Mi lista de blogs

29 octubre 2026

INCÍVICO

 



Son trozos de papel,

pero no vinieron volando

o germinaron entre las plantas,

tampoco los plásticos, ni los envases

de esas comidas frugales

a la orilla del río,

en el remanso del paseo

que atraviesa, como columna líquida,

la espina dorsal de la ciudad.


Sí, las hay, y jalonadas a lo largo del paseo,

pero hacer buen uso de las papeleras,

implica haber asistido con atención a urbanidad

y militar en la consideración ajena.


No son cadáveres naturales,

por eso no los desintegra la tierra

y hasta hieren como vidrios rotos,

para todo aquel que se esfuerza

por el respeto a la naturaleza,

y también al prójimo.

28 octubre 2026

RESPLANDECE

 




Resplandece un fanal mortecino

en la nocturna calle a oscuras,

el silencio es profundo,

con textura de solidez.

La luna ha debido ocultarse

tras los visillos de su timidez

y la calma chicha lo preside todo.

Sobre los adoquines,

-fuera del campo de visión-

unos pasos titubeantes…

Sombra esquiva que se desintegra,

que licuada en la oscuridad,

se opaca y nunca asoma

en el campo de visión.

He perdido el sueño,

la fatiga y el abandono me mortifican:

ojalá oiga en mi auxilio tus tacones

y resplandezcas tú, y resplandezca yo.

27 octubre 2026

VARADERO IMPROVISADO

 




La nave venía un tanto escorada

de babor, con cierta querencia

que afloraba ostensiblemente

por la amura de la plomada

y le infería un traspiés de riego.


Avanzaba ceremoniosamente,

como en andas de las olas,

sin ritmo, sin otro vigor que la inercia,

como con desapego y cierto desatino;

tal vez, estridencias de su contramaestre.


Y resultó que el muy escaso calado,

-brazas despreciadas-

fue mal gestionado y a voleo,

como varadero fortuito y funesto.


De haber mediado la mesura,

con escasas brazas de respeto,

el cálculo seguiría siendo erróneo,

pero el incidente no hubiera saltado

por la borda y se habría hecho de nuevo a la mar.

26 octubre 2026

UN LARGO INVIERNO

 



Una voz, una orden,

una hibernación inducida y paralizante

de consecuencias insospechadas,

una vuelta atrás en el calendario

y más palos a las ruedas,

hasta conseguir frenarlas

y enfilar el terraplén.


Bostezos, sopor somnoliento

y un resuello a la esperanza,

con tal de que nunca pierda.

Un apósito de hielo que desentumezca

la enloquecida deriva de la rótula,

si acaso tiene todavía remedio.


Un largo e improvisado invierno,

ahora que enfilamos el templado otoño

con vocación de retroceso

y en medio de una dana que nos ahogan.



25 octubre 2026

DÍA DE LAS PERSONAS SIN HOGAR

 



El cobijo, el aposento, las raíces,

y la techumbre que cubre de la intemperie,

la patria nuclear e indivisible

donde perviven los arrullos de la abuela,

la escasez, la abundancia y el compartir,

la dependencia absoluta de los padres

y las urdimbres hacia el ser adulto.


En este hoy social,

al dictado de la especulación e incertidumbre,

la polaridad discursiva y la violencia,

tanto verbal como física, la motosierra del odio,

la amenaza invernal de la congelación

y el absoluto desarraigo.


En la esquina opuesta a la indigencia,

la opulencia descarnada, carente de escrúpulos,

los de los silos repletos alambicando pulir

mayores capacidades de acumulación,

los del apetito insaciable y la gula voraz:

la dos caras de una misma y miserable realidad.

24 octubre 2026

LAS PRIMERAS LLUVIAS

 




Por fin,

después de un retraso eternizado,

comenzó a otoñear,

en vísperas de que alteremos los relojes

y les forcemos a cambiar el paso.


Hoy es otra mañana,

otro ayer acomodado al calendario

que viene a saciar la sed

de los campos calcinados,

de las cosechas ruinosas y esqueléticas

que por fin lucen una sonrisa.


La luz taimada por las nubes

no permite ver, ni tampoco escuchar,

la carcajada festiva de los sembrados,

tampoco del olivar, ni de los naranjos;

pero la llegada, tras tan larga espera,

es una sonrisa expectante y agradecida,

un abrazo reverencial que habla en silencio.

23 octubre 2026

QUISIERA

 




Quisiera ser astro, luna, lucero,

estrella plateada que bisele tu rostro,

brisa que acaricie tu talle

y que juegue con las blondas de tu pelo.


Me colmaría siendo tu lápiz de labios,

y que lo frotases en los tuyos,

y que me echases de menos

cuando vieras tu boca un tanto mustia

o la palidez te invadiera,

y así ser frotado

ahí donde el hambre jamás se sacia.


Y si nada de esto te cuadra,

¿por qué no tu toquilla, tu pañuelo,

el chal que acaricie tu cuello y lo envuelva?


Y en ese repelús tú me gritases:

¡Flamenco!