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sábado, 9 de febrero de 2013

¿Autoayuda costosa o dieta gratis?


Estoy en contra de la comercialización de la autoayuda por puro afán de lucro, dejando claro que es posible cambiar algunas circunstancias de nuestra realidad externa o interna, si aprendemos cómo hacerlo. Una persona que repita pensamientos, creencias y conductas, es poco probable que vea la vida de manera distinta y la viva diferente sin la intervención de un factor externo que la afecte, pero es improbable que ese factor salga de un texto o taller de autoayuda. ¿Por qué? Porque éstos sólo afectan su parte racional, y ahí se quedan, sin pasar a internalizarse para producir el cambio deseado. Nuestra personalidad y mucha de la realidad cotidiana surgen de acuerdo a cómo pensamos, aprendemos, sentimos y actuamos.  Cada vez que se cambian los puntos de vista o se aprende algo nuevo, se establecen nuevas conexiones en las neuronas, lo cual modifica el cerebro. A eso se llama evolución. Aun así, aprender no es suficiente, a menos que se aplique lo aprendido. Sobran quienes saben de todo y no han aprendido casi nada. Nos pasamos la vida creando un futuro mejor, pero tratando de no cambiar para no sufrir, y lo que hacemos es reafirmar la personalidad disfuncional con una serie de ideas, emociones y actos (miedos, enfados, prejuicios, manipulaciones, ataques, defensas, metas egoístas, escapismos, etc) que son adictivos y que funcionan como programas informáticos instalados en el subconsciente. Por eso, hablando como coach y como humano que vive los mismos problemas que todo el mundo, sé que los tres pasos iniciales para andar por un mejor camino de vida son: Primero, asumir nuestra responsabilidad como co-creadores de la propia vida y de la vida de los demás y dejar de creernos víctimas que necesitan de un salvador. Segundo, aceptar la realidad que está sucediendo y que deseamos cambiar, sin resistirnos a lo que es, porque lo que se resiste, persiste. Tercero, sabernos más grandes que esa realidad que se desea cambiar, porque cada persona es ella, no sus circunstancias. Los triunfadores sobre la adversidad imaginaron el futuro diferente, sintiéndolo como si ya hubiese sucedido, luego crearon el cambio en ellos teniendo fe en sí mismos, y sólo después obraron para hacer real lo que pensaron. Sólo entonces puede darse el cuarto paso, que es el cambio, y que casi nunca se logra a base de pagar por teorías bonitas y frases hechas, que frecuentemente no son más que sentido común vendido a alto precio por charlatanes que la moda consagra como sanadores.

Podemos hacer sin gastar plata que el pensamiento sea más real que un acontecimiento, y lo hacemos a diario, cuando sufrimos por algo que ya pasó o que todavía no ha sucedido. La mente manda dentro del presente. Si conducimos nuestro vehículo y de repente nos concentramos en un pensamiento, en ese momento vemos sin ver la carretera sin sentir nuestro cuerpo. Ese lapso, aunque dure apenas un instante, es de un gran poder creador, es el estado de flujo del artista que se olvida de todo mientras trabaja. Ese estado es el necesario para crear, primero con la mente, luego a través de la acción o del cambio conductual. Por lo tanto, es cuestión de elegir pensamientos constructivos en lugar de los de siempre. Pero pensar en negativo es morbosamente adictivo, y la mayoría de las personas se la pasan pensando en sus problemas en lugar de pensar en las posibilidades. En cuanto a los iluminados que defienden a toda costa el Pensamiento Positivo, aún sin actuar, cuidado con esa fantasía. Pensar en algo no lo hace real, si nuestro comportamiento no responde a la intención de que ese deseo se realice. La mente y el cuerpo deben trabajar juntos. Tenemos que escoger actuar de manera distinta y funcional, para que pueda suceder algo nuevo. 


Si deseamos crear una nueva realidad personal, hemos de convertirnos en otra persona. ¿Cómo? Mediante un programa activo de vida desligado del miedo, esa emoción aprendida que limita la acción del poder personal, hasta lograr que este poder se convierta en la habilidad de eliminar el autosabotaje y de activar el sistema operativo de los programas subconscientes que posibilitan el cambio. Pongamos, por ejemplo, la ansiedad. El caso de alguien con ansiedad o con depresión es el mismo: el cerebro empieza a segregar química como si eso que teme la persona estuviera sucediendo, y con el tiempo esa química se convierte en adictiva. ¿Cómo salir del círculo vicioso? Si haces conscientes tus pensamientos y tus hábitos automáticos y observas las emociones y conductas, empiezas a objetivar tu mente subconsciente. Si te familiarizas con los aspectos de ti mismo y los factores de tu entorno que motivan la ansiedad (o lo que quieras cambiar), durante la observación continua de ti podrás darte cuenta de cuándo empiezas a sentirte de la manera que ya no deseas repetir, y serás capaz de cambiarla, rompiendo en ese momento la cadena del hábito. Si te recompensas inmediatamente después, por haber logrado hacer algo mejor que lo acostumbrado, reforzarás el proceso de cambio a nivel de tu cerebro y de su funcionamiento vital. El único pensamiento positivo que funciona es el que lleva a un autocondicionamiento positivo. Se trata de tener claro quién se quiere ser, qué pensamientos y emociones se prefieren por ser útiles y no solamente habituales, planificar adecuada y oportunamente, y después actuar los pequeños cambios que darán lugar a los grandes. De esa manera se van instalando los nuevos circuitos en el cerebro. Pero se requiere constancia y disciplina. El simple pensamiento positivo o el desear algo no funcionan, porque la negatividad está instalada en el subconsciente y saboteará el proceso de logro.

Un libro o taller de autoayuda tampoco hará cambios, a menos que el aprendizaje de la nueva información se internalice más allá de una teoría y se ponga en práctica. Sólo la acción personal conlleva el cambio personal, no los aprendizajes intelectuales que quedan en simple teoría. De teorías y opiniones inútiles está lleno el mundo, y por eso anda tan mal. Pero hay muchos interesados en que la gente siga sufriendo y gastando su dinero en ayudas inefectivas, que muchas veces exigen otras complementarias y también costosas. De ahí salen tanto médico que no pasa de ser un vulgar comerciante de la salud corporal o mental, tanto consejero charlatán, tanto facilitador de talleres y de textos inútiles de autoayuda, que no sirven más que para lucrar al supuesto sanador y encarecer un mercado de la salud que ya engloba el lucrativo negocio de la muerte, un comercio cada vez más extendido y cuyo afán de dinero, a costa del dolor ajeno, es indigno de un ser humano decente. Generalmente, si un individuo o grupo ofrece una cura milagrosa en un tiempo muy breve y a un precio muy alto, se tiene delante el caso de uno de estos estafadores.

Los cambios verdaderos consisten en hacer conscientes las conductas y patrones limitantes inconscientes, sin sentir culpa, y desde esa conciencia saber elegir y realizar las acciones de cambio requeridas. Una personalidad débil prefiere delegar la responsabilidad de cambiar las cosas en el aporte que pueda recibir del iluminado, el brujo o el sabio de turno, y es incapaz de ver la manipulación en tales dudosas ayudas.

Lo que nos quita la libertad y el progreso son nuestras propias creencias, el conformismo, el temor a cambiar, los hábitos, los apegos, los prejuicios y demás barrotes de esa prisión que para muchos es la vida, y que deben ser desmontados uno a uno. Nos hemos pasado el tiempo oyendo el consejo de “sé tú mismo”. Pues yo opino que si ese yo no es tu yo auténtico, si no te hace realmente feliz y productivo dentro del bien común, te deshagas de él. Una buena forma es ser y obrar como librepensador, para despojarnos de etiquetas, patrones sociales y prejuicios injustos. Hace falta dejar el juicio condenatorio contra uno mismo y los demás para ser verdaderamente humanos, y no otra de las fieras depredadoras, estúpidas y egoístas que representan a la peor parte de la humanidad. Una dieta mental y conductual que se vaya depurando de hábitos negativos es la mejor receta para que la infelicidad personal y mundial acabe por morir de inanición. ¿Utópico? Sí, mientras no lo lleves a la práctica cotidiana. Así que déjate de libros, cursos y rituales costosos, y comienza con esta dieta, privándote a tu manera de lo negativo, si realmente quieres hacer un uso efectivo de tu libertad y dejar una huella tan liviana como la del amor a tu paso por este mundo. Esa es mi posición ante las pruebas de la vida. ¿Cuál es la tuya?

Escrito por: Gustavo Löbig

sábado, 7 de enero de 2012

Implantes Mamarios: "Sí, me hice las lolas, ¿y qué?"

Los implantes de prótesis mamarias, hechas con silicona, se iniciaron hace medio siglo. Inicialmente, su uso estuvo restringido a los casos de mastectomías, buscando equilibrar el peso que soporta la columna femenina si falta uno de los senos, y también para restaurar el nivel de autoestima y de confianza de la paciente que, por enfermedad o accidente, perdió un seno o ambos. En los últimos tiempos, luego del período victoriano que marcó pauta hasta comienzos del siglo XX, durante el cual la mujer socialmente decente se cubría hasta los tobillos y vería a la mujer actual como el perfecto ejemplo de una puta, como resultado de una alienación cruel y continua de la población femenina por parte de la moda, se puso al alcance de casi toda mujer el aumentarse los senos, sin importar su nivel sociocultural. El arte, los escenarios, la televisión, la pantalla grande, los concursos, los tabloides, periódicos y revistas con iconos e imágenes de mujeres exhibiendo grandes senos turgentes, tapados o no, fueron el medio para distribuir y fijar el mensaje, día tras día, figura tras figura, evento tras evento. El discurso favorito de estas seguidoras y víctimas de la moda varía generalmente entre “yo hago con mi cuerpo lo que quiera”, o “me hice las lolas porque sí, y punto” … pero casi nunca se escuchan argumentos verdaderamente razonados y honestos, mostrando que la mujer sabe por qué se pone las tetas falsas, algo como “lo hice para estar a la moda, para poder competir con las otras hembras, para estar al mismo nivel que las demás, para poder usar tal o cual ropa, para verme más femenina, sexy, bella, deseable, para que se fijen en mí, para que me tomen en cuenta, para disimular mi edad aparentando ser más joven sin mis tetas caídas”…. Claro, casi nunca decimos a los otros la razón real de las decisiones personales, por simple miedo y autoprotección, para que no descubran nuestros puntos débiles. Generalmente el ser humano alienado y poco pensante no es honesto consigo mismo – y menos lo es con los demás- porque no se da cuenta del verdadero motivo por el que actúa así o asá, porque le resulta más fácil sumarse a la corriente, estar a la moda, hacer lo que la mayoría hace sin pararse a preguntar por qué lo hace, creyéndose original en medio de una masa de clones suyos, sintiéndose protagonista en vez de títere sin personalidad que obedece a los que imponen sus intereses y sus modas a la masa consumista.

El objetivo de la mujer con las lolas hechas no sólo es el público masculino o el macho en particular al que busca atraer con unos mayores atributos sexuales. Tal vez influya su deseo de conseguir más sexo, aunque el hombre promedio esté clarísimo en cuanto a que una teta real se siente diferente al tacto que una postiza, por más que ésta última llame más la atención, y sepa que ese gancho hipersexy no es natural. El afán de la mujer que opta por la moda del implante es el ponerse las nuevas tetas para lucirlas a las demás mujeres. Esta moda de las tetas grandes casi supone regresar a la era de las cavernas, cuando el artista esculpía el ideal femenino como una venus de Willendorf, o a la pintura de Miguel Angel o de Doré, o al tiempo de las odaliscas de serrallo en Las Mil y Una Noches. Como vemos, la moda de las tetonas no es nada nuevo. La mujer con pechos grandes se asocia desde el origen de nuestra especie con el prototipo maternal, más apto para procrear, amamantar y preservar la especie, y por tanto más atractivo y útil a la tribu. Hasta Freud tendría algo que decir al respecto. Pero mejor que caer en tratar el complejo de Edipo en este tema, será recordar algunos de los inconvenientes de los famosos implantes, o sea, ese costo oculto de la moda del que los intereses comerciales jamás hablarán, y que sale a la luz pública únicamente cuando un grupo de víctimas de la moda se organiza para denunciar y protestar. Tal es el caso de las recientes demandas contra los daños causados por las prótesis mamarias PIP (Poly Implant Prothese), o cuando se corre la voz entre el grupo de familiares, amigas y conocidas de que fulanita, luego de ponerse unas tetas espectaculares, está bajo tratamiento médico debido a las prótesis, porque tuvo complicaciones en la cirugía, infección, rechazo, mala cicatrización, queloides, encapsulamiento indeseado, hematomas, tamaño inadecuado del implante, rotura, rotación o deshinchado de la prótesis, necrosis del pezón, dificultades posteriores en la lactancia, etc, etc, etc. 

Tanto riesgo, tanto daño, tanto costo, tanta desinformación, tanta estupidez, para mí no es más que un llamado de auxilio de esas mujeres que sólo buscan resaltar, competir y estar a la moda de las nuevas tetas, para que las quieran. Claro, la alienación estética para estar a la moda no queda limitada al público femenino con sus tetas y otras partes agrandadas o reducidas a la fuerza, y si no, que lo digan los centenares de hombres con implantes de pectorales, glúteos y testículos. Pero ese es otro tema afín, que se tratará en su momento. Por ahora me gustaría conocer la opinión feminista al respecto, porque aún no encuentro argumentos para cambiar la mía, por eso, y por polémico, sumo este artículo al blog.

Escrito por: Gustavo Löbig

lunes, 7 de noviembre de 2011

Cuestionando el Fashion

Para mí desde pequeño ha sido cuestión de honor propio el mostrar una personalidad firme a la hora de crear mis propios códigos de vida, mis propias opiniones e incluso mis propias reglas de conducta social, en tanto no afectasen negativamente a otros. Jamás fumé cuando mi grupo de compañeros preadolescentes lo hicieron, sino después. Todo mi mundo juvenil se iba de putas, menos yo. Y cuando decidí hacerlo, jamás copié el modelo de jactarme de lo macho que fui, pues ya me resultó demasiado traumática la vivencia como para seguir hablando luego de ella. Claro, para asegurarme que en realidad fue un trauma que no se debió a mi inexperiencia la repetí en otro burdel, y como resultó casi igual de sórdida e incómoda, dejé de probar mi virilidad de esa manera. Y así, con el viejo método del ensayo y error, me hice tempranamente de un aprendizaje valioso que luego me sirvió de mucho: aprendí donde no buscar!!


Más adelante seguí fluyendo con el siglo hacia su final, mientras se aceleraba el bombardeo publicitario que cebaba al consumismo juvenil con metas e ídolos que se me hacían más falsos que un dictador demócrata. Antes de mis 20 veía a mis contemporáneos buscar su propia identidad dejándose seducir por la moda para abandonar el mundo de los niños, mientras retaban a los dinosaurios mayores, y los chicos de hoy siguen haciendo lo mismo, sólo que más sobreestimulados. Hace nada entraba al cine, por ejemplo, y todo el gentío juvenil y no tan juvenil lloraba a moco tendido –menos yo, por lo que crecí creyéndome un insensible inadaptado y malvado- con la historia de la pobre chiquilla pobre e inocente, menospreciada y maltratada, que acababa venciendo obstáculos inverosímiles gracias a una serie de circunstancias afortunadas, hasta convertirse en la más rica, poderosa y envidiada de las estrellas humanas. Y como nuestra humanidad es comprobadamente lenta y torpe como dicha protagonista -pero pareciera que no tan afortunada en lo que alcanzar el progreso verdadero se refiere-, en este nuevo siglo la gente sigue disfrutando entre lágrimas de películas similares, aunque Cristina Aguilera haya reemplazado a la Streisand. Porque es un modelo que se prueba, vende…y se sigue usando una y otra vez hasta agotarlo.


La moda, o el fashion, definida textualmente como “costumbre en boga durante un tiempo”, empujaba en mi niñez a la gente a comprar el coche más grande tal como ahora la empuja a adquirir el más compacto. La lucha doméstica por hacerse del más reciente modelo de televisor continúa igualita hoy en día, aunque la T.V. popular sea lo más delgada posible. La moda aliena a cada vez mayores masas de gente frenética por destacar entre sus iguales, y es de ver la cara de la chica o no tan chica que, con aire de suficiencia extrema, afirma haberse puesto los implantes porque “así soy auténticamente yo, y porque yo hago con mi cuerpo lo que me da la gana”, ignorando al centenar de clones que la rodean y los riesgos del pezón necrosado o de la prótesis rechazada por el organismo. La moda furiosa y efímera refleja la evolución acelerada de este inicio de milenio, y las tendencias que imponen la vestimenta o los accesorios y peinados vienen a ser lo mismo que las versiones sucesivas e inmediatas de los programas informáticos, las computadoras o los elementos portátiles de comunicación. Casi terminas de cambiar tu teléfono móvil por el nuevo modelo más caro, cuando debes hacerte de un Blackberry, o no eres nadie. Y éste ya expira ante el I-Phone, que a su vez dará paso en cuestión de meses al I-NO o como se llame. La excusa perfecta: “es que si no lo tienes, aunque tu pinta no vaya con tu déficit económico, te pones al margen de la comunicación mundial y sobre todo de la gente con la que quieres alternar en plan de igualdad”…y eso en un mundo cada vez más poblado y cada vez también mas lleno de gente sola que tropieza a cada momento, en la calle o en Internet, con otros solitarios. 


En pocos meses, lo que era absolutamente necesario pasa a ser anticuado, por la presión mediática pagada por el mercado consumista y la que ejerce la industria sobre la moda que vende o, más bien, impone brutalmente a quienes buscan realizarse, definirse, tener éxito o al menos aparentarlo, para ser felices. Esa mayoría alienada debe seguir consumiendo. Por tanto, hay que seguir modificando continuamente lo que se usa y lo que no. Mientras, la infelicidad personal y mundial crece y crece, por la sencilla razón de que el ser humano no es una cosa, y por ende no puede satisfacerse llenándose de cosas, mientras descuida sus demás dimensiones. El gusto propio y la individualidad personal siempre estarán por encima de la imitación que impone la moda, en esa búsqueda frenética de la felicidad. Yo he sobrevivido hasta hoy a pesar de resistirme a ser el típico consumista del producto de última hora, y me he divertido horrores viendo a la masa ser manejada como un títere de mil cabezas y una sola idea por quien se enriquece, mientras permanece discretamente en la sombra, con la repetición, con la publicidad, con la producción, con la guerra, con la salud, con la credulidad, con el vacío existencial, con la oscuridad, con la banalidad, pero me gustaría leer por aquí la voz de alguien que defienda su libertad de ser esclavo del fashion.


Escrito por: Gustavo Löbig