nedow wrote in mcrish_fics 😣crappy

Listens: I Know It's Over [The Smiths]

Sonríe como si quisieras, (¿Por qué le puse un nombre tan largo?) capítulo sexto.

Título: Sonríe como si quisieras

Autor: Me, Myself and I. nedow

Pareja: Ligeramente Frank/Mikey, o al revés. (palabra clave: ligeramente).

Sumario: "Chico, algún día serás un hombre. Esperemos no cansarnos de esperarte"

Clasificación: Umm... digamos... PG13? bueno, quizá quince en lugar de trece.

Negación: Nada es mío, más que el uso indiscriminado de las palabras.

N/a: Nada. La trama continúa. Sin beta, porque yo lo valgo.

Advertencias: Universo Alterno. Es muy tarde para pensar en otra cosa...

Primero
Segundo
Tercero
Cuarto
Quinto



Sonríe como si quisieras

Chico, algún día serás un hombre. Esperemos no cansarnos de esperarte.


VI. Algunas veces estos ojos olvidan la cara desde la cual ven.

Puff fue el ruido que hizo el cuerpo del chico al estrellarse contra el pavimento, aunque no fue una caída muy aparatosa. Crack fue como sonó cuando el pelirrojo que lo sostenía golpeó su cabeza contra el suelo.

Y Oi fue lo que gimió cuando dicho pelirrojo le pateó inclemente las costillas.

Michael se encogió con cada golpe, observando sin atreverse a más. Sin embargo, al ver el brillo plateado de un arma surgir entre las ropas del pelirrojo, recuperó su tamaño.

—¡Detente!—gritó, tomándolo de un brazo.

El pelirrojo obedeció, pero le miró con una ceja arqueada— No sabía que te gustaran los niños, James

Michael se sonrojó— No seas idiota, Harry. Si lo matas, obviamente no podrá entregar tu mensaje—logró que su voz tuviera el toque de frialdad que lo caracterizaba— e incluso… viendo cómo lo dejaste, dudo que sea capaz de recordarlo—acabó con una ceja arqueada.

Harry sonrió mientras le daba otra pateada al cuerpo inmóvil.

— Más le vale que lo recuerde… —suspiró— pero tienes razón, James. Gracias, creo que me estaba dejando llevar… ya sabes lo difícil que es parar una vez que empiezas—se rascó la cabeza—mejor voy a ir con Zeph… ¿Te lo dejo?

Michael asintió— Seguro, yo me encargo.

— Bien—sonrió Harry— eres genial, James, gracias

Michael esperó hasta que el pelirrojo se hubo perdido de vista. Seis cuadras. Suspiró y corrió hasta la figura caída.

Dios, ¿Qué rayos estaba mal con ese chiquillo?

— ¡Hey!—palpó con cuidado las costillas. Parecía que ninguna estaba rota, pero el chico estaba inconsciente.

Encontró una considerable grieta en su cabeza. Oh no.

Se inclinó sobre él, tomándole el pulso y cerciorándose de que respiraba— ¡Oye! ¡Despierta!

El chico parpadeó varias veces antes de emitir un sonoro quejido.

— Dios… ¿Qué rayos haces aquí?—preguntó, de pronto encontrándose con esos ojos castaños muy cerca.

Michael dio un salto hacia atrás— Encubierto, ya sabes. Tienes suerte de que Harry no te matara

— Uh…—su espina tronó mientras se levantaba, zigzagueando como si estuviera ebrio— me necesita vivo, rayos…

Michael lo sujetó antes de que cayera al piso— No llevas muy bien las contusiones, ¿Ah?

Frank gruñó— Sólo cállate. Tu voz empeora el dolor

Michael cerró la boca, sintiéndose de pronto ofendido. Asintió con la cabeza y soltó al chico, quien cayó limpiamente al piso.

— Auch—se quejó— ok, lo siento. Gracias…—se levantó tambaleante— no quería sonar grosero…

El otro resopló— Seguro—gruñó cuando el chico volvió a tambalearse, muy a pesar de él sosteniéndolo antes de que cayera al piso; de nuevo— Necesitas ir al hospital

El pelinegro sacudió la cabeza— Nada de hospitales. Sólo tengo que acostarme un ratito—murmuró algo parecido a “mi sofá”, pero el otro no estuvo muy seguro de entenderlo bien.

Michael se pasó una mano por el cabello, despeinándose— Como quieras… anda—se metió las manos a los bolsillos— vamos

Frank frunció el ceño— ¿Vas a ir conmigo?

— Obviamente—puso los ojos en blanco— a como vas tú solo, no pasas de la esquina…

El pelinegro resopló— No te necesito, ¿Sabes? Sé cuidarme perfectamente bien—comenzó a caminar y, prueba de la declaración, acabó dándose de bruces contra el piso.

—Señor, ¿Por qué a mí?—preguntó el de cabello castaño en voz alta, alzando las manos hacia la noche estrellada.

Pero no esperó respuesta; bajó las manos pesadamente y, resignándose a su destino, caminó hasta donde estaba tirado el chico para levantarlo de un jalón (al diablo con la delicadeza. Si el idiota no quería un hospital, pues que se jodiera) y echárselo al hombro cual saco de patatas.

— ¡Hey!—protestó su carga, débilmente.

— Te callas—gruñó— ¿A dónde?—preguntó, sin pensar en lo estúpido que sonaba contradiciéndose.

Iba a ser una larga, larga caminata. Y la hubiese preferido en silencio, pero necesitaba direcciones para poder llegar a dondefuera que viviese el mocoso; además de que tenía que asegurarse que el idiota no se hubiera jodido los sesos.

— Aquí, este es el edificio—gruñó, encajándole la barbilla en algún lugar de su baja espalda. (“No pienses en eso” le ordenó a su mente)— Y si vuelves a preguntarme algo, te parto la cara…

Michael contuvo la urgencia de partirle él la cara a ese chiquillo insolente. Porque era un buen policía, ¿Huh? Con todo y curso de primeros auxilios básicos.

— De acuerdo, sin preguntas. Sólo repite: Nombre, edad, manera en que tu cabeza acabó partida en dos…

El chico puso los ojos en blanco, no que Mikey pudiera verlo, pero contestó— Frank, 18, encuentro cercano con el pavimento, ¿Satisfecho?

— Es mejor que tu otra respuesta de hace rato— “Tommy, Huh y ¿Huh?”— Lo cual significa que estás ganando lucidez—lo dejó caer en el piso sin mucha ceremonia, pero cuidando de no lastimarlo más. Ja, policía del año— No que hubiera mucha para ganar desde un principio, pero algo es mejor que nada

El pelinegro se levantó, aún un poco mareado, y decidió ignorar el insulto mientras le quitaba imaginarias motas de pelusa a su ropa. El edificio en el cual se escondía su madriguera, es decir hogar, se erguía alto y pavorosamente familiar. Los tres pisos que tendría que subir con ese horrible dolor en el costado.

Igual que siempre.

— Vamos—gruñó el de cabello castaño, internándose en el edificio. Frank lo había considerado un niñato la primera vez que le había visto, pero ahora se daba cuenta (con un tinte de alarma mental parecido a “¡Pisa y corre!”) que el maldito bastardo podía ser muy mandón. Policía, eh…

Y lucía mayor cuando estaba molesto.

Frank caminó tras él, poniendo especial cuidado en cómo colocaba sus pies sobre el suelo. Para no romper con la costumbre, el elevador estaba descompuesto. Y quizá el casi rubio era mucho mejor persona que él mismo, porque ciertamente estando en roles opuestos jamás se habría detenido a ayudarle a llegar sano y salvo al apartamento.

Pero sólo quizás. Porque si alguien se daba el lugar de héroe, no importaba si llevaba placa o no, era regla universal invisible que dicho héroe no se iba a burlar.

Así que no. Estúpido policía como todos los demás.

Abrió la puerta con su llave y el par de trucos que conocía sobre cerraduras, se metió y cerró de un golpe.

Sólo para congelarse dos segundos después. Había algo, algo extraño y perverso, en el fondo de su mente que no le permitió alejarse del dorso de su puerta. “Gratitud” gritaba la cosa perversa. ¿Gratitud por qué?

“Porque te cuidó la espalda. ¿Cuántos te cuidaron la espalda?” Chilló la cosa.

Genial, ahora sostenía conversaciones con su no-conciencia.

No contaba que le hubiera ayudado. Era un policía corrupto “Por su hermano. Ayuda a la familia” y le convenía que él estuviera contento para que no hablase.

¿Qué gratitud le podía tener a un policía corrupto; uno que lo había engañado y burlado más de dos veces?

“La doble moral no te queda, Tommy… ¿A quién le dices papi ahora?”

Golpeó la frente contra la puerta; duro. Dos veces. Luego giró la perilla y abrió.

— Disculpa, ¿Quieres pasar? Puedo darte algo de beber, o de comer—Su madre sonreiría si le viera siendo tan buen anfitrión. Oh sí, olvida las drogas, el sexo, el dinero sucio, los robos, la sangre y otros fluidos corporales… su madre estaría orgullosa de ver que conservaba los modales intactos— O puedes gritarme, no sé…

El aludido parpadeó varias veces, luego se encogió de hombros— Algo de tomar estaría bien… estás algo pesado, pero supongo que no es tu culpa ser tan idiota como para meterte con Harry.

Frank, en toda su gala de educación relegada, decidió ignorar el insulto de nuevo. Le señaló el sillón (su sofá favorito) en la sala y caminó hasta la cocina.

— Tengo cerveza y soda, ¿Qué quieres?—preguntó.

— Soda está bien—contestó el otro. Frank sacó una lata y se la llevó.

— Umm… ¿Y cómo está tu hermano?—preguntó después de un rato, cuando el silencio se hacía muy incómodo estando sentados en el mismo sofá.

Michael terminó la soda y frunció el ceño— Está bien, creo. No ha hecho más idioteces… espero—gruñó— parece que comenzó a ver a alguien, una chica quiero decir… y espero que eso lo mantenga distraído un rato—suspiró, exasperado.

Frank pareció captar algo de la dinámica— ¿Tu hermano mayor siempre se mete en muchos problemas?

El otro se mordió el labio antes de contestar— Gerard es una buena persona. Es brillante en lo que hace, pero no sabe manejar a la gente. Es al revés, la gente a su alrededor lo maneja… y no sólo no sabe defenderse, los deja ser además de que esconde toda la mierda bajo la alfombra hasta que es tanta que no puedes caminar sin embarrarte los zapatos…

Arrugó la nariz en disgusto— Entendí la metáfora… no necesitas ser tan específico

El otro rió— Vaya, pero qué delicado—le dijo, burlón. Pero sano, sin que se ofendiera.

Arqueó una ceja, extrañado del cambio de actitud. El otro sólo suspiró ante el mudo cuestionamiento.

— Supongo que tenemos que pactar una tregua, ¿No?—arqueó ambas cejas— Estamos del mismo lado… creo.

“Creo”

Tan del mismo lado estaban que el sólo verlo le hacía escupir bilis, a veces. Tanto así que ya lo había besado, lo había extorsionado y le había robado indirectamente.

Definitivamente del mismo lado. Sólo otro conocido cualquiera.

— De acuerdo, cese a las hostilidades, silencio sobre todo lo demás y una bebida de vez en cuando o no sé qué más quieras. Pero no somos amigos—sentenció el pelinegro, cruzando los brazos.

Michael sonrió— Por supuesto que no. ¿Socios a conveniencia quizá?—sacudió la cabeza— cada día estoy peor. Hazte un favor, Tom, y mantente alejado de Harry—se tronó los dedos de las manos— va a caer. Y duro. No te conviene estar cerca.

Asintió débilmente— Umm… ¿Sabes? Es él quien me busca. Yo lo evito desde hace tiempo.

— Le debes dinero—concluyó el otro.

— Un poco—trató de defenderse— y es que estos días no han estado muy buenos últimamente, pero le voy a pagar y…

— ¿Estás tratando de justificarte?—le interrumpió el otro— Sabes que su banda es peligrosa, espero. Y no debería decirte, pero cuando los atrapemos ninguno se va a salvar. Ni siquiera tú—se levantó.

Frank miró decididamente hacia el techo hasta que escuchó la puerta cerrarse. Sólo entonces se levantó de golpe y pateó la mesita de centro.

— ¡Argh! ¡Estúpido jodido hijo de puta, cabrón, pendejo, mierda…—suspiró, volteando cosas en toda la sala. ¿Quién se creía ese idiota que era?

— Dios mío, cielo… ¿Otra vez hiciste una fiesta y no me invitaste?—preguntó Sarah, detenida en la entrada con una bolsa de papel en las manos: la compra de la semana. Presuntamente comida.

Por alguna extraña razón, la voz de la mujer hizo que se le pusieran los pelos de punta. Avanzó en grandes zancadas y se encerró en su cuarto; dejándola bastante perpleja. No estaba de humor para nada, ni nadie.