Hoy solo me llena el silencio.
Cuando se seca, la flor del cardo es un ejemplo arquitectónico de cómo la vida deja un rastro. Frágil, temporal, hermoso. Antes se usaba para coagular la leche a falta de cuajo animal (es el secreto a voces de algunos quesos), para cardar la lana y otros tejidos, para la medicina tradicional. También como amuleto protector o como decoración. Hay que ver el cardo, quiero decir, hay que mirarlo en ese estado. Cuánta belleza.
¿Dónde escapar de la mala política? En lo más cercano. Pasar, de una vez, del otro al nosotros. Nosotros, los seres humanos. Ese momento de alumbramiento en el que descubrimos que el otro se parece tanto a nosotros.
En el café, una conversación en la mesa de al lado. Miran la televisión encendida con todos los altercados en las ciudades europeas de estos días y afirman que esto no ha pasado nunca, culpan de todo a los que no piensan como ellos, dos hombres y una mujer. Hablan desde el rencor, un rencor profundo que no tiene un origen concreto más que el miedo que les ha llovido como cae el agua en esas lluvias que parecen no mojar -voy ahí mismo, no necesito paraguas-, lluvia fina, hasta que cala.
Tiempos malos estos en los que se siembra la ira sin pensar que la cosecha solo puede ser terrible.
La primera vez que vine por estas tierras fue con mi padre, en los años setenta, en la cabina de un Pegaso recién comprado por la empresa para la que trabajaba como conductor. De chaval, me gustaba acompañar a mi padre en aquellos camiones durante las vacaciones de verano. Así me recorrí muchos quilómetros de las viejas carreteras españolas, serpenteantes, con olmos pintados de blanco. Aprendí mucho con él en esos viajes, de su conversación, pero sobre todo de su manera de estar en el mundo y de la geografía verdadera de las cosas.
La primera vez que bajé La Mazorra fue en aquel Pegaso de palanca trasera. Aún recuerdo cómo parte de la cabina se asomaba al precipicio, la habilidad de mi padre y el resoplido de los frenos en la descarga del aire comprimido. Es un valle hermoso, abajo: Valdenoceda, Villarcayo, Medina de Pomar. Las Merindades, el origen del condado de Castilla. Hoy viajo en el coche de la directora del Programa Interuniversitario de la Experiencia y de la Universidad Abierta a Mayores de la Universidad de Burgos, que me ha invitado amablemente a dar la charla inaugural de la sede de Medina de Pomar. El viaje es distinto, pero también muy agradable. He sido profesor de este programa desde su inicio y siempre he sentido que es un programa necesario en el que me he visto muy bien acogido a lo largo de estas dos décadas. Al finalizar el curso pasado le comuniqué que no iba a continuar. No por descontento, todo lo contario, sino porque va llegando la hora de ir haciéndose a un lado, de aceptar que ya le va tocando a uno la hora de jubilarse. Me alegra mucho ver cómo ha crecido la iniciativa, las miles de personas que se han matriculado y han participado de las clases, conferencias y todas las actividades. Cuando comencé, yo no hubiera podido matricularme, pero desde hace años podría haber sido un alumno más. He conocido tres directoras: Carmen Palmero, Gemma Miguel y Vanesa Baños, todas excelentes, personas entregadas a un programa que es mucho más que una actividad académica, a las que siempre estaré agradecido por su trabajo y la manera en la que me han acogido. Está en buenas manos.
Titulé mi charla "Puesto ya el pie en el estribo. Las lecciones de vida de Cervantes", arrancando de la dedicatoria al conde de Lemos de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional, que se publicaría póstumamente en 1617. La dedicatoria lleva fecha, diecinueve de abril de 1616. Sobrecoge por lo que dice Cervantes a tres días de su fallecimiento. Finalicé mi intervención con dos historias del Quijote cuya relectura es más que interesante hoy. La primera, la del rebuzno: dos alcaldes buscan un burro perdido rebuznando para que el animal les responda. Rebuznan tan bien que se engañan el uno al otro en el monte, pensando que el burro es el otro y caminando hacia el sonido. Cuando lo cuentan en sus pueblos, alabándose el uno al otro, desencadenan las burlas de los pueblos cercanos, lo que provoca altercados y, finalmente, una guerra, para la que se hacen con lanzas y otras armas. Los vecinos de esos pueblos van a morir porque dos alcaldes rebuznan. Imagino la sonrisa de Cervantes al redactar la historia.
La segunda historia es la del encuentro de Sancho Panza con el morisco Ricote, que vuelve a escondidas burlando la orden real de expulsión. La expulsión de los moriscos se dio entre 1609 y 1614 y la segunda parte del Quijote se publicó en 1615, Cervantes escribía sobre algo de rotunda actualidad. Aquella expulsión causó dramas familiares e individuales, pero también contribuyó a la ruina del país. Fue una de las causas más notables en un ejercicio de injusticia gravísima (hoy su calificación sería la del crimen de estado que busca la limpieza étnica) y una estupidez demográfica y económica, una verdadera traición al país. Se decretó por un enorme bulo de la época, una patraña construida: se alimentó la idea que conspiraban con los turcos y con los hugonotes para invadir la península y destruir el reino. En realidad, tuvo causas más sucias: la apetencia por algunas propiedades y el fomento del odio al diferente para uniformar artificialmente España y justificar la permanencia de la alianza férrea de trono y altar, que tanto daño ha causado en la historia, distrayendo de la ya evidente decadencia económica y social. Se fabricó la ira contra esa comunidad por parte de los "cristianos viejos", que veían en ellos una amenaza por su alta natalidad y la cohesión familiar que tenían. No podían aludir a que no fueran del terreno, puesto que todos ellos descendían de los más viejos pobladores de la península (la entrada de musulmanes fue mínima y sin verdaderas consecuencias demográficas): tan españoles como aquellos que los expulsaban. Era, sin más, odio al diferente, al que pensaba, sentía y creía de otra manera, pero todo ello escondía el afán de control basado en la uniformidad y en el temor. Según las órdenes reales, Sancho Panza debería haber denunciado a Ricote o haberlo matado allí mismo, pero no lo hizo. Vio en él a su vecino, con el que tantas preocupaciones había compartido sobre si llovía o no llovía, sobre si los hijos se criaban sanos o no. Se sentaron juntos, el cristiano viejo que era Sancho y el morisco que era Ricote, para compartir la comida que llevaban encima y una buena bota de vino. Se despidieron deseándose suerte el uno al otro, después de ponerse al día. Sancho Panza y Ricote sabían que una cosa era lo que dictaminaban los gobernantes y otra bien distinta los que vivían día a día juntos y se comportaron como lo que eran: dos vecinos del mismo pueblo con una historia común. En el pasaje, Cervantes propuso una España que no era la de los poderosos, alejada de los miedos y patrañas creadas por los que quieren gobernar a la gente como si no hubiera otra posibilidad que la que ellos quieren imponer, la que mata y se deja matar porque dos alcaldes rebuznan. Otra España posible, que casi nunca ha podido ser.
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Soñar acebuches y jaras, suelos de pizarra milenarios. Estruendosos los rabilargos, aquí y allá saltan los herrerillos, jugando con el que avanza en sueños por los caminos de tierra, empujado por el deseo de estar, porque duda de que lo que recuerda existiera alguna vez. Quizá crearlo al avanzar, subiendo desde la marisma del Guadiana hacia las leves colinas, la hierba pajiza entre cardos y espinos secos. En su recuerdo es octubre, pero hace calor de mayo, casi junio. A veces es así la vida, un sueño que tira del pecho para llevarte a algún lugar que que conociste, pero quizá nunca existió. En una pequeña laguna artificial, una hermosa garza real. Arriba, un cielo depurado en nubes deshilachadas.
En estos momentos la IA está dejando de ser una herramienta tecnológica que nos ayuda en los cálculos, en los procesos, en la fabricación de cosas, para ser algo más. Por ahora, en manos de oligarcas que ya no viven en nuestras comunidades. Dentro de un tiempo, no mucho, la mayoría de las personas no sabrán pensar, calcular, informarse, contextualizar, expresarse, etc., sin el uso de una herramienta de inteligencia artificial. También los sabios de la tribu serán algoritmos. Llegará un momento en el que no seremos los que controlemos nuestra forma de entender el mundo. No podemos detenerlo ya.
Un ejemplo: los profesores de universidad fabrican sus artículos y sus libros con inteligencia artificial, muchas veces sin conocer bien el terreno sobre el que escriben y, en las páginas de sus artículos y en clase, se limitan a volcar aquello que les dice el algoritmo. Muchos son ya incapaces de contextualizar un texto o un concepto básico de su rama de conocimiento o de ordenar la materia sin estos recursos. Por lo tanto, estos profesores son innecesarios. Eso sí, en un año publican decenas de artículos e hinchan sus currículos exponencialmente.
Otro ejemplo: una novela en francés ha ganado varios premios de prestigio y se encontraba en la primera fila para el gran Goncourt. A muchos lectores no les ha importado saber que supuestamente estaba redactada con inteligencia artificial. Muchos libreros afirman que el negocio es el negocio, que lo que importa es vender. De hecho, algunos escritores redactan y estructuran sus novelas mejor desde que usan la inteligencia artificial. Los que escriben así son también innecesarios y a las presentaciones de los libros y las ferias del libro deberían acudir los programadores.
Cualquier persona, con una serie de instrucciones, puede generar una imagen o un vídeo casi indistinguible de uno real, salvo que se tenga conocimientos suficientes de informática. El éxito de algunas cadenas de manipulación mental y extensión de bulos se basa en que hay muchas personas que ya no saben distinguir si lo que ven es real o no. A gran parte de estas personas tampoco les importa. He usado el concepto real. Si una imagen falsa existe es real, pero su significado no lo es. Por ahora.
Un ejemplo más: un dron guiado por inteligencia artificial usado en un frente de guerra o en un acto terrorista decide a quién matar de las posibles víctimas que están frente a él. No decide no matar, sino que elige a quién hacerlo. Hace tiempo que se ha superado la Primera Ley de la Robótica escrita por Isaac Asimov, que decía que un robot no podía hacer daño de ninguna manera a una persona. Un coche autónomo, sin conductor, cuando se encuentra en una situación crítica en la que cualquiera de las opciones que se le presentan supone atropellar a una persona, decide también a quién, por sexo, edad o color de piel.
Mientras puedas, siente en tu cuerpo y en tu cerebro, almacena en tu recuerdo todo lo que procede de lo humano y lo natural. En poco tiempo, dudarás de si ese recuerdo no está fabricado.
Estos días, el cielo es un espectáculo al atardecer. Cielos encendidos. Basta mirarlos. El horizonte se incendia como metáfora.
A veces sale uno a la calle sin objetivo y se queda embobado ante lo inesperado. Puede suceder que haya salido también a un recado menor, cualquiera, y lo que ve le haga olvidarse. Este jabonero de la China ha estado ahí desde hace años y en alguna primavera me llamaron la atención sus flores amarillas, pero es ahora cuando me sorprende el fruto, cambiado ya de verde a este naranja fronterizo. Dicen que en China se plantaba en las tumbas de los más altos funcionarios, dada su elegancia, por aquí lo usamos como ajardinamiento de las calles porque sus raíces no dañan las aceras, al no ser superficiales, así disfrutamos todos de este árbol. Con sus semillas se fabrica un líquido jabonoso que se ha usado para lavar la ropa más delicada y el cabello, de ahí su nombre en español. ¿No he pasado nunca en estas fechas junto a estos árboles? ¿Por qué ahora veo estos frutos y no cualquiera de los años anteriores? ¿O los han plantado este año y ni siquiera soy consciente de que antes no había árboles en ese lado de la calle? Sé que no es el árbol, que soy yo, que nada ni nadie me envía una señal, pero qué me quiero decir y qué hacer con ello.
Se nos olvida con mucha frecuencia que el valor de las cosas que adquirimos o que heredamos se debe en buena medida al trabajo y las aportaciones de otros, no al esfuerzo que nos ha llevado obtenerlas: nuestra ropa, nuestros automóviles, nuestras casas. Nada es nuestro en su totalidad y las cosas que tanto apreciamos valen por comparación. El especulador piensa que todo es suyo solo porque está a su nombre, ignorando que el valor de la cosa con la que especula depende de las aportaciones de la comunidad al fabricarlas, al ceder los suelos en los que se fabrican, con el trabajo físico e intelectual, con las aportaciones para que funcionen las comunicaciones o los servicios sociales y todo lo imprescindible para vivir en sociedad. En el antiguo principio calvinista del capitalismo existía la obligación teológica y moral de la administración, la mayordomía: los seres humanos son meros administradores de unos bienes que solo pertenecen a Dios. Esto permitió a los protestantes negociar con las propiedades y el dinero, introducir el valor de la economía en lo espiritual, a diferencia del mundo católico. Hasta hace relativamente poco, los grandes poseedores de fortunas devolvían esa parte que no se debía a su mero esfuerzo a través de donaciones o creando fundaciones en beneficio de la sociedad. No eran voluntarias ni fruto de un chantaje colectivo, como tantas veces se nos ha hecho creer, sino una obligación religiosa y social. En el mundo católico se practicaba la compasión y la caridad. En realidad, no eres cristiano si no asumes esto, si no va dentro de ti como norma de comportamiento. Todo ello dio paso a la justicia social, que acompañó siempre al nacimiento de conceptos liberales como el de ciudadanía y democracia: la sociedad contribuye al enriquecimiento individual de alguno de sus miembros y estos deben contribuir al bien social. Los principios rectores de los padres del liberalismo son muy claros al respecto. Esto era, claro, cuando el especulador vivía en la sociedad de los demás, cuando la especulación no era depredación. Hace tanto ya de eso...
En el siglo XIX, los liberales españoles en el gobierno promovieron varias desamortizaciones de bienes de manos muertas para que la burguesía española se hiciera en subasta con ellos y los volviera productivos. Salvo excepciones, los burgueses que adquirieron aquellos bienes expropiados a órdenes religiosas, ayuntamientos y fundaciones benéficas, se convirtieron en rentistas. Fue una de las grandes tragedias de la historia española, que provocó el retraso económico del país, que terminaron pagando las clases populares. El fracaso histórico de la burguesía española lo retrató como nadie Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales, que no son la crónica inocente de los acontecimientos convulsos de aquel siglo, sino la denuncia de la traición de las clases adineradas al país, una de las mayores traiciones que se han cometido en España. Todo aquello terminó en la pantomima democrática de la Restauración, roída por el turnismo y el caciquismo. Las novelas de Galdós están llenas de personas malviviendo en casas que no eran suyas, llenas de gente casi sin nombre, pobreza y poca esperanza.
Asombra la violencia que se ha instaurado en las relaciones. Violencia verbal y física. Palabras desatadas, símiles bélicos, nostalgia de lo peor de la historia humana, insultos, gestos de agresividad, gritos, exhibición de músculos y de armas. Tantos como ambicionan un acto armado, la guerra. Tanto ruido.
Escribo en silencio, con la ventana abierta. En el parque, unos muchachos juegan al fútbol, unos perros ladran corriendo tras las pelotas. La temperatura es agradable. Atardece en rojos. Se hace la noche.
Al llegar a Nueva York, Juan Ramón Jiménez se preguntaba si ese cielo era el mismo de Andalucía. Ya ni siquiera podía llamarlo cielo, sino sky, cada día, new sky. Era tan nuevo que hasta el idioma era diferente. ¿Es este cielo el mismo de siempre? El de hoy, digo, este que parece nacido de sacudir una alfombra de tiza rojiza. No puede serlo. Cada día un cielo nuevo. No mejor o peor, diferente. ¿Mañana? Cierra este día ya, no da para más.
Junto a la acequia, arroyuelas en flor. El verano pervive en ellas en este inicio de otoño. Mis padres reposan junto a las arroyuelas. Las manos de mi madre, la mirada de mi padre, las manos de mi padre, la mirada de mi madre. Arroyuela, salicaria, frailecillo. Sonrío al pasar junto a estas matas en el paseo. Aquí, allá. Aún en flor. La acequia lleva agua todavía, deben estar regando alguno de los campos por los que pasa, bordeando la ciudad, tan dentro de mí.
Curso 2026/2027 en el Club de Lectura
EL CLUB DE LECTURA
El Club de lectura de La Acequia y ALUMNI UBU es un proyecto sin ánimo de lucro en el que todos los colaboradores realizan su aportación de manera generosa.
Su independencia garantiza que no recibe ningún tipo de influencia de editoriales ni de otros sectores relacionados con el mundo del libro que suelen orientar, a veces en exceso, la lista de lectura y los eventos que se organizan. Hay otros aspectos del club que inciden en la misma línea: se alternan obras de autores vivos con clásicos de la literatura y se lee siempre en lengua original (español). Se pretende, por lo tanto, huir de modas y no dejar fuera de la lista de lecturas anual clásicos de la literatura en español de necesaria lectura o relectura. Aunque nace del impulso de un profesor universitario, procura siempre extender sus actividades a la sociedad general organizando todo tipo de actos abiertos al público y no caer en el academicismo.
El objetivo fundamental es promover la lectura colectiva de los textos sugeridos de tal manera que las aproximaciones individuales se vean enriquecidas con las opiniones del grupo.
Una de las características más resaltables del Club de lectura es el uso de las nuevas tecnologías desde su inicio hasta el presente. Nació en el seno de la tecnología 2.0 y usando todas las posibilidades de internet. Su extensión al formato presencial permite a los matriculados en ALUMNI UBU utilizar el formato virtual como ayuda, enriqueciendo la experiencia lectora.
De hecho, hasta donde nos es posible conocer, es el club de lectura más antiguo en español con este formato que aprovecha todas las posibilidades de internet y las redes sociales.
Uno de los resultados del club de lectura, gracias a su presencia en internet (blogs y redes sociales), es que permanece como guía de lectura de los libros comentados para todos los interesados y lo hace de manera gratuita y en abierto. Es decir, es posible seguir comentando e intercambiando opinión sobre los libros tratados incluso tiempo después del tiempo de lectura porque los autores de los blogs participantes permiten comentarios nuevos.
Hay que resaltar que el acceso al Club de lectura es libre y se produce a través de internet por estos canales:
En todos estos formatos se puede participar con aportaciones en las páginas y perfiles propios, comentando en los de los participantes o siguiendo la lectura en silencio. Hay testimonios de muchas personas que dicen haberles sido útiles estas lecturas a pesar de no haber comentado nunca o recomendaciones de seguimiento que los autores leídos hacen a sus lectores para que comprendan mejor sus libros. El índice de participación activa es muy estable desde hace años y el de seguimiento de las lecturas ha crecido notablemente, aunque varía según los títulos, como es lógico.
Es frecuente que los autores leídos participen con comentarios en alguna de las redes sociales en los blogs de los participantes. Así lo han hecho, por ejemplo, Óscar Esquivias, Laura Castañón, Sara Mesa, Juan Cavestany, Diego Fernández Magdaleno, Miguel Ángel Santamarina, Fernando Aramburu, Care Santos, José Manuel de la Huerga, José Luis Cancho, Ángel Vallecillo, etc. Esto ha permitido crear entre todos un espacio de encuentro entre los autores y sus lectores. Hemos de destacar que varios de los autores que han participado activamente en el club son premios de la crítica nacional o premios de la crítica de Castilla y León, también un premio nacional de la música, etc.
El ambiente en el Club de lectura es de respeto, colaboración y ayuda entre todos los participantes. Nunca se ha producido un hecho que haya exigido borrar comentarios ni llamar la atención a nadie por el uso de expresiones poco adecuadas.
Origen del Club de lectura de La Acequia
La ventaja de este club de lectura es que es absolutamente voluntario. Nadie tiene más pretensión que el de la lectura en común de las obras y el encuentro con los autores que quieren acompañarnos. No depende de ningún interés editorial y, por lo tanto, aquí no se lee bajo presiones comerciales o modas. Quien quiere sumarse a la lectura y a las actividades que programamos a lo largo del curso es bienvenido y puede hacerlo en parte del listado anual o en su totalidad, compartiendo con todos sus opiniones -que no tienen por qué ser siempre positivas- o en silencio, como guía de lectura personal. Y, además, al leer un libro al mes puede hacerse compatible con cualquier plan de lectura personal o con los propuestos por otros clubs de lectura.
Desde el año 2011 cuenta con dos formatos:
A lo largo del curso, el club programa diferentes eventos en abierto (viajes, encuentros con autores, presentaciones de libros, visitas a espacios relacionados con la cultura, etc.) y todos los interesados pueden acudir hasta cubrirse las plazas. También se han programado sesiones conjuntas con otros cursos organizados por ALUMNI UBU como el de historia y el de danza.
Las buenas relaciones del club de lectura con instituciones privadas y públicas han permitido colaboraciones puntuales con la Feria del libro de Burgos, la Universidad de Burgos, el Ayuntamiento de Burgos, el Museo de la Evolución Humana, el Instituto de la Lengua Castellano y Leonés, el Museo del Libro de Burgos, el Instituto Cervantes, la Casa Museo José Zorrilla de Valladolid, la ONG SBQ Solidario, la Biblioteca Pública de Burgos y un largo etcétera. También tiene relación directa con Valladolid Letraherido, el programa literario del Ayuntamiento de Valladolid.
Para la selección de los títulos se han seguido varios criterios a lo largo de estos años: votaciones públicas en las redes sociales, recogida de sugerencias, listados elaborados por el director, procurando siempre la variedad. Se admiten sugerencias.
Nuestra imagen
La imagen del club es muy expresiva, ajustada a su intención. Se trata de una mujer que lee, en concreto una maestra que lee: la figura de la maestra, su género femenino en homenaje a que la mayor parte de los participantes en los clubs de lectura son mujeres, su forma de darse a la sociedad. Es una de las figurillas encargadas a la artista artesana Francheska con motivo de la proyección de la premiada película documental Las maestras de la República, que se daba a los que contribuyeran a su difusión, como fue el caso del Club de lectura, al que se distinguió haciéndole entrega de esta figurilla (todas las figurillas son diferentes).