28 dic 2011

Ese tiempo que llega (y ese que se va).

Ya se acaba el 2011, se va como el viento en las tardes de invierno, como las cometas rotas por la rama de un árbol, como los suspiros de amor y la memoria. 
Hay cosas que se van, es cierto, y hay otras que se quedan, y entre las segundas tengo que destacar a todos los seguidores, sin excepciones, y en especial a aquellos que me siguen desde el principio y aún hoy siguen ahí, a los que comentan en cada una de mis entradas y de los que nunca me canso. En representación de todos ellos, gracias a Liz, Srta. While, Anaid Sobel, Carlos o Mr.X, Ninna, María O, Xikaakira, Miss Frenesí, Laura Drop, Erika, Laira, Inma Ortiz, Agnes, Cosillas y Cosejas, Javi, Emiliana, Sol, Clío o Fuss, Blanca, Ardid, Mayra, SMSC, LaU, Vanessa, L, Helen, Babú, Dany, Nel, Andii*, Pain and suffering, Paula, Carolina, Smoof, Mandarina, Camila, Fallen Love y Ana.
Quisiera poneros a todos, pero no tendría espacio suficiente, así que seguramente me quede aún con muchos nombres en los bolsillos, pero siempre tendré tiempo de sacarlos. A todos, de nuevo, muchas gracias por vuestro apoyo, y aunque no hallamos llegado a los dos mil tendré paciencia, que con gente así se puede conseguir hasta lo imposible.

26 dic 2011

Las ansias de libertad del petirrojo.

Érase una vez un pájaro y una princesa que no se separaban jamás. Ella le había comprado una jaula, pero el petirrojo tenía tantas ansias de libertad que pronto empezó a enfermar, dejó de comer y ya ni siquiera cantaba. No se oían sus notas musicales en ninguna parte del enorme castillo, y a cada día que pasaba la muchacha empezó a entristecer también, porque sin aquella musica que llenaban de alegría las estancias su casa se convertía solo en roca oscura y fría. 
Así que una tarde, y después de mucho pensar, la princesa decidió que dejaría al pájaro libre, con la vana esperanza de que no marchara. Pero como todos los animales, el petirrojo dio varios saltos, aún sin creer su suerte, abrió las alas y, como si acabara de despertar de un sueño, emprendió el vuelo y desapareció entre las nubes de aquella mañana azul. 
(Y en vez de un fueron felices y comieron perdices, la princesa 
se tuvo que contentar con el final de una historia real). 

18 dic 2011

Una historia llena de miseria.

Voy a contarte una historia que nadie ha oído jamás, una historia de recovecos, de secretos, de misterios y de miseria donde la música es tan triste que, aunque no quieras, lloras. Una historia oculta tras tu mundo de pétalos de rosa, allá donde la oscuridad no llega, donde miles de soldados se acumulan en las esquinas para protegerte y donde la lluvia ni siquiera te moja.
Voy a contarte una historia de terror, de muerte, de injusticias a las que te obligan a cerrar los ojos, y voy a conseguir que, entre tus monedas de oro, enterrada en tu riqueza, observes aquellos que tuvieron que morir para que tu escalaras hasta donde estas hoy. Voy a contarte la historia de la pobreza, y aunque no te guste vas a tener que escucharla. 

3 dic 2011

Lo hacía por mi bien. Porque me quería.

Él me pegaba, pero lo hacía por mi bien. Porque yo no le hacía caso, porque le cuestionaba. 
Una de las veces, mientras me hablaba, tuve la osadía de interrumpirle y me pegó. Claro. Porque me lo merecía. ¿Quién era yo, más que una simple mujer, cómo para rebatirle algo? ¿Acaso no hice bien dejando mis estudios por él, criando a los niños por él, limpiando la casa por él? Me quería, no me pedía nada a cambio y era bueno conmigo, romántico en ocasiones. Me quería. Sí. Me quería muchísimo y, además, después de pegarme, la mayoría de las veces me perdonaba. Y si no le gustaba que fuera con falda corta, pues lo entendía, porque casada como estaba, era un pecado ir provocando al ojo ajeno. Cuando venía borracho era por el estrés del trabajo, y en la mayoría de ocasiones, aunque me pegara más fuerte, solía dormirse y dejaba de gritar. Así, los niños podían dormir tranquilos.
Él nunca se preocupaba por ellos, pero es que para eso estaba yo. Y si no lo hacía él siempre intentaba recordármelo por mi bien. Por que lo deseaba. Mi felicidad.
Y ahora estoy muerta.
Pero seguro, seguro, que me lo merezco. 

22 nov 2011

Y que soy imperfecta, lo sé. Como todos.

Me busco y no me encuentro. 
Y, por mucho que miro, no estoy por ningún lado. 
Así que como me he perdido escribo para encontrarme. Para librarme del pecho, del aire, de las asfixias que me dan cuando recuerdo, casi con lágrimas, cada una de tus palabras. Y ya no sé, de verdad. Tal vez me halla perdido por tu culpa. Por tu maldita y egoísta culpa. 
Que lo escribo en esta página porque soy tan jodidamente cobarde que no seré capaz de decírtelo a la cara, y porque aceptar que me has dañado sería como una derrota. Escribo porque soy débil, porque por mucho que me digan que ignore tus palabras me entra tan hondo que no soy capaz de obviarlas. 
Y que ahora improviso, que escribo por escribir, y que no pienso corregir nada de lo dicho, porque estas son  de las pocas veces en las que hablan los sentimientos. Que lo que digo me sale de dentro, de esos latidos de sangre escarchada, de esas venas del frío invierno que aún nos queda por pasar. Y me miras, y no me hablas, pero me doy la vuelta y le dices al de al lado cada una de las mentiras -o de las desgracias- que no te atreves a soltarme a la cara. Porque los susurros y las miradas indiscretas son mucho peores -te lo aseguro- que un millón de bofetadas. 
Y que soy imperfecta, lo sé. Como todos. 
Y que lo que me viene dado, por mucho que quiera, no puedo quitármelo. 
Y que no, que no me conoces, que no sabes nada de mí ni de mi puta vida, ni de mi gente, ni de mis amigos, ni de nada. Y que lo que yo haga, o lo que yo sienta, o lo que yo sea, no va a cambiar ni aunque cien como tu me lo pidan a gritos.

20 nov 2011

Alarguemos el adiós lo máximo posible.

Hoy es el final, la última oportunidad, así que vamos a hablar de tu a tu, vamos a mirar las cosas desde una nueva perspectiva, que desde que te conozco solo has observado el mundo un metro y setenta y cinco centímetros por encima del suelo. Vamos, ven y dame la mano, que en cualquier momento podemos echar a volar, y cuando estemos ahí arriba, casi entre las estrellas, y el silencio lo inunde todo, podremos escuchar de una maldita vez lo que nos dicta nuestro corazón. Cuando bajemos, ya no seremos nada el uno para el otro. Nos separaremos como dos imanes que han alcanzado a la vez el mismo polo y no nos volveremos a ver jamás.
Pero mientras tanto, por favor, 
alarguemos el adiós lo máximo posible. 

13 nov 2011

El trastevere de una Italia enamoradiza.

Foto de Laura Soler. He quedado segunda en el premio de microrrelatos del 
Biblioforum Sevilla  con el relato del blog Ahora ven tú y dime que no la quiero.
(y sé que no me paso por ningún blog, pero es que no me meto en Internet para nada).
Io non parlo spagnolo. Me dijo la señorita Daniella batiendo aquellas largas pestañas que eran como barrotes de celdas. Ion sono italiana, ma Io volgo vivere per le strade di Roma. Así que, frente a ella, asentía y fingía enterarme de las palabras que soltaba. Y día tras día, la señorita Daniella se encontraba conmigo en el trastevere de Roma y me contaba, taza de chocolate en mano, las peripecias de sus historias. Para mí, el italiano fue siempre como el francés. Un idioma de románticos empedernidos que al final acababa siempre enamorándote. E tra il romanticismo della giovanne donna, e che i capelli di rosso scarlatto, es cierto, me enamoré del italiano, aún sin comprenderlo, y también de la señorita Daniella, que vestía trajes de seda incluso en invierno.

1 nov 2011

De dragones y espadas.

Adiós a los dragones y a las espadas, a las armaduras y a las guerras. Adiós a los juramentos, a los castillos, a los corceles blancos, a las historias de hadas,  a los bosques encantados, a las torres inescalables, a los unicornios y a los pegasos, a los matrimonios concertados y a los impuestos de un rey malvado. Adiós a aldeas en llamas, a besos dormidos, a misiones de rescate, a combates de vida o muerte y a historias encantadas. 
Adiós a todo por ti, bella princesa olvidada.

13 oct 2011

El saxofón de Rouge.

"¿Pero quién diablos es Rouge?" Le pregunté a mi profesora de Lengua como si ella pudiese tener las respuestas. Estaba sentada en la mesa, las gafas caídas hasta la punta de la nariz, encorvada sobre aquella típica silla verde y pequeña. Dejó de escribir y me miró como quien ve a alguien que está preguntándole cuanto son uno más uno.
"¿Diablos?" me dijo, pronunciando cada letra como si fuese a exhalar su último suspiro tras ellas "Está usted delante de una profesora, señorita".
¡Pero que profesora! Quise decirle. Sabía hasta de los temas que estaban escondidos debajo de las piedras. "¿Pero sabe usted quién es o no?" Casi exigí, sabiendo que mi impaciencia pronto acabaría conmigo.
"¿Rouge? Claro que sé quien es Rouge. No saber de ella me parece una verdadera blasfemia". Hablaba como se tratara de una religión y, en un momento dado de la conversación, llegué a pensar que era fetichista de humanas.
"Pues espero que me pueda usted contar su historia".
Y me la contó, tanto que me la contó. Rouge y su saxofón con el que tocaba por las calles y despertaba, como una paradoja, los sueños de aquellos que la escuchaban. Ella y sus mentiras, y sus coqueterías con el mozo de la esquina, y el perro blanco (cómo un Milou) que llevaba a todas partes y que la defendía. 
Allí sentada, en aquella clase media hora antes del recreo, con alumnos haciendo una lista interminable de actividades, desmenuzó cada uno de sus días, cada gesto y cada sonrisa, y me mostró a Rouge en todo su esplendor.
A Rouge y a su saxofón, 
que de olvidarlo me catearía. 

Después de dos semanas without inspiración vengo con un
 relato  ameno y divertido que espero que disfrutéis. 

26 sept 2011

Ahora ven tú y dime que no la quiero.

No sabes lo que es despertarse cada mañana con sus ojos en la cabeza, esos que quedan entre el oliva y el fango, que te dedique una de sus sonrisas junto a las que no hay nada que no valga la pena. Que he pesado gramo a gramo cada peca de su rostro imperfecto, he dibujado sus mejillas y sus cicatrices, cada arruga en la piel como si fuesen secretos. 
Y no me digas que la miré, que vea como coge la taza con el dedo índice y el corazón mientras aguarda a enfriarla porque cierro los ojos y me lo sé de memoria. Que conozco su sonrisa en todas las escalas, cada gesto y cada susurro, el timbre de voz que utiliza en cada una de sus palabras, el temblor en el labio inferior porque sabe que no puede llorar por cosas que no valen la pena. 
Sé que cuando está nerviosa hunde los dedos en su pelo crespo, que hace ademán de hacerse una coleta y al final se queda siempre en el intento. La he visto vivir, la he visto amar, la he visto sentir y he sentido con ella. 
Así que ahora ven tú, que te la has quedado como si fuera un capricho, que te desprenderás de sus olores cuando te aburras, que retirarás cada pelo de tu chaleco en el que hundió su rostro para sentirse querida. Ahora ven tú y dime que no la quiero, que jamás la amé, e intenta buscar verdades donde sólo hallarás mentiras.

19 sept 2011

En tu mundo de historias rotas.

En tu mundo de historias rotas los árboles andan, porque saben que si se quedan quietos caducarán. En tu mundo de historias rotas los corazones no susurran, gritan. En tu mundo de historias rotas hay catorce millones de primaveras y solo quince veranos. En tu mundo de historias rotas los relojes se pararon hace tanto tiempo que ya son algo de la prehistoria. En tu mundo de historias rotas quedan galletas de mantequilla que no engordan, bufandas que no abrigan y gafas que sirven para ocultar las pupilas. 
¡Ay, en tu mundo de historias rotas! Quedan tantas verdades y tan pocas mentiras... 

10 sept 2011

El Violinista de Lágrimas 3

Tener el control de la situación siempre lo tranquilizaba. Por ello, cuando el hombre sacó su violín y empezó a tocar, sintió que todo a su alrededor desaparecía. Y cuando se hacía el silencio y el corazón empezaba a latir con fuerza las cosas no podían salir bien, porque ya no tenía control alguno sobre su cuerpo y la mente, fría, empezaba a calentarse. Al principio fue solo una nota, pero después el ambiente se llenó de sonido, las flores parecían cobrar vida con do, mi, sol. Ah sí, el sol, incluso el sol parecía iluminar más fuerte y él allí, observando la escena, sabiendo que si continuaba maravillándose no podría ejercer su trabajo.
Observó sus rasgos orientales, la sonrisa clara y llena de placer, el pelo negro, suelto solo en ocasiones como aquella, la camisa a cuadros medio abierta, los vaqueros rotos a la altura de la rodilla y las nikes negras, gastadas y sucias ¿Qué tenía que ver aquella mujer espigada y perfecta, de guantes blancos indemnes, pelo rubio y mirada despectiva con aquel muchacho joven, que no sobrepasaba los veinte, y que además parecía comerse el mundo a cada pieza de violín que tocaba?

8 sept 2011

La chispa de tus ojos.

Eras solo un niño y, entre mis brazos, creaba cunas para dormirte. Te miraba a los ojos, esos grandes ojos negros que aún hoy tienes, y me decía "este niño va a hacer grandes cosas" porque con esa chispa que veía dentro de ellos era imposible no saberlo. 
Cuando te caíste por primera vez todos se rieron, te señalaron con el dedo, como si ellos no tuvieran errores, y cuando triunfaste por primera vez te recordaron, llenos de celos, el momento en el que tropezaste y te llenaste la corbata, el pelo y el rostro de barro, pero nadie te felicitó, nadie se acercó a ti, te tendió la mano y te regaló una sonrisa. 
Y a lo largo de los años, en medio de tantas derrotas destacadas y tantos triunfos hundidos, has empezado a pensar que no vales, te has retrasado, te has refugiado en el pelotón. ¿Sabes qué? Solo eres un cobarde. Esperas que alguien vaya a por ti, alguien que te diga que eres el mejor y que te saque de toda esa mierda, pero no te das cuenta que tienes que hacerlo tú, solo. 
¡Y si sólo los valientes triunfa piensa que eres valiente! ¡Si sólo los intrépidos triunfan piensa que eres intrépido! ¡Si sólo los inteligentes triunfan piensa que eres inteligente! Porque lo que tú creas nadie, por muy déspota que sea, podrá quitártelo ¡Así que deja de llorar, porque si sabes lo que vales sal ahí fuera, delante de todos, y consigue lo que te mereces! 
(Sal ahí fuera y cómete el maldito mundo hasta que no quede nada en el plato).

4 sept 2011

Nota: Muy importante, Leedlo por favor.

Es la primera vez que hago una entrada que no tiene incluida ningún relato, pero creo que la ocasión lo merece.  Vengo a decir a todos aquellos seguidores o lectores de mi blog con poca imaginación (quien quiera se de por aludido) que este blog puede llegar a ser una herramienta de inspiración para el que lo quiera, y que gracias a ello he descubierto muchísimas personas maravillosas que me apoyan y me siguen, que me dan ánimo. Le agradezco a todos ellos lo grande que son, y por supuesto no puedo decir nombres porque la lista sería interminable. No me gustaría tener que cerrar el blog, o dejar los mejores relatos reservados solo para mí y conocidos, así que por favor, un poco de respeto.
Este blog es una herramienta para satisfacer a la gente, para que disfruten leyéndome, pero no para agenciarse las ganancias del trabajo de su autora (yo). El plagio no nos gusta a nadie, y mucho menos que casi todas mis entradas estén plagiadas, como mínimo, una vez, sin rastro de nombres, enlaces ni nada por el estilo. 
Pero ese no es el principal problema. El problema es que este blog está registrado en la propiedad intelectual, tiene ISBN y está editado en papel. Para quien no se lo crea aquí esta el ISBN: 9788461475391 y aquí está el libro en papel fotografiado.

30 ago 2011

El Violinista de Lágrimas 2

La plaza estaba desierta y solamente varias palomas picoteaban del suelo mojado por las últimas lluvias. Mantenía la capucha sobre su pelo liso y castaño, los ojos abiertos lo justo para observar y una sonrisa que se atisbaba en la comisura de sus labios. 
Al principio había pensado que aquella vez iba a ser diferente, pero había sido solo una corazonada. O eso creía. La mujer le había pagado la suma de dinero correspondiente y había desaparecido sin siquiera dar su nombre, pero él sabía que volvería; siempre lo hacían. La curiosidad, la culpa los obligaba a retroceder de nuevo, así que en menos de dos meses el despacho se llenaba otra vez, los clientes preguntaban que tal, cómo había ido, si estaban a salvo e incluso algunos imploraban, pedían el perdón e intentaban pararlo, pero para la mayoría de ellos ya era demasiado tarde. 
Lo que pasara después no lo preocupaba. Sabía hacer su trabajo en silencio, oculto entre las sombras, y jamás lo descubrían. Nunca daba un nombre real ni enseñaba el rostro, y que decir de los trucos que se guardaba siempre en la manga. 
Seguro que más de un ladrón habría matado por tenerlos. 

25 ago 2011

Nunca izabas tu bandera.

Cuantas veces le diste la espalda a los sueños, cuantas veces cerraste los ojos, llenos de lágrimas, para no ver. Cuantas veces contaste todos y cada uno de los poros de mi piel para olvidar, para quedarte inmerso en un mundo de números y no de palabras. 
Hablabas sobre superhéroes porque sabías que jamás te convertirías en uno. Eras un cobarde, sincero solo entre los mentirosos, huyendo continuamente de la realidad. Nunca izabas tu bandera por miedo a que te vieran demasiados y al final, de tanto dudar, te quedabas siempre en la estacada. 
Querido, la ocasión que buscabas para destacar ha pasado ya hace un rato. ¿Corres a por ella o esperar eternamente a la siguiente para volver a dejarla escapar?

20 ago 2011

El Violinista de Lágrimas 1

Nunca había fallado en su trabajo. Sabía mantener la cabeza fría, bien alta, y llevaba a cabo todas las misiones sin titubear. Había tenido muchos clientes y ninguno había salido insatisfecho, pero sin embargo aquella vez fue diferente. Lo supo desde el momento en el que la chica de labios color carmín entro por su puerta, manos enfundadas en largos guantes de lino y manchadas por un cigarro a medio consumir que desprendía ceniza. Parecía sacada de una novela del siglo XIX, tan peripuesta, perfecta y curvilínea. Tomó asiento sin hablar y lo miró, visiblemente sorprendida. Estaba claro que esperaba algo más, como todos los que habían pisado aquella moqueta alguna vez. 

—Buenos días —dio una calada y, al ver que nadie respondía, prosiguió —he venido aquí para contratar sus servicios. Se trata de un varón, aproximadamente veinte años de edad. Tiene el pelo moreno, rasgos orientales, no demasiado espigado, pero tampoco ba...
—¿Tiene una foto? —interrumpió, inclinándose hacia delante. 
—Sí... sí, claro —balbuceó, rebuscando en su bolso y sorprendida por aquella falta de formalidad. Se la tendió al hombre, que la observó con detenimiento  para tirarla junto a otros papeles a un lado de la mesa —¿puede usted...?
—Claro que puedo, pero no le va a salir gratis ¿sabe?
—Ya lo había supuesto —la mujer le tendió un cheque y el hombre lo miró, sonriendo.
Era más que suficiente.

8 ago 2011

Arriésgate.

Vamos, ven junto a mí y arriésgate. Complica las cosas. 
Pídeme algo con la mirada, que seguro que lo entiendo mejor que con palabras. Sonríe aunque no tengas motivos, irradia alegría, irradia felicidad, aléjate de lo que duele, porque es mejor andar solo que mal acompañado. Deja de pelear, las heridas solo causan fealdad. Canta en la ducha aunque lo hagas fatal, aunque se quejen los vecinos. Salta alto, tan alto que las estrellas sean algo fácil de alcanzar. Vive, que si el mundo gira es para que podamos avanzar y baila, sobre todo baila aunque no sepas donde, porque si no encontramos espacio siempre podemos inventarlo. 

18 jul 2011

Recuerdo la nieve pura y blanca.

No recuerdo el momento exacto en el que Caleb dejó de sonreír. Por mi mente sólo se dignan a aparecer imágenes sueltas, esas que se quedan grabadas ahí y no son capaces de irse [...]. En mi caso, la imagen es un día de nieve, ni tan siquiera una mota de suciedad en el ambiente. Los abetos, las casas, el río congelado, la hierba de la pasarela, el puente, las carreteras, el puesto de Holly y los jardines. Sí. La imagen que se quedó grabada en mi mente fue un día de nieve blanca, limpia, perfecta y pura. Ella y la sombra de alguien en medio de aquel mundo como si la ceniza se hubiese levantado, creando una figura humana.
Yo jugaba tranquilamente junto al puente. Formaba pequeños muñecos de nieve que después destrozaba con los guantes. No reparé en la figura hasta que se acercó a mí. La paz que sentía se fue de repente y huyó donde yo no fui capaz de alcanzarla. Alcé la cabeza, tiritando. Recuerdo los siguientes movimientos como fotografías: el hombre se agacha, sonríe de forma desmesurada, se quita el sombrero y me hace una pregunta [...] Sin responderle, me levanté costosamente y le indiqué el camino a casa. Apenas me di cuenta de que por la calle las personas se paraban, nos miraban y acto seguido cuchicheaban entre ellas. Poco después, muy poco, supe porque razón lo hacían. 
En casa, mamá cocinaba trozos de pollo en una cacerola oxidada. Cuando llegamos nos miró a ambos. Sus ojos verdes, aterrorizados, pasaron del hombre a mí y viceversa. Corrí a mi cuarto, llena de frío y, poco después, oí las voces. Las voces y los gritos. Aún hoy los oigo, el latido de mi corazón desenfrenado. Tardaron un rato en encontrarle. Le había dado tiempo a esconderse bien. Tardaron un rato, pero lo encontraron.
Nor no era mi padre, pero cuando desapareció tras la puerta sentí una punzada de dolor en el estómago, sentí como me escocían los ojos y poco después no pude ver más que siluetas, manchas de colores [...]
De ese día recuerdo la nieve blanca. El bien. Recuerdo como los niños hicieron muñecos de nieve aquella misma tarde, que días después el sol salió y lo derritió absolutamente todo, y el mundo volvió a ser de color. Recuerdo de ese día me quedé encerrada en casa, tumbada en la moqueta. Muerta. Vacía por dentro. Recuerdo que ese día lloré, lloré tanto que se me gastaron  las lágrimas y desde entonces nadie ha visto una en mi rostro. Recuerdo el rostro pétreo de mi madre, la mirada perdida de mi hermanastro y, por encima de todo, recuerdo aquel traje negro, aquel traje marchito, aquella mustia sonrisa que ahora no quiero más que olvidar.
Maldito Diciembre de 1934*. 

*desde 1933 hasta 1945 reinó en Alemania la ideología y el régimen nazi.

12 jul 2011

Las buenas historias (no) tienen final.

Mario era mudo. Quería expresar todo lo que sentía, pero como no podía con la boca lo hizo con la mano. De ella las letras salían despedidas, soltaban tinta y derrapaban al final del papel. Mario escribía con la esperanza de que algún día alguien le leyera, pero sus historias nunca tenían final y se quedaban abandonadas en el cajón con motas de polvo como chaqueta. Una tarde, cuando estaba a punto de perder la esperanza, Mario se montó en el tren de vuelta a casa y escuchó la voz de una chica un poco más atrás. 
"Pues a mi no me gustan las historias de Tom, nadie sería capaz de creer en ellas con esos perfectos finales de cuento de hadas. Eso es lo que tienen los buenos autores, te hacen creer que lo que lees puede ocurrirte en cualquier momento, aunque sea tremendamente irreal. No, definitivamente no me gustan sus historias, en la realidad, las buenas nunca tienen final".

8 jul 2011

Espiar horizontes abrazados.

"Lo que me conmueve tanto en este principito dormido es su 
fidelidad a una flor, la imagen de una rosa que resplandece en
él como la llama de una lámpara, incluso cuando duerme"
Y lo adivinaba aún más frágil. Hay que proteger bien a las 
lámparas; una ráfaga de viento puede apagarlas...
Le Petit Prince, Antoine De Saint-Exupery

Se han quedado bajo la cama tus sonrisas imperfectas, tus ojos azabaches, tus manos largas de pianista, el sonido de tu voz serena, tu frágil estructura de huesos y carne, el hablar con las estrellas -Orión en las noches de verano- , las lágrimas saladas que se confundían con el océano, espiar horizontes abrazados, las galletas de chocolate en los bolsillos de la chaqueta, el vestido rojo para los atardeceres y el azul para un solo amanecer. 
Ahora que te has ido, ahora que tu vacío late en mi sien, me doy cuenta de que es verdad, que me rescataste de mi mundo de penas y me llevaste a un lugar, incluso, más allá de la segunda estrella a la derecha, de que sin ti no soy nada y de que cuando me decías: cuando desaparezca, me olvidarás, no estabas en lo correcto. 
¿Ves? Estaba tan enamorado de ti que conservo todos y cada uno de tus recuerdos. 

4 jul 2011

The MemoryLess (fragmento)

Alejandra se quedó parada varios segundos observando el Porsche descapotable que había aparcado en la puerta. Vio que el conductor del coche era un hombre de mediana edad, con una cabellera cubierta de canas y la mirada perdida en algún punto de la carretera. Era la primera vez que lo veía, de eso estaba segura, pero había algo conocido en aquellos rasgos que le causaba una punzadas de añoranza. Alejandra mantuvo la vista fija en el él durante varios segundos y después buscó la señal de un posible copiloto. No tuvo tiempo de observarlo; inmediatamente se topó con sus ojos oscuros que la miraban con descaro. La joven reprimió un estremecimiento, pero no apartó la vista. Sintió algo extraño, una especie de sacudida eléctrica, como si todos sus músculos se hubiesen puesto alerta. Aquel chico, de aproximadamente dieciséis años de edad, se había levantado del asiento e iba hacia las escaleras del colegio. Justo donde ella se encontraba. 
Alejandra se quedó paralizada, presa de aquella mirada hostil y, de repente, algo penetró en lo más hondo de sus pensamientos, dejándola inválida y vulnerable. Llevamos mucho tiempo buscándote. Se oyó en su mente, y en ese mismo instante supo que tenía que correr, correr como si fueran a quitarle la vida. 

Esta es una pequeña  parte de una novela
que he estado escribiendo en los últimos
días. Espero que os guste. 

2 jul 2011

La vida de Tat

Tat se montó en el tranvía que recorría toda la ciudad con zapatillas de estar por casa. Fue creciendo entre los asientos llenos de verde, entre las barras a las que se tenía que aferrar de vez en cuando para no caer, entre las personas que entraban y salían, que cruzaban palabras y experiencias con ella. De repente, el tranvía aceleró y fue tan rápido que algunos pasajeros tuvieron que sujetarse los sombreros, amenazantes con salir volando. Tat no sabía a donde agarrarse, a quien sostenerse para no caer. Había pocas caras conocidas y los extraños la miraban ofuscados. Se asomaba a la ventana y veía solo imágenes desfiguradas que desaparecían a los pocos segundos y se fundían con otras. El paisaje cambiaba tan a menudo que ya no sabía ni que pensar, pero como todo, el tranvía volvió a la normalidad, se paró en la siguiente estación y nuevas personas empezaron a subir y a bajar. 
Algunas llevaban maletas para quedarse y otras no aguantaban mucho tiempo, pero Tat hizo tantas amistades y compartió tantos secretos en aquel tren que el tiempo se le pasó volando. Volvió a mirar por la ventana y descubrió que la ciudad había desaparecido, sustituida por un campo lleno de amapolas en un anochecer perfecto. Llena de una paz infinita, Tat se quedó dormida en el tren y despertó a la mañana siguiente con el piar de unos cuantos pájaros. Había llegado a su parada. Bajó lentamente, sin prisas, sin maletas, y anduvo por la estación hasta que se la tragó la niebla.

28 jun 2011

Cigarettes VI

Había una vez dos partes de una misma historia, dos corazones entrelazados y palabras de tinta que se fundían en el mar. Había una vez dos pares de ojos grandes que jugaban a imaginar. 
Alma había soñado con aquel momento tantos meses, tantos años, que no sabía si de verdad era real. Cada varios minutos debía de pararse a pellizcar su mejilla sonrojada para estar segura de que no tenía que despertar, pero no, allí estaba él, prendiéndole la cintura, con el sombrero borsalino de paja que le hacía parecer un explorador intrépido, místico y oculto en si mismo. De repente, en aquella puesta de sol junto a la calita en la playa, Alma se preguntó cuantos lugares había explorado antes de aquel momento, cuantas veces había pensado en ella y si en algún momento le había dicho su nombre a las estrellas. 
(Ella sí que lo había hecho, tantas veces que seguro que sus palabras habían dejado estelas en la Vía Láctea). 

Gigarettes no empieza aquí. 

24 jun 2011

Repartían felicidad en forma de caramelos.


Le volvía loca la trenza sabor a fresas de Samanta, los abrazos a corto plazo y la mirada azul que siempre le lanzaba. Cuando se encontraba mal ella le limpiaba las lágrimas, sonreían y se besaban.
- Vamos a bailar. 
- Ya sabes que se me da fatal. 
- Da igual, me gusta ver la imperfección en lo perfecto. 
Bailaban y bailaban, los pies de una sobre la otra al ritmo de la elegia de los pianos de Bach, y cuando se cansaban apagaban el reproductor de música y se sentaban en el sofá vintage lleno de estampados con una bolsa de palomitas de mantequilla en el regazo. 
Hay quien dice que estaban locas, que lo que ellas tenían no podía ser amor, pero ¿sabéis qué? Claudia y Samanta alargaban la vida con cada sonrisa, repartían felicidad en forma de caramelos y cuando alguien les decía que estaban enfermas y que debían de arreglarlas contestaban que no eran muñecas de trapo fáciles de manejar y que si se les rompían las costuras ya se tenían la una a la otra para reparárselas.

Participo en esto, ¿por qué 
no  te unes tú también?

18 jun 2011

He subido a hombros de gigantes.

-Sentirlo aún más-
No puedo mentirte. Es cierto. Soy un soñador. Un soñador en este mundo de perfectos, de cuadrículas infinitas. Cuando era pequeño me creaba un tarrito de deseos y los iba depositando dentro poco a poco, como si así pudiese comprar la felicidad. Me gusta leer y vivir historias imposibles porque creo en la magia de las letras. Escribo para desahogarme, para mostrar a los demás un pedacito de mí y no cerrarme entre muros de papel que al final nunca sirven para nada. Por la noche vuelo en el barco de Peter Pan sobre la ciudad y empapelo las paredes de mi casa con Campanillas de colores. Odio a los superficiales; critican lo que no se puede cambiar y son ciegos a la verdadera belleza. Me esfuerzo por vivir, no por sobrevivir y me gustan me encantan las estrellas.
No puedo mentirte. Es cierto. Soy un soñador. 
Y si he logrado ver más lejos ha sido porque he subido a hombros de gigantes*.

* Isaac Newton.

10 jun 2011

Cigarettes V


Cigarettes ha empezado unos cuantos atardeceres atrás. 

No era Alma. Era su hermana. Su hermana gemela. 
Dean tenía ganas de mirar hacia el cielo sin nubes, de no coger el teléfono y dejar que sonaran los tonos. De sonreír. La miró con aquellos ojos que se habían tragado la mitad del mar y quiso cogerla de la mano y regresar de nuevo a la realidad (porque se había estancado en un mundo de perfectos momentos).
Salieron a la calle para que el aire les reconciliara, armados con gafas de sol y un atardecer entre las casas labradas y viejas. Caminaron largo y pausado entre setos y adoquines por los que fluía el agua y charlaron, hablaron tanto que hubo un momento en el que se les trataban las palabras y, para no hundirse en un silencio incómodo, se besaron. 
- ¿Sabes que yo voy a ser astronauta? 
- ¿Ah, sí? ¿Y que harás cuando pises la luna?
- Gritaré que nos amamos, y seguro que el universo está de acuerdo.
- ¿El universo entero?
- El universo entero y su infinito.

3 jun 2011

Desaparece.

Me habían golpeado en la boca. Pero no me  sangraba. Me habían pegado en el estómago. Pero no vomitaba. Me habían dado en el corazón. Pero seguía latiendo como si nada. Habían pataleado en cada una de las partes de mi cuerpo y yo seguía llena de vacío, ahogada sin agua. Muerta en los recuerdos.
Eso pasa por contar las cosas. Me dije. Por intentar arrimar a mi alma aquello que está dañado. Por consolarlo. Confié en uno y al final mil me devolvieron la gracia. Ya no me miraran. Al menos no de la misma forma. El rumor/ se esparcirá/ más rápido/ que el viento.  
Soy estúpida. Una maldita e idiota estúpida. Dicen que las estocadas van por la espalda, pero no es cierto. Te dan por todas partes. Se ríen de ti. Te acuchillan a mentiras y al final siempre te matan.

Lo siento, pero ya no tengo
  ninguna gana de 
resucitar.

30 may 2011

Babedú no era gris.

Cuando Raquel estaba sola, cuando no le gustaba la compañía o cuando le reñían siempre dejaba salir a Babedú. Era como su parte fuerte, su otro nombre. Una chica atrevida, infatigable, que cruzaba abismos de un salto, se enfrentaba a dragones de nueve cabezas y no le tenía miedo a nada. Una chica sin gris.
Raquel se sentaba en una esquinita, cerraba los ojos, abría la mente y se imaginaba una escena digna de cualquier novela de aventuras en la que ella era la protagonista. Era su forma de aislarse de aquello que no podía soportar. Así, cuando los mayores la veían distraída, siempre decían: ¡ay esta niña, todo el día pensando en las musarañas! Pero no. Pensaba en Babedú, que no tenía nada que ver con las musarañas y además era mucho más bonita.
A ella todo el mundo le hacía caso. Era una heroína. Cada vez que regresaba de una misión imposible la aclamaban, envidiaban y deseaban. ¡Viva Babedú!¡Viva Babedú! Gritaban manteándola y llenos de sonrisas.
Pero Raquel tenía que regresar a la realidad, y entonces todo su mundo desaparecía y volvía a ver de nuevo la cara de su primo llena de granos, sentía los insoportables pellizcos de su tío en las mejillas y las riñas de sus padres por estar todo el día en las nubes. Al menos. Pensaba Raquel en esos momentos. Aún puedo regresar con Babedú y seguir viviendo sus infinitas historias.


El blog va a alcanzar los 1.200 
seguidores dentro de poquísimo 
y he hecho un vídeo de 
agradecimiento que  espero 
que podáis ver. Una vez más
MILES DE GRACIAS.


19 may 2011

Un puñado de estrellas.

María estaba harta de los niños buenos, del "te quiero", de ser paciente con todo el mundo y recoger la basura de los otros, de que por cada paso que diera le pusieran tantas zancadillas que al final se le desollara las rodillas. María estaba harta de deshojar la verdad con la mirada y de sonreír tan fuerte que al final siempre terminaba bebiéndose el mar. Últimamente no había brillo en su mirada ni corazones en las camisetas a rayas. Antes soñaba con cambiar el mundo y al final este dio tantas vueltas en tan pocas veinticuatro horas que llegó la noche antes de que se pudiera dar cuenta.
María fingía que le hacían gracia las personas que crecían con los insultos a los otros, pero lo cierto era que le dolían tanto que lloraba antes de dormir y al final siempre se levantaba en lagunas. Sentía como el mundo se le venía encima, que vivir era como caminar contra una ventisca con nieve, que el corazón le sangraba y se sentía una barco a la deriva. 
Pero una tarde de heridas recordó que levantarse era obligatorio, empezó a ir hacia arriba, avanzando lento, muy lento, y borró el punto y final para dejar su historia sin finalizar. Cuando iba a tropezar se levantaba con la cabeza bien alta, sonriente, y al final nunca terminaba por llorar por no haber visto el sol porque recordaba que, si lo hacía, no podría admirar la inmensidad de las estrellas. 

8 may 2011

Cigarettes IV

Alma y Dean no quieren que empieces por el final.

Alma abrió los ojos -casi como platos- y sonrió. Sonrió tanto que al final aquellos sonidos se convirtieron en carcajadas e inundaron toda la habitación. Dean, sin entenderlo, seguía plasmado en la puerta, desafiante, tenso, revelador de su propio secreto. 
- Pero que tonto que eres - se tapó la boca con la mano y gimió. Varias lágrimas cayeron por sus mejillas, pero se las secó antes de que resbalaran por el mentón - ay Dean, ay Dean... - repitió, mirándolo a los ojos - ¿de dónde te he sacado yo? 
El chico se acercó a ella sin entender lo que ocurría y se encogió de hombros vacío en palabras. 
- No entiendo Alma, lo siento pero no entiendo nada. 
La chica abrió la boca, pero el sonido de alguien en la puerta hizo que ambos giraran la cabeza. Una réplica de Alma fumaba mirándolos. Llevaba los ojos pintados de negro y parecía rebelde, mucho más rebelde que su hermana. Un chico apareció a su lado y los miró.
- He venido a recogerla, le prometí un día en la playa después de tantos meses fuera de la ciudad. 
Dean miró a Alma, que aún sonreía con lágrimas en los ojos. La chica se llevó una mano a la boca y soltó otra carcajada. De repente, todo era tan claro como el agua. Aquella era la hermana gemela de Alma y el chico de su lado el recibidor de sus besos.
- ¡Y yo que me preguntaba quien se había tomado mi tazón de cereales! - exclamó Alma, sonriendo.
Todo aquello había quedado, por suerte, en una terrible confusión.

2 may 2011

Cigarettes III

Dean y Alma un poco más atrás.

- Maldita sea, Dean, habla ya - gritó Alma, sintiendo el silencio en cada poro de su piel. 
Pero el chico no contestó y siguió leyendo el libro de astronomía. Con un nudo en la garganta, la chica cogió uno de los cojines y se lo tiró a la cara, pero el joven siguió sin inmutarse - ¿Pero que se supone que te he hecho yo? - gimió, tapándose la cara para que no la viera llorar. Todas las tardes muriéndose por Dean, todas las tardes deseando una mirada suya, una palabra suya, un abrazo suyo. Lanzando sonrisas que al final él nunca correspondía. Pensando que no podía ser, que él no la quería, que nunca jamás lo haría. Dean levantó la mirada del libro y la observó. Sus ojos estaban gélidos como el hielo y parecían llenos de dolor. 
- Ese es el problema. Que no me has hecho nada. Que me ignoras, que pasas de mí y nunca me dices ni media palabra. Que voy a la cocina y te encuentro allí, besando a un don cualquiera con el tazón de cereales que yo te preparé en la mano. Pensé, no sé... - tenía los ojos vidriosos, pero se recuperó de repente- pero ya da igual, estoy cansado de tus miradas de niña buena, de tus sonrisas... de que juegues conmigo de esa forma. 
- Ay, Dean... - murmuró Alma, llevándose una mano a la boca. Se acercó a él lento, muy lento, hasta que estuvieron labio frente a labio.
Entonces Dean se levantó, dejó el libro encima del sofá y ambos se miraron.
- Basta de tonterías, Alma. O te aclaras o esto se ha acabado incluso antes de empezar. 

26 abr 2011

La pequeña gran historia de la pequeña gran Pam.

Pam le tiene miedo a los cuentos de monstruos y a las avellanas. Detesta las cosquillas. Ama los besos con la nariz y las sonrisas. Desde que sabe leer, lo hace siempre debajo de la almohada. Ha cogido prestada una linterna del enorme armario y seguro, seguro, que nadie la echa de menos.  En las vacaciones de verano, pone dos sillas -una frente a otra- y se crea su propia  tienda de campaña. - La verdad es que Pam es un poco miedica, y en vez de acampar en el exterior, lo hace en su cuarto, con el ventilador encendido y mangas cortas, a salvo de cocos y animales de orejas anchas-. 
Es una chica un poco especial, escucha jazz y, muy de vez en cuando, se permite el placer de la música clásica. Dice que es azul, como el mar, como el cielo, como las cosas bonitas, que tiene poderes mágicos que le  permiten internarse en mundos inimaginables y cuando se siente mal, con ganas de llorar, crea a leones que hablan, a estrellas caídas del cielo y a ella sin lágrimas.
(porque le gusta mucho imaginar)

20 abr 2011

Como un pirata de verdad.

Hacía maquetas de barcos pero no las encerraba en botellas de cristal. 
Soñaba con convertirse en navegante de mares, en corsario o solo, si no le quedaban más opciones, en pirata. Tenía un mapa de navegación que había hecho con su compás de las clases de plástica y papeles pintado con acuarelas color marrón, para asemejarse más a los pergaminos que ellos utilizaban. Le gustaba quemar los bordes y dejarlos secar en un rincón de la azotea, con las pinzas de plástico de mamá. 
Cuarenta años después, una tarde de trabajo en casa, de componer historias de barcos -para rellenar ese hueco de las ilusiones que nunca se habían cumplido-, pasaron ante su ventana dos niños con pañuelos en el pelo, un barco pirata de juguete y dos papeles pintados de marrón con acuarelas.
Y le hizo tanta ilusión, y volvieron tantos recuerdos, que salió ya para todos viejo y maltrecho y empezó a jugar junto a ellos sin reparar en edades ni en tiempo.
Después de tantos años, aún Neptuno le recuerda.

17 abr 2011

Cigarettes II

Dean sintió como algo le recorría por dentro. Un tormento de sensaciones, de palabras, de lágrimas en los ojos. Se quedó quieto durante un tiempo indefinido hasta que el nudo en su pecho desapareció, dejando paso a un vacío que lo dejó inválido, a punto de caer. Nunca tendría que haber llegado a aquella puerta, nunca tendría que haber dejado que aquella tormenta de sentimientos entrara dentro de él. Se lo había cuestionado muchas veces, preguntado hasta la saciedad, había robado casi todo su tiempo, suspiros y quitado el sueño, pero ya tenía la respuesta, y la respuesta era no. 
Nunca había sido capaz de reconocerlo, y pese a que iba de duro por la vida, atrayendo a todas las mujeres del mundo con aquel pelo crespo y los pañuelos blancos, era tímido, oculto en sí mismo, incapaz de dejar que los sentimientos dieran muestra alguna en su rostro. Para no mirarla mientras estaba con él, para no soñar con cosas imposibles (la negatividad era su signo característico) se refugiaba en libros, aunque casi nunca leía, cerraba los ojos y no hablaba, porque si lo hacía estaba seguro de que el "te quiero" saldría de sus labios. 
Y ahora la espada clavada en su pecho, los ojos anegados en lágrimas, paralizado como si hubiese sido convertido en piedra, observaba tras el marco de la puerta sin que nadie reparara en él. Se sentía mal, fatal, porque allí estaba Alma.
Estaba Alma besando a otro. 

¿Quieres conocer a Alma y a Dean? Mejor empezar por el principio.

9 abr 2011

Lady Margot (princesa del cuento real)

Ya está aquí la revista número uno de Lubdub, donde participo. Echadle un vistazo. 

Eran Lady Margot sus vestidos largos y ajustados, sus paseos a las seis de la mañana por las avenidas de la ciudad, pagar a los taxis en monedas de 20, construir castillos de cartas en los que no se podía ni respirar. La sonrisa sobre el mar en abril, en mayo, en septiembre y a las doce del domingo. Sus días favoritos eran los martes trece y su número, el siete. 
Conocían a Margot por muchas cosas, pero nadie se olvidaba de sus historias. Hablaba con cualquiera, era mundos inventados para cada persona. Había asimilado miles de vidas y las guardaba todas en archivos desordenados dentro de su cabeza. Si quería soñar, adicta a los Coca Colas y a los ojos verdes, dibujante de recuerdos o acompañante de Quijotes. Si quería ligar, modelo en pasarelas que habían pasado de moda, soltera sin hijos y deseosa de besar, suelta de manos y libre de palabras. Otras veces ejercía de ejecutiva en la gran empresa de Charls, cuidadora de enfermos en un hospital, profesora de infantil y de baberos ensuciados, química de sentimientos y filósofa de historias que aún había que contar. 
Eran Lady Margot ella y sus sonrisas, una princesa en medio de la ciudad, única. Decía inventarse todas sus historias, pero lo cierto era que siempre, siempre, se le colaba alguna realidad. 

2 abr 2011

Antes que a cualquier Julieta.

- ¿Por qué yo, con estos pelos encrespados y esta sonrisa medio rota, con estas pecas en todo el cuerpo, estos ojos tan normales, esta nariz poco afilada, los pómulos alzados y blancos, pálida desde lo hondo, qué por qué yo, que ni siquiera beso bien ni como palomitas, ni tengo calcetines a rayas largos, de esos que llegan hasta las rodillas y que prefiero el chocolate a cualquier verdura. Qué por qué yo...?
- Porque te prefiero a ti antes que a cualquier Julieta. Porque me encanta cuando te secas el pelo y te cae sobre la frente, que tu sonrisa es tímida, secreta, y cuando sale te llena de esperanza y de alegría, que tomaste el sol con colador y aún perdura el bronceado, y si te sonrojas, dan ganas de comerte entera. Que tu belleza llega hasta el infinito y se pierde, incluso, incluso, entre las estrellas. Pesimista me atrajiste a mi, los polos opuestos del imán, tan viva en este mundo gris, tan modesta y encerrada en ti misma. ¿Y sabes qué? Lo que más me gusta de ti es ese lunar justo en el lado izquierdo de la oreja, el que siempre queda tapado debajo de la almohada en las noches de primavera. 

26 mar 2011

Cigarettes I

Alma aquella tarde a la batería, con Dean sentado en el sofá vintage, se dio cuenta. Él nunca sería su héroe, siempre tendría que compartirlo con los demás.
Ambos formaban la pareja perfecta, dos chicos duros de gafas de sol, cigarros en la boca y pastillas de menta para los dolores de cabeza. Oscuros en su pasado y fríos en su presente, rechazadores de cualquier ofrenda del amor y ligados a las baterías y a los grupos de rocks. Nadie sabía nada sobre ellos, pero todos habían oído hablar de sus historias alguna vez. Eran como dos héroes entre las sombras, de esos que hacían justicia por los demás y nunca por ellos mismos, que giraban la cara cuando alguien les iba a hablar y no pronunciaban palabra, como si estuviesen mudos. 
Sin embargo, una vez solos, el mundo se reducía a la monotonía del silencio y a las peripecias de historias que narraban sobre un pasado inventado. Alma tocaba nuevas canciones y Dean leía libros sobre el universo. Nunca intercambiaban palabras, ni se miraban a los ojos, ni sonreían, y cada vez que ella le miraba, sentía un punzada de dolor porque siempre estaba haciendo otra cosa, porque no se molestaba en alabarla ni en susurrarle cosas al oído. Y por las noches, en la cama, se preguntaba si su amor por él era o no correspondido.

17 mar 2011

Lista de buenas cosas para tener (siempre) a mano.

Tres puntos, un cero y una coma. Catorce décadas de sonidos de guitarra, ungüento de mantequilla y leche condensada para los malos ratos. Algunas galletas rellenas de chocolate y una lista de deseos. Cinco Dos peluches de osos o una foto tomada junto al parabrisas, lechuga en la ensalada y queso rallado con nueces, Ratatouille, tenedores afilados y pizcas de sal cristalina. Sentimientos (véanse claros ejemplos de locura, verdad, esperanza, alegría y amor), abrigos rojos, mangas cortas con Mickeys plasmados, ojos sin lágrimas, bocas que reparten besos. Una blusa holgada para poder liberarnos, dos medias sin rayas, estuches llenos de lápices diferentes y corazones de gominola para tomárnoslos por las noches.
Tú,
Yo
Y el infinito.
(que tampoco es tan difícil de alcanzar)

13 mar 2011

Trece inviernos más.

Dicen que trece es el número de la mala suerte y que los gatos negros son signo de brujería. 
Que tú vives la vida en blanco y negro y yo en color.
Desde pequeños -a ti y a mí- nos ha gustado sentarnos en el balcón de casa de la abuela y mirar las estrellas como los poetas, para poder inspirarnos en ellas y construir poemas. Eran tu nariz arrugada, tus grises ojos entornados, el hipérbaton que utilizaba de vez en cuando, el asíndeton de ritmo apresurado y las mentiras piadosas para esconder realidades que a ninguno de los dos nos gustan. 
Estábamos en la habitación vacía del fondo de la casa, donde solamente hay cortinas blancas y un espejo en el que nos hacíamos fotos con los gorros de lana que Nani nos había tejido. 
Y después de tanta infancia, de tardes de amor abrazados y rezando nuestro propio santuario, tropezando con cada piedra del camino y levantándonos de nuevo, te das cuenta de que el pasado es como un día nublado y de que hay tantas cosas que no podemos ver que tienen que operarnos de miopía. 
Ya no consigo recordar como he llegado hasta aquí, ni como me sentaba en los inviernos fríos delante de la estufa.
...

28 feb 2011

La manzana roja de Isaac.


Recuerdo a Isaac sentado en las raíces de un árbol que coleccionaba años y los guardaba en forma de aros dentro de su corteza. Aquella tarde cogió una manzana del suelo y la miró ensimismado, recorriendo cada recoveco de su piel, cada matiz de color y las heridas que la tierra le había proporcionado. He de aceptar que nunca entendí la forma en la que trabajaba su mente y que, en sus conversaciones, me perdía incluso antes del comienzo. La mente de aquel chico nunca se encontró al alcance ni de mí, ni de nadie. Era como una caja fuerte llena de secretos. Por aquellos entonces, estaba ensimismado con Newton, del cual decía haber heredado el nombre y las ganas por descubrir más. Se había leído su biografía y soñaba con descubrir un nuevo planeta en la inmensidad del universo.
[...]
Fragmento de  "La manzana roja de isaac". Srta. Alicia Alina.

21 feb 2011

Por la boca muere el pez


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Imagen de AquaSixio.

Hay en la boca del pez un anzuelo y cuatro cuartos de sal marina.
La infinidad del océano le traiciono de repente, le capturaron las redes del barco proa allá en lo alto y lo subieron a la superficie angosto y pobre de líquido. Su oxígeno se evaporaba poco a poco.
Hay en la boca del pez un anzuelo y tres cuartos de sal marina.
Aleteaba. El agua volvía a ser agua. Había escamas verde y plata que se movían con una música que nunca llegó a existir de verdad y que luchaban por algo más. Un centímetro y medio de aire en la mañana.
Hay en la boca del pez un anzuelo y dos cuartos de sal marina.
No había olas en el mar, el barco en lo hondo del horizonte, lleno de rayos de sol que empezaba a esconderse por la periferia y a convertir objetos en contornos y manchas negras.
Hay en la boca del pez un anzuelo y un cuarto de sal marina.
Queda la mirada perdida más pero es menos lo que sentía. Anoréxico en medio de redes que dejaban marcas y el agua bajando por la superficie, desprendiéndose del cuerpo como la vida. Vano esfuerzo, ni respirar ni ardor ni cuerpo. 

Cogieron al pez por la cola y lo metieron en un cubo y lanzaron de nuevo el anzuelo. 
El pez dejó de ser pez. Ahora el viento se-lo-lleva.

11 feb 2011

¿Por qué no jugamos a ser adultos?

Y estaría gracioso pintarnos la cara de rojo con la barra de labios que te compraste en el supermercado. Vestirse de negro con mayas blancas y unas botas altas que ni siquiera tienen color. Ver en blanco y negro, como en la antigüedad, y quedarnos atascados en el tiempo.
Se han vuelto a poner de moda las minifalda y los abrigos largos. Las bufandas púrpuras que no pegan con nada. Los negros para hacernos más delgados y tres de  la madrugada sin regresar a casa. Romper las normas como si fuésemos rebeldes y gritar y gritar y gritar que no queremos. Llorar de amor y morir de rabia. 
Besar y desear (con ganas o sin ganas). Mojarse los labios con tinto de verano y otras historias raras. Enumerar palabras: idiota, negro, cielo, loco, interminable, hora, risa, ordenador, mentiras. 
Librarnos de las responsabilidades aunque al final, siempre acabemos con ellas en medio de la mañana. Coger una borrachera, no saber regresar a tu casa. Hablar del último con el que dormiste o la última con la que te liaste. Criticar a las espaldas y en las narices. Fastidiar a los demás. A tus amigos. A ti mismo. Avanzar dos pasos y retroceder cuatro. Decir no me ralles cuando no me entero de nada.
Al fin un futuro que de verdad tiene ganas de cambiar el mundo.
Aunque solo sea
para joderlo
aún más.

4 feb 2011

El oasis de tus ojos

Marta a las cuatro y cuarto de la tarde en el Starbucks de la esquina, justito al lado de casa. 
Lleva miles de negaciones encima y tiene dolor de cabeza. Palabras y frases que se mezclan en su cabeza y ensordecen el ruido del exterior. No hay más que problemas. Se mira los pies y descubre que hace tiempo que se le rompió la hebilla de uno de los zapatos, que tiene la pintura de uñas roída y una carrera en la media. Las gafas de sol ya no sirven para nada porque el día se ha nublado. Parece pequeña, frágil y tremendamente solitaria. Marta se encoge en si misma y empieza a tener frío. Unas chicas pasan a su lado riendo. Todos las miran. Con amor, con odio, con envidia, con devoción. Pero las miran. A ella nunca le ha mirado nadie. 
- Me voy a comprar un espejo roto para que cuando me mire, este segura de que solo vea la realidad. 
- Y yo me voy a comprar tus ojos.
- ¿Para qué? 
- Para poder ver el oasis que se esconde dentro de ellos y enamorarme un poquito más de ti, que aún no tengo suficiente. 

30 ene 2011

Anestesia

Me perdí en el mapa de tu piel y caminando encontré recuerdos, frases ingeniosas e imágenes que se iban tan rápido como venían, el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, que corría demasiado deprisa. Encontré (también) dos nubes de algodón rosa, purpurina gris guardada en botecitos de madera, papeles arrugados con el verbo Be acompañado de miles de palabras distintas. Be you. Be happy, notas y cuadernos, estuches llenos de lápices de madera, lobos con fauces abiertas, una cámara gastada que guardaba instantáneas. Pájaros de papel, cometas hechas a mano, un punto y aparte, una lista interminable de nombres inventados y de momentos especiales -para ti, solo para ti-. 
Me encontré  todas tus amigas de la calle 13, a los coches que tuviste, a los taxis en los que te montaste. Encontré unos ojos canela y un mar sin agua, una playa llena de turistas y una regla rota. Dos palmeras torcidas, un dibujo inacabado, un corte de manga, un corazón de plastilina y once muñequitos de papel.
Me encontré a mi. Pero no a ti. 
Ni a nadie ni a nada que de verdad quisieras.

26 ene 2011

A la deriva

Estoy tan vacío por dentro que ya no me quedan lágrimas -las he gastado todas cuando lloraba sentado en las escaleras, mirando a través de la ventana el cielo lleno de un puñado de estrellas-. Toco el violín por las noches y confundo las notas sin que nadie se de cuenta. Ando por las calles con los ojos cerrados, lento, muy lento, casi con pasos de hormiga. Voy en un barco de madera que me ha costado construir cuatro días y cincuenta noches. Pienso en ti cuando no hay luna llena y recuerdo tu redundancia al hablarme de tus sueños y los cuadros que había colgado en la habitación de la vecina. 
Me levanto sin puntos y sin comas, sin palabras. Trago saliva. Tengo los ojos grises porque se han quedado vacíos y tú te empeñas en pintarlos de verde, como las briznas de hierba que hay en el portal, junto a la puerta. 
Cuando no pueda más me iré poquito a poco, sin prisas, con la música de un piano negro de fondo. Pero mientras tanto pronunciaré la palabra esperanza -que tanto me encanta-. E iré hacia arriba, a la deriva, hasta que el infinito desaparezca.

20 ene 2011

En el fondo de la playa

Hemos escarbado en la arena de la playa con el abuelo para ver si llegábamos a la otra punta del mundo. La tierra que sacábamos la hemos guardado en cubos rojos y azules que, según Sisi, no combinaban para nada. Ahora la tierra parece fango por la lluvia que ha caído sobre el balcón en el que los dejé cuando volvimos a casa. 
Mi madre ha venido a recogernos y ha reñido con palabras dulces al abuelo por agacharse para ayudarnos, por meternos ideas locas en la cabeza sobre tareas y misiones imposibles y por hacer que nos llenásemos de tierra las rodillas. 
El abuelo se ha sentado en la silla delante de la ventana y se ha apoyado en el bastón  (El amanecer  alumbrado en sus ojos y el sol poniendose poco a poco hasta que el horizonte se ha llenado de estrellas).
Hay sobre la cama una concha que hemos descubierto los tres en el fondo de la playa.