jueves, 29 de octubre de 2026

Ese AVE maldito y exterminador, que aletea sobre una España pretenciosa

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (13 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Demasiados proyectos de alta velocidad, demasiada fanfarria oficial, demasiada credulidad pública, demasiado gasto, demasiados daños: derroche presupuestario, eliminación inducida de líneas tradicionales, servicios y estaciones, es decir, escaso beneficio social, encarecimiento de pasajes aun significando una parte pequeña del coste real, daños ambientales, culto estúpido a una velocidad innecesaria, tecnología utilizada políticamente como activo, brillo y excelencia, alto riesgo, inevitable, de accidentes catastróficos...


Accidente de Adamuz, enero de 2026 (EFE).

Tampoco yo, que pedí en 1986 a la Fundación de los Ferrocarriles Españoles que acometieran el estudio de impacto ambiental del tren de alta velocidad que acaba de anunciar el Gobierno socialista para tenerlo a punto durante la Expo de Sevilla de 1992, pude imaginar los resultados infames, de todo tipo, que ese tren nos ocasionaría. A mí me preocupaba la ligereza con que esa infraestructura novedosa, pero de evidente gran impacto, se asumía sin más, sobre la inexistencia de legislación de impacto ambiental. Y conseguí de la sensibilidad de esa Fundación que me encargara un Estudio de Impacto Ambiental ajeno a legislación alguna, pero que pronto se hizo perentorio cuando Bruselas lo exigió al Ministerio de Transportes como condición para financiar el proyecto.

Fue, en efecto, la chulería y el exhibicionismo de aquellos sevillanos en el poder (Felipe González, Alfonso Guerra), que se dejaron fácilmente encandilar/presionar por sus compadres socialistas franceses y la tecnología de su TGV, lo que nos dio el AVE, que inicialmente se llamaba NAFA (Nuevo Acceso Ferroviario a Andalucía), con velocidad prevista de 250 km/h y que se erigía como una alternativa aparente al trazado por el paso de Despeñaperros.

Luego se fue desencadenando el “AVE para todos”, que las campañas electorales y el populismo/pueblerinismo de nuestros líderes políticos pretendía, hasta llegar, sin justificación ni sensatez alguna a los más de 2.000 km actuales “segundo país del mundo tras China”. Y quedaba instituida la velocidad ferroviaria de los 300 km/h, saltando sin malla ni medida sobre las velocidades “sociales” de 200 km/h en algunos tramos, pero sin abandonar las tecnologías “a la medida del hombre”, que en ética y política no se deben traspasar impunemente.

Pero más de un centenar de muertos en un mismo año es demasiado e intolerable, por lo que hay que actuar y exigir que los poderes públicos se pongan a la faena, dejándose de tonterías exhibicionistas que no hacen ninguna falta y nos castigan, de forma implacable.


Accidente de Urda, octubre de 2026 (infobae).

1) Congélense, pues, como primera medida, o sométanse a moratoria, todos los proyectos de AVE, haciendo oídos sordos a tantos líderes autonómicos que parece que con el AVE van a hacer grande a su tierra.

2) Redúzcase sustancialmente la velocidad actual estándar a niveles no superiores a 200 km/h, que ya está bien, si es que se trata de competir con la carretera y sus 120 km/h máximos.

3) Reconózcase que los costes de esos AVE son faraónicos, puro derroche financiero que en realidad nunca se podrá pagar, con resultados escasamente sociales (por no decir, claramente antisociales).

4) Atiéndase a las demandas de las asociaciones de defensa del ferrocarril, dirigidas hasta ahora sin grandes esperanzas a la reapertura de varias de las líneas que el ministro socialista Enrique Barón cerró el 1 de enero de 1985, arrebatado, como todo su Gobierno, por el impulso a eliminar líneas consideradas (económicamente) deficitarias, presa del liberalismo escasamente matizado de sus pares al mando del país. Las poblaciones de Urda y Los Yébenes, sin ir más lejos, por las que discurren los AVE sin detenerse, disponían de un servicio ferroviario Madrid-Puertollano con conexiones a la red nacional, pero lo perdieron al ser “elegidas” en el trazado de la alta velocidad Madrid-Sevilla.

5) Reconózcase, al tiempo, que los daños ambientales derivados de  las exigencias que la alta velocidad impone a la geografía, con curvas amplísimas y mínimas pendientes, superan en muchos casos lo sostenible, deformando para siempre el territorio y el paisaje y degradando además los ecosistemas afectados.

6) Elimínese la competencia en la red ferroviaria, porque es generadora de malos pensamientos por mor de la competitividad y las ventajas relativas, que siempre llevan a la reducción de costes en personal e, inevitablemente, seguridad.

7) Retómese la política de ferrocarriles como una causa nacional de equilibrio e integración social y territorial, así como de reducción de daños ambientales y perjuicios sociales. Vuélvase al “espíritu” del Plan General de Ferrocarriles de 1986, en mala hora fulminado por el ventarrón del AVE, y vuélvase a la conveniencia de hacer más tupida la red actual.

8) No se tema (no se tema demasiado: actúese con la prudencia debida), lesionar a ese (temible, bien es verdad, por lo poderoso) “bloque” de intereses formado por las grandes empresas del transporte, del petróleo y del automóvil (ahí es nada, pero es necesario); tómese como objetivo y con especial ahínco el reducir los tráficos por carretera de mercancías en primer lugar, y también de automóviles de uso individual o familiar.

9) Evítese a los ministros bocazas, tipo Óscar Puente, que glosan al AVE sin saber de lo que hablan y descártense a la cabeza de la política ferroviaria a economistas liberales (siempre peligrosos) y a tecnólogos incultos (muy abundantes): unos y otros han creado un monstruo al que amamantan contra toda lógica y sensatez.

10) Reconózcase que la envergadura de los daños, humanos en primer lugar, son inadmisibles, que dos accidentes masivos y mortales en un mismo año, con un centenar largo de víctimas mortales destrozadas, resulta absolutamente intolerable, y no pueden dejarse pasar como si nada, o como si se pudiera volver a las andadas pasado el trauma. Que la tecnología implicada en la alta velocidad no puede darse (tampoco) por segura, al menos en relación con los desastres que implican sus fallos.

       Yo propondría, como iniciativa urgente y necesaria, un seminario intensivo a los actuales decisores en materia ferroviaria sobre los desastres que implican las prisas, es decir, el virus, dejado en libertad, de la velocidad a todas luces excesiva del AVE, por el alto riesgo que comporta. Y que dejen de mirarse en China o Japón, que en Europa la alta velocidad hace tiempo que se estancó y es de irresponsables arrogarse el liderazgo en esa tecnología.

martes, 27 de octubre de 2026

Convocan una huelga de consumo en grandes superficies todos los miércoles hasta el 11-N

 

      Coordinador de la sección de economía en El Salto.


El Sindicato de Inquilinas, Justicia Alimentaria y la organización de consumidores Facua hacen un llamamiento a no comprar en supermercados de grandes cadenas cada miércoles hasta la huelga general.


Entrada de un Mercadona en Madrid. Elvira Megías.


      No es el precio de la vivienda lo único que ha subido más que los salarios en los últimos años ni lo único que se ha comido el poder adquisitivo de las familias. La alimentación, en lo que las rentas bajas se gastan gran parte de sus ingresos, ha sufrido unos procesos de inflación que superan con creces a la cesta media que marca el IPC y que se suele trasladar a las nóminas.


La cesta de la compra cada vez es mucho más cara.

La cesta de la compra cuesta hoy más de un 40% más que en 2019, según datos del INE, mientras que el salario medio ha subido un 21,9% en el mismo periodo. 

Todo ello bajo la sospecha de que las grandes cadenas de supermercados no sólo siguen aumentando sus beneficios, sino que también han acrecentado sus márgenes y aprovechando la inflación para subir más los precios todavía.


Una persona entrando a hacer la compra en un supermercado de la cadena Mercadona. David F. Sabadell.

“El alquiler se come los salarios y la cesta de la compra no deja de subir, mientras unos pocos baten récords de beneficios con lo que necesitamos para vivir, un techo y un plato en la mesa”, es la conclusión a la que han llegado de forma conjunta desde la Confederación del Sindicato de Inquilinas (CSI), la ONG Justicia Alimentaria y Facua-Consumidores en Acción, que se han unido hoy para lanzar una huelga de compras. “Comer no puede ser un privilegio. La rebaja de precios tiene que salir de los beneficios de las grandes distribuidoras, no de quien produce los alimentos”, ha declarado Javier Guzmán, director de Justicia Alimentaria.

La idea es simple: no comprar los miércoles en los supermercados, hipermercados ni grandes cadenas de aquí al día de la huelga general. En cambio, animan a realizar esas compras en el comercio de barrio, en cooperativas o directamente a productoras. “La huelga de compras no va contra el pequeño comercio ni contra las trabajadoras de los supermercados”, explican en un comunidad conjunto las tres organizaciones e invitan a esos colectivos a sumarse a la huelga general. 

Las tres organizaciones han presentado sus reclamaciones ante esta nueva convocatoria de huelga de consumo que se encuadra en el camino hacia la huelga general por la vivienda del 11 de noviembre. Todas se suman a la petición de rebajar los alquileres de un 50%, ligados a los ingresos, como pide la huelga general del 11N, y control de precios en la cesta de la compra, la energía y el transporte. Justicia Alimentaria, además, propone una cesta de alimentos básicos a precio justo, cuya rebaja salga de los beneficios de la gran distribución y no de quien produce. Facua, por su parte, pide topes a los márgenes de beneficio de las grandes cadenas y doble etiquetado, para que se sepa lo que se paga en origen. “Tenemos derecho a saber cuánto se paga en el campo y cuánto se queda la gran distribución”, ha afirmado Rubén Sánchez, secretario general de Facua-Consumidores en Acción.

Además, las unión de organizaciones hace también un llamamiento a colectivos, asociaciones, sindicatos, cooperativas, comercios y otras entidades para que se sumen a la campaña como firmantes a través del formulario de adhesión disponible. Las entidades firmantes aparecerán en la lista pública de la campaña y en las redes sociales de las organizaciones convocantes antes del 11N.

“El casero y el patrón nos aprietan por los dos lados. Y en la caja del súper, también. Si dejamos de comprar a la vez, lo notan”, ha señalado Aldo Reverte, de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, que siguen con la mirada puesta en la huelga general de noviembre pero que empiezan a calentar motores, y señalar a otros actores, con esta huelga de consumo en grandes superficies durante los próximos miércoles. “El 11N, el comercio de barrio también puede bajar la persiana”, cierran en el comunicado.


Fuente: El Salto

lunes, 26 de octubre de 2026

Un fantasma recorre Europa: los jóvenes se echan a la calle contra la falta de expectativas

 

 Por Alberto Mesas   
      Periodista. Master en Estudios Avanzados en Comunicación política.


De Madrid a Tirana, pasando por París, Lisboa, Bruselas, Viena o Roma. Cientos de miles protestan contra el negocio de la vivienda, el deterioro de los servicios públicos, la precariedad laboral o las políticas de austeridad.


     Trabajar, estudiar y esforzarse al máximo para tener una casa propia, un trabajo estable y un futuro próspero. En ese mantra repetido por gobiernos liberales de todo pelo –también socialistas– han crecido millones de jóvenes de toda Europa. Hace casi 20 años, la Troika y las políticas austericidas comenzaron a erosionar el pacto social basado en el bienestar. Hoy, esas políticas de recortes y privatización de lo público continúan castigando a una generación que vive mucho peor que la de sus padres. 

Cientos de miles de jóvenes en España, Francia, Bélgica, Portugal, Italia y Albania llevan varias semanas saliendo a la calle y movilizándose por la dificultad de acceder a una vivienda digna, la pérdida de poder adquisitivo o el deterioro de los servicios públicos. Algunas de esas manifestaciones han pasado de recoger reivindicaciones concretas para derivar en una protesta más global de hartazgo que clama contra las élites económicas y en muchas ocasiones cuestiona el funcionamiento del propio sistema.

“Hay que tener en cuenta que venimos asistiendo a un deterioro importante del funcionamiento de las democracias liberales”, expone el profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid Luis García Tójar. Para el profesor, ese deterioro “es consecuencia de los recortes en el Estado del bienestar, que han provocado el crecimiento del descontento social”. Tójar explica que ahora, como hace un siglo, ese malestar está siendo aprovechado por los partidos de ultraderecha, y que las movilizaciones de los jóvenes son una respuesta a esta crisis.

Las redes sociales y los contactos entre colectivos estudiantiles, sindicatos y asociaciones están contribuyendo a que las marchas en un país sirvan de referencia para las de otro. Las acampadas en España, por ejemplo, han inspirado iniciativas similares en Portugal, mientras que las protestas francesas han coincidido con nuevas movilizaciones en Bélgica e Italia.

“Estas protestas tienen un elemento común, que es la juventud, y eso las hace aún más confluyentes”, continúa Tójar. “Aún es pronto para decir si el malestar de los jóvenes con las instituciones políticas puede resultar en una nueva conciencia política, pero es una posibilidad”, añade. De momento, el clamor de las calles se ha colado en las agendas políticas de varios gobiernos.

España: el desahucio de Maricarmen prende la mecha

En España las protagonistas son las acampadas por la vivienda que se han instalado en las plazas de múltiples ciudades.


Acampada en Sol, el pasado 26 de septiembre.

El desahucio de Maricarmen Abascal, cuyo alquiler había subido de golpe un 230% después de que un fondo buitre se hiciera con su casa, desencadenó las movilizaciones impulsadas por el Sindicato de Inquilinas a finales de septiembre.

Las primeras protestas pedían bajar el precio del alquiler, el fin de los desahucios y poner coto a la especulación por parte de los fondos buitre, y aunque las movilizaciones tienen un carácter bastante transversal e intergeneracional, los jóvenes han acabado asumiendo el protagonismo, y las acampadas se han convertido progresivamente en un espacio asambleario de organización.

“Se ha logrado más en ocho días que en ocho años de una legislatura supuestamente progresista”, destaca Beatriz García de la Torre, integrante y portavoz del Sindicato de Inquilinas, que critica que “el gobierno progresista ha sido incapaz de aprobar mejoras para la vida de las personas”.

García de la Torre insiste en que “la verdadera legislatura de la vivienda ha comenzado gracias al sindicalismo de base y a la organización del poder popular. Los decretos que hoy están sobre la mesa son solo el primer paso, pues lo que queremos y necesitamos son medidas estructurales y no parches en materia de vivienda”. Para el sindicato, el motivo de que los partidos políticos no sean capaces de priorizar el derecho a la vivienda es “que tenemos un Congreso secuestrado por el rentismo que legisla para esa minoría del 4% sin importarles las necesidades de sus propios votantes”.

De momento, esa organización en las plazas y acampadas ha logrado impulsar una huelga general para el próximo 11 de noviembre. “Esta huelga no va contra un gobierno concreto, va contra los rentistas, las grandes empresas y la patronal que siguen haciendo negocio con nuestras vidas, y contra todos los gobiernos que sostienen sus privilegios”, aclaran desde el Sindicato de Inquilinas.  

Es imposible no establecer similitudes entre las actuales acampadas por la vivienda y las del 15M en 2011. Para García Tójar “las actuales protestas de las plazas están mejor organizadas que las de entonces. El papel del Sindicato de Inquilinas está siendo decisivo como núcleo de la movilización, y sus líderes están dirigiendo la acampada con buena inteligencia táctica, aprovechando la coyuntura de la inesperada campaña electoral y el apoyo de otros movimientos de protesta como el del profesorado”.

El profesor también comenta que aquella generación del 15M “aceptó el reto de los viejos partidos para hacer política institucional, se crearon nuevas formaciones y despertaron energías políticas creativas”. Sin embargo, prosigue Tójar, “por ahora el resultado de esa institucionalización del movimiento político surgido del 15M es más bien escaso, o al menos no está a la altura de las expectativas despertadas”.

Portugal: acampadas por la vivienda en el centro de Lisboa

Como en España, en Portugal la crisis de la vivienda se ha convertido en el desencadenante de importantes movilizaciones que reclaman alquileres asequibles, mejores salarios y medidas contra el encarecimiento de la vida. Lo que empezó con manifestaciones en Lisboa y Oporto, se está desarrollando con una acampada en el centro de la capital.

“Nuestras vidas son más importantes que los beneficios de los bancos, obtenidos mediante los intereses de nuestros créditos, o que el negocio especulativo de los alquileres”, aseveran desde el movimiento Porta a Porta – Casa para Todos.


Porta a Porta – Casa pàra Todos.

El colectivo asegura que “los problemas actuales de la vivienda no son coyunturales, estamos ante un problema estructural y profundo sobre el que urge actuar y contra el que es imprescindible luchar, exigiendo y construyendo soluciones”.

En Portugal, la chispa de la indignación prendió tras el anuncio del Gobierno conservador de Luís Montenegro de lanzar un proyecto de ley para darle más poder a los caseros. De aprobarse en el parlamento, el texto promovido por el Ejecutivo otorga a los propietarios de viviendas más poder para decidir, por ejemplo, cuándo acaba un contrato, o si se prorroga, además de poder pedir hasta tres meses de fianza por adelantado.

“Esta ley no puede salir adelante. Queremos respuestas muy concretas y las queremos ahora”, reclama Dejanira Vidal, una de las portavoces de Porta a Porta, que asegura que las movilizaciones continuarán hasta que el Gobierno responda a sus demandas.

A lo largo de este mes de octubre, se han sumado las movilizaciones convocadas por la Confederación General de Trabajadores Portugueses (CGTP), el principal sindicato del país, y decenas de miles de personas han recorrido el centro de Lisboa para exigir subidas salariales, mejores pensiones y servicios públicos, y medidas contra el encarecimiento de los productos básicos. El ministro de Asuntos Parlamentarios, Carlos Abreu Amorim, ya ha asegurado que el Gobierno no cedería ante las presiones de la calle.

Francia: los estudiantes toman la Bastilla

En Francia el movimiento empezó a mediados de septiembre en Créteil, en los suburbios del sureste de París. Allí, miles de estudiantes de secundaria se sumaron a las reivindicaciones de sus profesores reclamando más recursos y mejores condiciones para la educación pública, que adolece de falta de docentes, aulas masificadas y el deterioro de edificios. Las imágenes de los primeros piquetes en centros educativos se difundieron rápidamente a través de las redes sociales, y eso ayudó a que las protestas se extendiesen a otras ciudades del país como Marsella, Burdeos, Niza, Nantes o Limoges.

La federación sindical de estudiantes Union Étudiante afirma que lo que se está viviendo estas últimas semanas en Francia “expresa la ira de los jóvenes ante el desprecio que sufren”, y acusan a Emmanuel Macron y los sucesivos gobiernos de “diez años de políticas antisociales y discriminatorias que han deteriorado nuestras condiciones de vida y de estudio”.


Union Étudiante – La principal unión estudiantil de Francia.

El sindicato insiste en que haya reformas “para permitir que todo el mundo pueda estudiar dignamente”, y aseguran que “las intimidaciones y la violencia policial no nos harán callar. Creen que apagan el movimiento, pero no hacen más que avivarlo […] Será mediante la huelga, que recuerda a los poderosos que no son nada sin quienes trabajan, como conseguiremos que nuestras reivindicaciones sean atendidas”.

Sin embargo, la movilización estudiantil ha dado paso a la exhibición de un malestar mucho más amplio que enlaza con el encarecimiento de la vida, el aumento del precio del combustible, la desigualdad y la falta de respuesta por parte del gobierno y la política, atrayendo a sectores de movimientos anteriores como los famosos chalecos amarillos.

Albania: flamencos contra la corrupción

Albania es otro de los países europeos donde han surgido multitudinarias protestas, en este caso contra la corrupción, la falta de oportunidades y la desconfianza hacia un Gobierno al que una parte importante de la opinión pública acusa de favorecer a las élites económicas. Desde el 13 de octubre, las movilizaciones se han extendido por la capital, Tirana, y otras ciudades, con enfrentamientos entre manifestantes y policías, algunos disturbios y llamamientos a la dimisión del primer ministro, Edi Rama.


Imagen de las protestas en Albania.

No obstante, las manifestaciones se remontan a este verano, cuando miles de personas se echaron a la calle para mostrar su rechazo a un proyecto turístico de lujo en la costa sur del país. El movimiento fue bautizado como “la revolución de los flamencos”, ya que el complejo, vinculado al yerno de Donald Trump, está previsto que se construya en Zvërnec, una zona protegida cercana a la laguna de Narta, donde habitan grandes colonias de flamencos.

“Para nosotros, la destrucción de la costa albanesa no es un asunto aislado, sino un síntoma de problemas más profundos, entre los que se incluyen la corrupción, la concentración de poder y la falta de rendición de cuentas”, señalan desde el movimiento Flamingo Revolution.

Así, con el paso de los meses el movimiento estudiantil ha acabado convirtiéndose en el principal motor de las manifestaciones. Entre sus reivindicaciones están la mejora de las condiciones en las universidades, la reducción de las barreras económicas para acceder a la educación superior, más ayudas estatales para los estudiantes y mejores perspectivas laborales después de graduarse.

Los jóvenes denuncian que la falta de recursos educativos y las dificultades para encontrar un trabajo digno limitan sus posibilidades de construir un futuro en el país. Desde el movimiento aseguran que “muchos jóvenes albaneses sienten que no pueden labrarse una vida digna en su propio país debido a la corrupción, la falta de oportunidades y la concentración del poder en manos de una pequeña élite política”. Según el propio INE albanés, casi el 80 % de los albaneses emigrados se fueron entre los 15 y los 34 años.

Por su parte, el primer ministro –en el cargo desde 2013– ha culpado a “actores externos” de alimentar los disturbios y ha defendido que las protestas violentas ponen en peligro el futuro del país. El movimiento, por su parte, ha dejado clara su desconfianza hacia los partidos tradicionales, y propone “un gobierno técnico de transición temporal e independiente que garantice un proceso electoral justo y permita a los ciudadanos elegir libremente a sus representantes, sin interferencias por parte de las mismas estructuras de poder político y económico que han contribuido a la actual crisis”.

Bélgica: movilizaciones contra la austeridad del Gobierno

En Bélgica la protesta también ha mutado. Primero se centró en demandas como el precio de las matrículas de acceso a la educación superior, el encarecimiento del transporte público y las dificultades para conseguir material de estudio, pero en las últimas semanas el descontento ha girado hacia las políticas de austeridad del Gobierno de Bart De Wever que, entre otras cosas, pretende reformar el sistema de pensiones y de prestaciones por desempleo, y subir el IVA general del 21% al 22%.

Uno de los puntos de fricción es el incremento de las tasas universitarias para buena parte de los estudiantes de la comunidad francófona, que pasan de 835 a 1.194 euros. Los manifestantes denuncian que cursar estudios superiores se está convirtiendo en un privilegio en lugar de ser un derecho accesible para todo el mundo.

La influencia de Francia ha contribuido a reactivar las movilizaciones. Algunos estudiantes belgas han reconocido que las protestas al otro lado de la frontera les han animado a intensificar sus propias reivindicaciones.

‘Querida Italia, ¿cuánto nos cuestas?’

Bajo ese lema, la organización estudiantil Unione degli Universitari (UDU) ha organizado acampadas de estudiantes frente al Parlamento y en distintas universidades. En Italia, la indignación de los jóvenes por la pérdida de poder adquisitivo, los salarios estancados y las dificultades para acceder a una vivienda asequible ha desembocado en una oleada de protestas que ha recorrido varias de las principales ciudades del país.

“Hemos vuelto a las tiendas de campaña porque, después de acampar hace tres años en toda Italia, en materia de vivienda solo hemos visto empeoramientos”, comenta Sabrina Brizzola, coordinadora de la UDU, que incide en que “en Italia, vivir se ha convertido en un ejercicio de supervivencia y estudiar es un privilegio para unos pocos”.

Milán está siendo el epicentro de las manifestaciones y el reflejo de un malestar que clama por mejores sueldos, medidas contra el encarecimiento de los productos básicos y los combustibles o la defensa de los servicios públicos. Tal y como reflejan los datos del INE italiano, en el último año la inflación ha subido un 4,2 % interanual, y afecta especialmente a la energía y los alimentos frescos, mientras que el alquiler también se ha incrementado casi un 4% de media.

“Los jóvenes y estudiantes no conseguimos llegar a fin de mes, no podemos pagar el alquiler ni asumir las subidas de las facturas. La cesta de la compra es cada vez más cara y eso nos impide tener garantizado nuestro derecho a estudiar”, prosigue Brizzola.

Con elecciones previstas para 2027, el Ejecutivo de Meloni ha intentado poner el foco en los episodios de violencia, mientras la oposición insiste en remarcar el malestar social. En Roma, la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), el principal sindicato del país, anunció una huelga general para el próximo 20 de noviembre.

Como comenta el profesor Tójar, el modelo de Estado de bienestar fue la respuesta institucional en Europa a la lucha de clases del siglo XX. Pero “ahora está en retirada. Si la política institucional quiere apaciguar el descontento debe volver a ese modelo, que ahora será más complejo y más caro. Mientras esa solución esté bloqueada, habrá más protestas por la derecha y por la izquierda”, sentencia.

Fuente: Ctxt

domingo, 25 de octubre de 2026

Lo Perentorio

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     De Portugal a España, de Francia a Bélgica, de Alemania a Grecia... Protestan por el coste de la vivienda, por los recortes educativos, por la congelación de las pensiones, por el disparado coste de la vida, por la creciente militarización y el gasto militar mientras se recortan partidas sociales. Un fantasma recorre Europa, como aquél al que se refería Karl Marx en 1848.

Porque el edificio social no se aguanta. Llevamos demasiado tiempo huyendo hacia adelante, acumulando contradicciones y ahondando en la insostenibilidad general de nuestro sistema, sin dar soluciones reales a nuestros problemas, sin atrevernos a plantear lo que tenemos que plantear.

Suelo comentar en las charlas que la consolidación de la socialdemocracia en Europa tras la Segunda Guerra Mundial es consecuencia de un pacto en el que los partidos de izquierda renuncian a hacer la revolución pendiente hacia el socialismo o el comunismo, en tanto que el capital se compromete a ofrecer una cara más humana, apostándose por un refuerzo del Estado del Bienestar. Eso ha permitido que, durante décadas, no haya habido un cuestionamiento abierto del capitalismo por parte de los partidos dichos "de izquierda". En el largo plazo, eso ha hecho que la frontera ideológica entre la izquierda y la derecha haya quedado un tanto diluida, hasta el punto de que, antes de la crisis de 2008, parecía que lo único importante era su posicionamiento en materia de libertades individuales y una visión más tradicionalista o más innovadora de la sociedad. La política económica era prácticamente la misma entre los partidos con posibilidades de gobierno, y las políticas sociales (donde había más diferencias de criterio) no podían en ningún caso contradecirla, por lo que, cuando llegó la crisis del 2008, hasta los gobiernos de izquierda aplicaron recortes sociales.

Pero ahora estamos en un momento histórico. La fase expansiva del capital ha llegado a su fin. El mundo se le ha quedado pequeño. Los recursos empiezan a escasear (es un sarcasmo decir esto, si se tiene en cuenta su obscena abundancia: más que escasear, su disponibilidad ya no crece sino que mengua, pero sigue siendo gigantesca). Los problemas ambientales crecen y se multiplican. Y la estructura social se tambalea. 

En su búsqueda incesante del crecimiento, el capital está extrayendo renta de los últimos nichos que le quedan. Por un lado, ha apostado con fuerza por la última locura tecnológica, la Inteligencia Artificial, hinchando una enorme burbuja que inevitablemente tendrá que reventar. Por el otro, ha acaparado un bien de primera necesidad, al que todo el mundo se ve obligado a recurrir, la vivienda, de forma parecida a como ya lo hizo hasta 2008 y que llevó a la gran crisis de aquel entonces. Pero la crisis de 2008 fue una crisis hipotecaria, es decir, de compradores. En 2026 estamos en una crisis de alquiler. Ya no es poseer: es tener un lugar donde dormir, aunque no sea tuyo. Estamos llegando a las últimas posibilidades de exprimir el mercado de la vivienda. O más bien, de exprimir a las rentas del trabajo.

Lo de Ormuz no va mal. Va fatal. A Irán se le ha acabado la paciencia, y después de que los EE.UU. le hundiera 5 petroleros en septiembre se ha quedado casi sin capacidad de exportar. Después de varios intentos y avisos de que solo permitiría pasar barcos que bordearan la costa iraní, con pago de peaje incluido, la persistencia en burlar el bloqueo por el método de pasar por el lado de la costa de Omán, apagando el AIS de los buques y contar con escolta americana ha hecho que Irán dé un puñetazo en la mesa. En los últimos días ha hundido dos superpetroleros y dos buques portacontenedores, y en seguida el petróleo Brent ha llegado casi a los 110 dólares por barril. En las últimas semanas, Irán ha reiterado su disposición a abrir el estrecho con un "plan de 7 días", pero está claro que sus términos no son aceptables para los EE.UU. Así que la cosa solo puede ir a peor.

El precio del combustible está disparado en Europa, con valores por encima de los 2€ el litro en la mayoría del continente. Y la cosa puede ir a peor: el reciente desplome de los márgenes de refino hasta valores negativos hace que algunas refinerías en Europa se planteen reducir e incluso parar la producción. Puede parecer paradójico que justo cuando los combustibles son más caros las refinerías puedan perder dinero, pero en eso influye mucho la volatilidad del precio del petróleo físico y los compromisos de suministro a plazo. El precio del petróleo físico es aquel con el que llega a la refinería, e incluye tanto el precio de la materia prima en sí (que es el que se suele dar en las noticias) como el precio del transporte y de los seguros, ambos actualmente disparados por la mayor longitud de las rutas y por los riesgos enormes de transitar alrededor del Golfo Pérsico. Hace ya meses que el precio del petróleo físico supera habitualmente los 150$, pero con la reciente subida de precio del petróleo en sí y de los seguros (no ayuda mucho que se estén hundiendo barcos), ahora mismo supera frecuentemente los 170$, comiéndose los márgenes que hace unas pocas semanas habían llegado hasta los 100$ para el diésel. Así que el incremento del precio del petróleo puede, paradójicamente, llevar a cerrar refinerías, haciendo la escasez aún mayor.

Y recordemos que no solo el petróleo está varado en Ormuz. Falta gas natural, lo que es preocupante en Europa de cara al invierno, tanto por las necesidades de calefacción como para la estabilidad de la red eléctrica (ya se habla de reducir el consumo de gas un 7%). Faltan fertilizantes, justo cuando en unas semanas debería empezar la siembra del cereal de invierno. Falta ácido sulfúrico que afecta a la extracción de todo tipo de metales y minerales. Falta y faltará de todo.

Como consecuencia de todo ello, la vida es cada vez más cara. La inflación en España llegó al 4,9% este mes de septiembre, y hasta el 3,8% en el conjunto de la Unión Europea. ¿Y qué creen que pasará en los próximos meses? Que irá a peor. E, inevitable, en lontananza (o no tan lejos, nadie lo sabe con certeza), una gran crisis económica. Por tanto, en el horizonte tenemos más recortes, mayor coste de la vida, salarios congelados o a la baja y mayor precariedad laboral. En suma, más leña para el fuego social.

La gente que ha salido a la calle no sabe de Tasas de Retorno Energético, de ritmos de declive o de la inviabilidad material de la Renovable Eléctrica Industrial.


El sector fotovoltaico pide 945 millones para rescatar al 15% del sector.

Lo que saben es que su vida es cada vez más dura, más difícil, más estrecha.


Acampada por la vívienda en la Puerta del Sol de Madrid.

Estamos inmersos en un intenso proceso de empobrecimiento, el cual además será cada vez peor, porque el capital necesita a toda costa garantizar sus tasas históricas de ganancia, pero realmente no hay manera de mantenerlas en un mundo de recursos cada vez más escasos.

La verdad incómoda que nadie quiere asumir es que es necesario y urgente superar el capitalismo. Es necesario y urgente transitar hacia otro modelo económico que no necesite el crecimiento. Y cuánto más tardemos en hacer ese cambio, más degradación social habrá. Por sintetizarlo con un término (y dado que soy de la vieja escuela y me gusta usar palabras que condensan muchos conceptos pero que ya nadie utiliza), lo denominaré el Cambio Perentorio (perentorio: que es concluyente, definitivo, urgente o que no admite prórroga ni discusión). O, simplemente, lo Perentorio.

Algunos intentan esconder lo Perentorio detrás de banderas y cubrirlo con soflamas patrióticas. Que lo importante es la unidad de la Patria, y que la Patria está en peligro. Que, en cuanto "salvemos la Patria", todo estará arreglado. Sin embargo, lo Perentorio es internacional, no distingue de patrias ni fronteras: nuestra lucha aquí es en realidad la misma lucha de los franceses y los portugueses y, aunque en nuestro snobismo no nos demos cuenta, la misma de los latinoamericanos, los africanos y los asiáticos.

Otros intentan convencernos de que lo Perentorio es la inmigración, que todos los problemas nacen de una inmigración descontrolada, que si echamos a todos los inmigrantes nos irá bien. Pero en realidad el empobrecimiento creciente nace de la imposibilidad de mantener un capitalismo siempre creciente en un planeta finito, y con o sin inmigrantes esa situación se va a mantener. De hecho, la obsesión por criminalizar y marginar a los emigrantes, que son quienes hoy en día sostienen una parte fundamental del sistema productivo español y sobre todo la natalidad, resulta muy útil a un capital que usará su inseguridad social para continuar explotándolos y pagándoles salarios de miseria. La xenofobia y el racismo está al servicio de la explotación laboral, y de ninguna manera resolverán lo Perentorio. 

Otros, desde posiciones pretendidamente progresistas, insistirán una vez más en el fracasado modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, como si no estuviese hundiéndose, como si fuese capaz de resolver el problema de electrificar ese 70 y muchos por ciento del consumo de energía final que no es eléctrico.

Se enfrascarán en soluciones de carácter tecnológico por temor a abordar el problema de fondo, y es que lo Perentorio es social, donde se tiene que operar el cambio más profundo es en el modelo social.

Nadie quiere denunciar el capitalismo como lo que es, un modelo inviable. Nadie se atreve a proponer un abandono del capitalismo. Nadie tiene el valor de intentar cambiar el capitalismo y superarlo.

Las protestas y manifestaciones que han surgido en toda Europa nacen de la constatación de que los ciudadanos de a pié están huérfanos políticamente: nadie les representa, nadie defiende sus derechos, nadie se atreve a cuestionar a quienes los están machacando y desposeyendo. Por eso, solo pueden ir a más.

Quizá la oleada de protestas de hoy se apague con promesas reformistas tras las elecciones, por cansancio de los manifestantes o por medio de la represión más feroz. Pero lo Perentorio seguirá estando ahí. Y lo Perentorio no puede ser ignorado: necesita una respuesta, que tarde o temprano tendremos que darle.

También forma parte de lo Perentorio la situación ambiental y particularmente climática, y como, de nuevo, la única respuesta sensible al Cambio Climático es la superación del capitalismo, nadie se atreve a hacer nada efectivo sobre el tema, y algunos hasta se permiten dudar de que haya un Cambio Climático con argumentos cada vez más huecos y más estúpidos: "siempre hizo calor en verano", "siempre hubo incendios", "siempre hubo gotas frías", "siempre hubo inundaciones". Mientras esto escribo hay 850.000 personas confinadas en las provincias de Valencia y Alicante por culpa de unas precipitaciones monstruosas que en las últimas 24 horas han dejado 300 litros o más por metro cuadrado, en los puntos más extremos superando incluso los 700 litros por metro cuadrado. El Mediterráneo está más de 3 grados por encima de la media de temperatura de los años 80, y por culpa de eso solo podemos esperar que las lluvias torrenciales continúen durante las próximas semanas. Pero no sabemos si nuestras infraestructuras aguantarán eso. A todo el estrés social que supone lo Perentorio, hay que añadir una capa adicional de estrés causado por el Caos Climático.

Mañana por la mañana se ofrecerán sendas ruedas de prensa, en Barcelona y Valencia, enmarcadas en la iniciativa "Alerta el Niño". En ellas se exigirá a las administraciones locales (catalanas en el primer caso, valencianas en el segundo) que tomen medidas de preparación para lo que viene. Porque estas lluvias son solo el aperitivo de lo que va a venir el año que viene. Este Niño, de unas dimensiones nunca antes vistas, va a golpearnos con dureza inusitada, y debemos prepararnos ahora, cuando hay tiempo. Porque la emergencia no empieza cuando se desbordan los torrentes, se queman los bosques o la gente muere de golpes de calor. La emergencia empieza cuando conocemos el riesgo y decidimos no prepararnos.



Fuente: The Oil Crash