diciembre de 1523, probablemente de apoplejía, aunque hubo sospechas, habituales en la época, de que había sido envenenado o de que él mismo se había intoxicado por un exceso de medicina amatoria (la misma muerte que se atribuye a su antiguo señor Fernando el Católico). El emperador le había concedido Carpi por sus éxitos, pero no pudo ser investido.

Legado

[editar]

Su muerte fue muy sentida entre los españoles e italianos del emperador Carlos. El cronista Martín García Cereceda, que sirvió bajo su mando varios años, le alabó como un "valeroso capitán y muy sabio guerrero".[19] Francesco Guicciardini le ensalzó como gran estratega, con la habilidad de derrotar a sus enemigos únicamente mediante la defensa, la prudencia y un uso inteligente de sus ventajas (el arte del difendere, opuesto al arte dell' offendere de los franceses).[1][20] Sólo el agresivo Bartolomeo d'Alviano, quien sin embargo fue mucho menos exitoso que Colonna, rivalizaba con él como el mejor condottiero de la Italia de su época.[20] Por sus tácticas fabianas, sus coetáneos le consideraron un nuevo Quinto Fabio Máximo Cunctator, lo que le trajo el apodo de Cuntatore.[1] Junto con su sobrino Fernando de Ávalos, Colonna es tenido por uno de los dos principales sucesores del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba,[21] formando parte de la llamada escuela hispano-italiana de estrategia.[22]

Descendencia

[editar]

Colonna casó con Covella di Sanseverino, con quien tuvo un hijo llamado Vespasiano, y después con Isabella Caraffa,[23] pero fue famosamente dado a los amoríos hasta sus últimos años de vida, lo que llevó a cronistas como Paulo Jovio a describirle como un amante carente de moderación. Entre sus amantes se cuentan Chiara Visconti e Isabel de Aragón, duquesa de Bari. Mantuvo incluso al menos un amasio, una relación bisexual con un siervo varón, Giosuè di Ruggiero, al tiempo que mantenía tratos con Isabel. Sin embargo, la duquesa pronto tomó al mismo Giosuè como su propio amante, por lo que Colonna se sintió tan traicionado que hizo atacar al siervo en una emboscada y no volvió a tratar con ellos.[24]

Referencias

[editar]
  1. 1 2 3 Francesco Guicciardini tra ragione e inquietudine: atti del convegno internazionale di Liège, 17-18 febbraio 2004, 2005, ISBN 9782870192894, p.150
  2. Hernán Pérez del Pulgar: Coronica llamada las dos conquistas del reino de Nápoles, incluida en las Crónicas del Gran Capitán, págs. 97-98.
  3. Viage ilustrado en las cinco partes del mundo, 1853
  4. 1 2 3 Crónica manuscrita, libro 10, capítulo XVI
  5. Prudencio de Sandoval, Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V, libro 1, capítulo XVII
  6. Ignacio López de Ayala, Vida de Gonzalo Fernández de Aguilar y Córdoba, llamado el Gran Capitán
  7. Martínez Laínez y Sánchez de Toca, 2021, p. 202-203.
  8. Francesco Guicciardini, Historia de Italia, Libro XII, cap. 12.
  9. Urban, Williamn (2011). Matchlocks to Flintlocks: Warfare in Europe and Beyond, 1500–1700. Pen & Sword. ISBN 9781781599426.
  10. Il tesoretto della coltura italiana, volume XIV. La Fratta. Enero-abril de 1925. p. 107.
  11. García Cereceda, 1873, p. 20-23.
  12. García Cereceda, 1873, p. 24-28.
  13. García Cereceda, 1873, p. 32.
  14. García Cereceda, 1873, p. 32-34.
  15. Benassi, 1899, p. 76-80.
  16. García Cereceda, 1873, p. 38.
  17. García Cereceda, 1873, p. 48-49.
  18. García Cereceda, 1873, p. 53-55.
  19. García Cereceda, 1873, p. 55-56.
  20. 1 2 Guicciardini, Storia d'Italia, IV, p. 212
  21. Martínez Laínez y Sánchez de Toca, 2021, p. 289.
  22. Baquer, M. A. (2006). La escuela Hispano-Italiana de Estrategia. Guerra y sociedad en la monarquía hispánica.
  23. Libro d'oro della nobiltà mediterranea.
  24. La verità svelata a’ principi o vero successi diversi tragici et amorosi occorsi in Napoli dall’anno 1442 sin all’anno 1688

Bibliografía

[editar]
  • Benassi, Umberto (1899). Storia di Parma. Cornell University. 
  • García Cereceda, Martín (1873). Tratado de las campañas y otros acontecimientos de los ejércitos del emperador Carlos V en Italia, Francia, Austria, Berberia y Grecia desde 1521 hasta 1545 · Tomo 12, Parte 1. Universidad de Indiana. 
  • Martínez Laínez, Fernando; Sánchez de Toca, José María (2021). El Gran Capitán. EDAF. ISBN 9788441441224. 

Enlaces externos

[editar]