31 dic 2012

El ciervo en el jersey de lana 2.

(El final de la historia. Para 
leer la primera parte click). 

Avec le music.


Cuenta la leyenda que en los buenos momentos se juntan las almas, y que cuando esto ocurre el mundo se ilumina un poquito más. Así que aquella noche, sentadas en un sofá frente a un televisor, y rodeadas de mayores abandonados por el mundo, Pam y Tat arrojaron un haz de luz al lugar y contagiaron a hombres y mujeres con sus sonrisas.
La joven miró a su abuela con cariño y recordó un día en la playa, cuando bajaron a la arena y construyeron un castillo enorme que después se llevaría la marea. (Quién sabe si algún pez acabó viviendo en él). Entonces tenía la cabeza en perfecto estado, era capaz de memorizar una lista entera de teléfonos y decirlos al revés, y jugaba con su nieta a leer párrafos al azar de sus libros favoritos.
-Abuela -susurró mientras terminaba de pelar la última de las uvas para que Tat no se atragantara. -¿Sabes que he conocido a un chico? 
Se sonrieron pícaras, la experiencia y la impaciencia una al lado de la otra. Dos mundos contrapuestos que se compenetraban a la perfección. La enfermera ayudó a la anciana a sentarse en el sofá y fue a atender a un hombre que la llamaba.
-Bonito año este ¿verdad? -preguntó la abuela Tat. Lo cierto es que apenas lo recordaba, pero seguro que había sido esplendido. Porque seguía viva. Porque podía hablar. Porque miraba a su nieta y sabía que ella lo había disfrutado más que nadie.¿Cuántos años tendría ahora? ¿Diecinueve, quince, treinta? Ya no recordaba como variaban los rostros con la edad. Solo tenía la certeza de que ella era vieja, muy vieja.
-Pues no ha ido muy bien, abu. Muchos recortes, el pobre cada vez más pobre y el rico cada vez más rico. Miras las noticias y te entran ganas de gritar: "¡Paren el mundo, me quiero bajar!" Guerras, desahucios, robos, violaciones, asesinatos... 
Los cuartos de campanada empezaron a sonar. Los del asilo se inclinaron en sus asientos y cogieron la primera uva para llevársela a la boca.
-Y sin embargo, tú aún eres capaz de sonreír. No tengo idea de lo que ha pasado, Pam, porque apenas veo las noticias, pero ¿Sabes qué? Seguro que alguien ha pintado un cuadro, ha bailado bajo la lluvia, ha tenido un hijo o se ha enamorado -le dio un cozado e imitó al resto de sus compañeros de hogar. Pero antes de que sonara la primera campanada, ella ya se había llevado la uva a la boca. Siempre fue un poco tramposa.
-Lo que pasa es que eres una soñadora, abuela.
-¿Eso? - Cogió la tercera y se la tragó sin masticar. Qué más daba si se atragantaba. - Eso lo seré siempre.
Doce. Ellas. Once. En un asilo. Diez. Alejadas del mundo. Nueve. De la realidad. Ocho. Como dos almas gemelas. Siete. Llenas de esperanza. Seis. De ilusión. Cinco. De felicidad. Cuatro. De deseos. Tres. De ansias. Dos. De vivir. Uno. Y de soñar.
-Feliz año nuevo Tat.
-Feliz año nuevo Pam.
Se abrazaron y supieron que todo iría bien. Porque estaban juntas.
Y eso era lo más importante.

27 dic 2012

El ciervo en el jersey de lana 1.

(La segunda y última parte la 
leeréis en fin de año). 

Avec le music.


El niño se monta encima del patinete y empieza a correr detrás de su madre. Ella lleva unos pantalones rojos y un abrigo de lana negro que oculta su silueta. Está bebiendo un batido de chocolate y tiene las uñas de las manos pintadas de marrón. Un marrón oscuro y ceniciento. Se gira para apremiar a su hijo, y el pelo rubio se mueve con ella (es tan largo que parece una cascada de oro cayendo sobre sus hombros). Pronuncia algo, pero no se oye. Seguramente estará regañándolo por lo lento que va.

-Vamos, señora Tat. 
La mujer aparta los ojos de la ventana y los clava en la enfermera. No recuerda su nombre. No recuerda que hace allí ni que día es. Pero no le importa. A veces es feliz sin saber las cosas.
-¿Señora Tat?
Esa es ella. Es una de las pocas cosas que recuerda. Asiente, se levanta y sigue a la enfermera hasta una sala enorme, con un suelo de madera en el que puede deslizar las zapatillas sin problemas. Hay más personas allí,  algunos duermen con la boca abierta y otros juegan a las damas, pero todos la miran cuando entra. Incluso después de tantos años, Tat irradia algo especial que hace que la gente se vuelva a observarla. La enfermera espera a que la mujer llegue a su lado y le habla de nuevo.
-Tiene visita. 
La visita lleva un jersey de lana ancho (igual de ancho que el abrigo de la mujer de los pantalones rojos) con un ciervo marrón en el centro, un gorro con orejeras y una nariz enrojecida por el frío. Su pelo también es rubio, pero está corto, tanto que apenas le tapa las orejas. 
-Esta es Pam, señora Tat ¿La recuerda?
Tat sonríe y sus ojos relucen por primera vez en muchos meses. Claro que sí. Como olvidar aquella mirada de hielo que tan pocos han logrado penetrar. Es Pam, su niña, su dulce sol, su alegría. 
-He traído unas uvas para las campanadas de fin de año, abuela -dice, y sus labios color carmín sonríen en un gesto que solo le dedica a ella.
La abuela Tat ha rejuvenecido más de treinta años. Porque cuando se pensaba abandonada entre aquellas mentes arrugadas, olvidada en un lugar recóndito de la memoria, su nieta ha decidido pasar el fin de aquel año con ella. No hay nada que pueda hacerla más feliz.

26 dic 2012

Es invierno en el bosque.

Cuando era pequeña, mi abuela me contaba las historias del corazón del bosque. Nos sentábamos a la lumbre de la chimenea, con una manta hecha de retazos de telas perdidas y un chocolate caliente en las manos, y nos mirábamos a los ojos llenas de ilusión.
La abuela me hablaba de los monstruos que se escondían en lo alto de los árboles, de duendes que buceaban entre la nieve a la espera de encontrar diamantes perdidos y de hadas que agitaban varitas para cambiar estaciones. A veces le asaltaban ataques de tos y paraba el relato (quedaban congelados valientes muchachitos que se adentraban en la espesura con linternas y osos saltando en el aire para atrapar a sus presas), pero después proseguía y yo me perdía entre aquellas hojas de laurel que perfumaban la estancia.
Tras la ventana, muñecos de nieve nos escuchaban.

3 dic 2012

Las calles de Diciembre.

Pam había soñado cantidad de verces con estrecharlo entre sus brazos entre las luces de navidad, y ahora podía. A su alrededor la gente pasaba mirando al horizonte, con las mejillas coloradas, las manos enfundadas en guantes de lana y una bolsa cargada de ilusión. Levantó la vista y se encontró con él -sus ojos color caramelo observándola con ansias- y lanzó al aire las palabras que tantas veces había guardado en su corazón. A su alrededor, el vapor se extendió y le nubló la vista como si acabara de pegarle una calada a un cigarro. El frío le erizó el bello de la piel, o bien podía ser sus labios, que descansaban en su boca con tanta dulzura que sentía la calidez que emanaba de ellos. Ni abrigos rojos y enormes de lana, semejante a los de Papá Noel, podían separar sus cuerpos en aquellos momentos. Porque estaban conectados por algo más allá de lo físico.
-Feliz Navidad, Pam.
Se sonrieron el uno al otro. No había regalo más preciado que aquel.

7 nov 2012

El silencio de la habitación 316.

El hospital huele a hospital. Hay ruedas de silla debajo de la gente, o gente encima de la silla de ruedas, lo mismo es, andando de un lugar a otro como si compitiesen por ver quien tiene más problemas. Los médicos andan de aquí para allá con blusas anchas, plasticosas y verdes, y en los pies unos zapatos que solo son dignos de llevar si los oculta un mostrador. El hombre avanza por el pasillo y ve que las luces se reflejan en el suelo. Sabe que si chupara el mármol sabría a limpio. Se estruja las manos mientras espera al ascensor, se limpia el sudor en los pantalones y nota el relieve de los bolsillos traseros arañandole la piel. No sabe porque están ahí, ya que no los usa (ni nadie introduce las manos en ellos, porque se ha quedado solo). Planta 1. Planta 2. Planta 3. Esa es la suya, pero por si no lo recordaba una voz de mujer se lo anuncia a través de un micrófono invisible. Se abre paso entre el vacío de los pasillos desiertos y agudiza el oído, pero solo hay silencio, eso y los latidos de su corazón en un tun tun apresurado. Encuentra la puerta, la 316 con números dorados, y pone la mano en el pomo. El sudor se queda pegado en el frío metal y desaparece. 

28 oct 2012

El olor superviviente de las lavandas.


Lee escuchando a peces de fondo.

La habitación está bañada por una luz suave que se cuela entre las cortinas, ondeantes por el viento ladrón que entra por las ventanas. Las paredes son blancas ahora que están expuestas al sol, pero en las sombras que se crean por las esquinas adquieren tonos oscuros que ocultan los desperfectos del tiempo. Toco con la yema de los dedos la pintura agrietada y al inspirar el olor a viejo se apodera de todo mi cuerpo. También hay un leve aroma a lavanda por las flores del patio, un cuadro vivo tras el marco de la ventana, llenos de morados que bailan de un lado a otro mecidos por la brisa. Arrastro los dedos por la pared siguiendo el camino sinuoso de una grieta y entierro las uñas hasta tocar el cemento seco tras ella. Algunas migajas se me quedan pegadas y tengo que limpiarlas en el pantalón. 
La habitación está vacía, y solo un espejo de cuerpo entero me mira apesadumbrado desde la esquina derecha del dormitorio. Tiene polvo por las cuatro esquinas y una araña lo ha tomado por hogar, pero me veo reflejada en él y recuerdo una noche muchos años atrás, mi reflejo en ese mismo espejo diez veces más joven, con la silueta alta de mi madre tras mí, abrazándome por la espalda y diciendo que todo saldría bien. Si ese espejo arañado y vencido por el tiempo pudiera hablar contaría mil y una historias de lo ocurrido en la cama frente a él, las noches de estudio en la mesilla con la luz del flexo encendida, y lágrimas, y sonrisas, y a través de él el patio en el que una niña hacía de avión corriendo de un lado a otro, donde alguien se mecía en una maca y en el vaivén del movimiento bajaba los brazos y tocaba las lavandas que aún hoy, resecas, siguen desprendiendo olor, sin ser capaces de morir como lo hace el resto del mundo.
Si cierro los ojos, recuerdo las voces del fondo del pasillo, las galletas de la abuela crujiendo en la boca de algún goloso, el agua rebosando el fregadero, el sonido de las zapatillas de mi madre corriendo por el pasillo y el momento de la noche cuando mi padre llegaba a casa, cerraba la puerta con cuidado creyendo que estábamos dormidos, y nosotros saltábamos las escaleras de dos en dos porque habíamos estado callados, esperando con los ojos abiertos hasta oír ese clack que anunciaba su llegada, una noche tras otra. 
Pero cuando abro los ojos la habitación está vacía, el suelo de madera sosteniendo mis pies, reposando en silencio durante tantos años, y si me miro al espejo solo veo una mujer que dejó de ser la niña que hacía aviones en aquel patio hacía mucho tiempo. Aún así, no importan ni el silencio, ni el polvo, porque solo importa una cosa. Y es que, después de tantos años, estoy otra vez en casa.

11 oct 2012

La revolución de los sumisos.

No nos callaran. Gritaremos revolución por las esquinas, alzaremos banderas sin color, blancas como la cal, rascacielos de esperanza que arañen a las nubes, y nos quitaremos la venda de los ojos que con tanto afán quisieron cubrirnos. Levantaremos las manos y recordaremos que seguimos aquí, al pie de la montaña, que somos la base de aquellos que creen no necesitarnos, que sin nosotros no serían nada, y que ese monte sobre el que se alzan victoriosos está sostenido por cada uno de los seres a los que pisotean y hacen morder el polvo para poder ganar más. Siempre más. 
Si quieren coronas de oro, se las daremos de espinas. 
Si quieren sumisión, les daremos REVOLUCIÓN.

30 sept 2012

Alguien que te vea perfecta.

Recuerdo cuando te miraban y decían que no entendían tu forma de ser, criticaban tu cabello, tu ropa y te escupían a la cara. Esos ojos de hiena clavados en tu médula, los murmullos entre ellos, una media sonrisa de superioridad. Todo lo que te hizo tanto daño y te hizo creer que estabas por debajo de ellos. 
Has crecido arropada entre desilusiones, cayendo cuando te levantabas, y soportando bajo ti la losa de unos estereotipos que nunca fueron contigo. Porque eras demasiado gorda, demasiado callada, porque no salías los viernes noche y te quedabas bajo la cama al amparo de unas cuantas letras en las que te hundías.
Escúchame bien, pero haz oídos sordos a los otros, aquellos que te insultan y te gritan, que te rechazan por lo que eres. Escúchame bien, eres única, eres increíble, digan lo que digan los demás.
Y no llores por sus palabras, no te sientas mal cuando se rían de ti, porque tú sola eres capaz de escalar montañas, de llegar a lo más alto y clavar tu bandera entre las nubes. A lo mejor aún no lo sabes, a lo mejor aún hoy piensas que no vales, pero un día llegará alguien que te rescate y te haga sonreír con una sola mirada, alguien que sepa todo lo que vales. Un día llegará alguien que te vea perfecta, y entonces tú podrás creértelo también, y te darás cuenta de que todos los demás estaban
EQUIVOCADOS.


6 sept 2012

El mono que olvidó lo que era.

En medio de un Universo en silencio, los monos aprendieron a hacer fuego y creyeron que con él podrían alumbrar la felicidad, crearon la rueda y pensaron que ella les llevaría hasta el destino, inventaron la moneda y cayeron en las garras de la avaricia estando seguros de que se controlaban a sí mismos. El mono que aprendió a andar se hizo fuerte, ingenioso y hábil. Acabó con vidas por lujo y no por supervivencia, y sonrió con suficiencia hacia las especies que aún se escondían en la maleza. 
En medio de un Universo en silencio, los monos mataron para conservar el poder, reinaron sobre castillos imbatibles, se vistieron de seda a la espera de parecer más apuestos, pintaron cuadros sobre Dios para ganarse su perdón, descubrieron continentes y destrozaron ideales. El mono que aprendió a construir máquinas de vapor llegó lejos y decidió calzarse un bombin a la cabeza. Desarrolló enormes sistemas de mercado y movió números invisibles, construyó cohetes para ir a la Luna, y en el viaje creyó haber rozado con la punta de los dedos las estrellas, pero fue solo un sueño.
En medio de un Universo en silencio, los monos se olvidaron de lo que eran.
(Esa fue su perdición).

27 ago 2012

Huellas ínfimas y clones.

Todos somos iguales. Seres humanos que nacen sin quererlo, con una cara, una inteligencia y un físico que nadie nos dio a elegir, y pese a ello tenemos que aguantar los comentarios de otro sobre algo que es tan aleatorio como el futuro. Andamos el camino de la vida a tientas, con una venda en los ojos y la oscuridad del exterior, y nos dicen que hay que ser fuertes, ricos, famosos, inteligentes, guapos, que hay que estar a la altura del más alto y reírse del más bajo. Si no cumples los requisitos que la sociedad estipula estás perdido, si no brillas como ellos quieren, no eres nadie.
Todos somos iguales. Nacemos solos y morimos solos, y nadie nos acompaña ni en el antes ni en el después ¿Qué importa la vida si nadie nos recordará pasados unos cuantos años? ¿Para qué estamos aquí si el mundo va a seguir girando y nuestra huella será tan ínfima que ni con lupa podremos verla? ¿Por qué vivir si en la mayoría de ocasiones no sabemos de dónde venimos ni a dónde vamos?
En la vida, casi siempre hay más sufrimiento
 que felicidad, y no sé como cambiarlo.

13 ago 2012

Frágiles como el cristal.

"Me da miedo la enormidad,
donde nadie oye mi voz..."
Héroes del Silencio.

Cuando somos mayores echamos la vista atrás y nos damos cuenta de todos los errores que hemos cometido, y tras tantos años volvemos a llorarlos en silencio, allá dónde nadie puede vernos. Dicen que con el tiempo los recuerdos se olvidan, pero es mentira. Permanecen en la retina de nuestros ojos como fotogramas, el instante de un salto, los volantes del vestido ascendiendo hasta el cielo a lo Marilyn Monroe, una sonrisa de amor, o los ojos de perdición en los que podemos contemplarnos como espejos, y a través de los cuales vuelan los sentimientos. 
Hoy he mirado al presente a la cara y me he descubierto frágil como el cristal, andando a tientas en un mundo lleno de oscuridad, con los errores a las espaldas, el peso de las heridas incitándome a caer, llena de miedo hasta lo más hondo del corazón. Me he dado cuenta de que soy débil, y esa debilidad me hace vulnerable, imperfecta, y también sensible.
Pero pese a las lágrimas, a las equivocaciones, a las caídas, estoy aquí, viva, y aún quedan para mí nuevas sonrisas, ojos en los que perderme y monstruos de papel contra los que luchar.
(Pase lo que pase, venceré).

5 ago 2012

Los habitantes de Saturno.

Conozco a un tipo que es de Saturno. Aterrizó en mi jardín hace varias semanas, en una nave espacial igual a la de las películas, y me saludó con un "Buenos días, terrícola". Charlamos durante horas en las hamacas, con una limonada en los dedos, y me estuvo contando cosas de por allí.
Dice que en Saturno todo el mundo se lleva bien, se ayudan entre ellos, y las cosas se pagan con abrazos. Dice que no hay guerras, porque los problemas se solucionan con palabras, y que no entiende como los humanos podemos seguir vivos después de matarnos. "Sois peculiares, los terrestres. La única especie que acaba consigo misma por codicia". Dice que a través de los anillos de Saturno viaja la felicidad, y que si quieres cogerla tienes que perseguirla a través de los meteoritos. ¿Por qué no nos unimos a los habitantes de Saturno e intentamos atraparla?

Os he traído un relato un poco peculiar que espero que os guste. Sé que no me paso 
por los blogs, pero leo la mayoría de las entradas. Por último os digo: Por  favor,
que este mundo roto no estropee vuestras ganas de vivir ni de soñar. Siempre 
queda felicidad, aunque esté en los anillo de Saturno, y no aquí.

29 jul 2012

El viento de París.

Desde pequeño había soñado con viajar. Recorrer un millón de continentes, visitar todos los museos del mundo, todos los monumentos, admirar la Torre Eiffel desde abajo, dar vueltas sobre sí mismo, cerrar los ojos y disfrutar del viento de París. Se imaginaba en Nueva York, rodeado de altos edificios que le hacían cosquillas al cielo y conseguían que riera, subiendo en ascensor, con las manos pegadas al cristal y el vaho en el vidrio, el mundo a su alrededor quedándose pequeño, pequeño, muy pequeño.
Soñaba con agarrarse a las alas de un avión y hacer surf entre las nubes, con andar con zuecos y hablar mil idiomas. Enamorarse de una italiana, y pasear en góndola cantando una buena canción, mientras ella lanzaba carcajada que se perdían entre Abril y Septiembre.
Y despertó, y las nubes, aviones, torres y góndolas desaparecieron por la ventana.
(Adiós).

18 jul 2012

Sus imperfecciones la hacían tan hermosa...

Me gustaban sus pies pequeños, y su boca grande. El miedo que sentía a la oscuridad, cuando se aferraba a mi brazo y se mordía los labios y buscaba refugios escondidos en mis sonrisas. Lo mal que cantaba, y los versos tan hermosos que contenían sus notas rotas, las frases que lanzaba al aire y dejaba escapar para aquel que quisiera escucharlas. Limpiábamos las casas el sábado tarde en vez de ir a discotecas y ella agarraba la fregona -micrófono privado-, saludaba a su público y empezaba a hablar de cosas tan bonitas como la soledad. 
Me gustaban sus ojos de princesa, tan brillantes que eran cómo farolas en la oscuridad, e iluminaban mis sombras cuando el sol se había ocultado tras las montañas. Sus curvas sinuosas en las que te perdías como si fueran un tobogán, el collar de conchas que se hizo el Sábado 13 cuando fuimos de excursión a la playa y acabamos fundidos con los peces debajo del agua.
Me gustaban sus suspiros de chica apurada, su pelo cayendo a cascadas, cuando arrugaba la nariz y las pecas se perdían entre los pliegues, y los besos que mandaba a la Luna cuando creía que nadie la miraba.
Porque me enamoré de sus imperfecciones, 
y aún hoy el corazón me late al recordarlas...

8 jul 2012

Luciérnagas en tu ventana.

Hay un lugar donde viven los sueños. Un lugar que aparece cuando se apagan todas las luces y se cierran las puertas, las ventanas, y se deja volar la imaginación. Ese lugar está tan cerca que no lo vemos, pese a que de un salto podemos alcanzarlo con la mano. Es tan visible y distante como el cielo. Y cuando volamos como pájaros sobre el mar, luchamos frente a molinos gigantes de viento o besamos unos labios que nunca tendremos, sonreímos con los ojos cerrados. Hay un lugar donde viven los sueños. El lugar dónde se acumulan las luciérnagas, los piratas de pata de palo, los astronauta y todas y cada una de estas historias. 

28 jun 2012

¿Cómo se deletrea felicidad?

La felicidad es un vapuleo de sentimientos que recorren tu espina dorsal y se cuelan por el estómago, el cerebro y el corazón. Se siente con un atardecer, al amparo de una luz tenue y cálida, con una sonrisa o con el abrazo de la gente a la que quieres. 
La felicidad es placer, es mordisquear un trozo de chocolate sin reparar en calorías ni grasas de más, es pensar que los huecos entre los dedos de la mano es para colocar otros y estrecharlos con fuerza. Y cuando cierro los ojos, y la oscuridad se apodera de mí, pienso en esos momentos felices, en esas imágenes guardadas en la retina como si se trataran de fotografías y sonrío. 
Estoy en casa.

19 jun 2012

Pam era tan pequeña y el mundo tan grande...

Pam esta harta de ansiar la perfección, porque sentía que, cuanto más tenía, más se ahogaba. Algo se asfixiaba dentro de ella, algo que le estrujaba los sesos y le creaba grandes nudos en el estómago. Así que un día se armó de valor y decidió que iba a probar. Probar a ver que pasaba cuando se rompían un puñado de normas, probar a no salir con todos los pelos perfectos a la calle, ni con la falda que se llevaba de moda. Porque estaba harta de fingir ser cosas que no era. Delante de sus padres fingía, delante de los profesores fingía, hasta cuando iba por la calle, dónde nadie la conocía, fingía ¿Y qué si no era guapa, o obediente, o no hacía lo que estipulaban todos? ¿Por qué tenía que aprenderse una lista de nombres de los que no sabía nada, o ser una falsa para triunfar? 
Pam prefería explorar en los universos por las noches, cerrar los ojos y escuchar las notas musicales de un millón de canciones, y que le relataran historias para que pudiera soñarlas. Pero no había nada de eso, y cuando despertaba tenía que ir al colegio, y escuchar una barbaridad de sandeces, y aprendérselas después, y por las tardes, cuando ya era libre, recordaba las palabras de unos cuantos superficiales y se miraba al espejo y se decía ¿Quién mierda soy?
Porque ni ella lo sabía.

5 jun 2012

Abrazos cálidos como un atardecer.

Toda mi vida he estado buscándote en cada gesto, en cada esquina y bajo las mesas del bar que hay en frente de mi casa. Pero ni allí te he encontrado. Entre las cosas que busco, están tus ojos azules como el mar, tu pelo rizado lleno de dorados y castaños y tus abrazos, que son más cálidos que un atardecer. Agachó la cabeza cada dos segundos porque pienso que estás entre las piedras, o en la hierba que crece en los adoquines y que ahora se torna más mustia que nunca. Pero no estás. Nunca estás.  A ver si algún día de estos me tropiezo contigo por el camino, y nos fundimos en un beso de esos de película que tanto nos enamoran.

24 may 2012

La página dónde quedan los recuerdos.

Zimbané vivía enterrada en un mundo de bibliotecas, alejada del cielo, de la tierra, de todo lo tangible. Hundía la nariz en la tinta del papel y cerraba los ojos a la espera de que las sensaciones subieran por toda su espina dorsal y estremecieran a su cerebro. Creía que en los libros se encontraba su felicidad y, en parte, estaba en lo cierto, pero estaba sola. Y la soledad nos vuelve amargados, apesadumbrados y locos. 
Sin embargo, un día Zimbané descubrió los rayos de sol sobre la piel, el aire rozando las mejillas y el beso del amor, y corrió fuera de aquella habitación oscura, dejando la silla vacía y el libro abierto por la página trescientos seis, dónde desde entonces se acumulan todos sus recuerdos.

17 may 2012

La señorita que estaba enfadada con el mundo.

Me sé de una señorita llamada Plisplas que está enfadada con el mundo. Enfadada porque nadie deja de contaminar, porque se ríen de nosotros, porque nos manejan. Y sobre todo porque nos influyen. Plisplas odia que le digan lo que tiene que hacer, o que le metan las cosas en la cabeza a presión. Si tiene que estudiarse veinte páginas de evolución y catorce de letras perfectamente escritas, pues se pone de morros y se enfada. Plisplas piensa que, para aprender, ya están los libros, y que a la cultura no hay que forzarla porque al final pasa lo que pasa, y es que como todo lo que se hace sin ganas, termina siendo una losa en vez de una pluma, y nadie quiere saber. Plisplas llega a clase y le meten una letra detrás de otra. Le hablan de miles de nombres, de lugares impronunciables, y le dicen que se tiene que aprender la tabla del 523. Pero no le cuentan los sueños de esos nombres, ni porqué hacían lo que hacían, o de si sus ojos brillaban cuando sonreían. Tampoco relatan historias de esos páramos desiertos, las pesadillas que sufrió el explorador intrépido que los descubrió, ni desmenuzan ese número, juegan con él a las cartas y lo vuelven del revés.
Por eso, entre otras cosas, Plisplas sigue enfadada con el mundo. 
Ojalá que las cosas cambien, y se le pase.

13 may 2012

El niño de Júpiter.

El niño de Júpiter olía a menta y tenía mucho imaginación. Llegó como llegan los mejores, con una sonrisa en la cara y un poco de hollín en las mejillas. Cuando aterrizó en el parque, bajó de su nave espacial como un héroe, pero no vio a nadie que fuera a recibirlo. El niño de Júpiter vagó durante horas por las calles desiertas de la ciudad, tocó los árboles desnudos, la hierba al pie de la escalera de metal y la bombilla de una farola que daba calor. Y cuando estaba a punto de darse por vencido, vio al final de los adoquines unos ojos tan intensos que se removió todo su interior. Quiso acercarse a ellos, explorar la cuenca de aquellos iris chocolate, pero empezó a llover, parpadeó y, cuando quiso darse cuenta, ya no estaban.
Desde entonces, El niño de Júpiter ha buscado por todos los países, los planetas y las estrellas que ha podido, pero no ha vuelto a encontrarlos.

5 may 2012

Hay algo en el corazón de hielo de Pam.

Y entonces, Pam se enamoró. Fue como si una chispa se abriera en sus ojos, una luz que se reflecto en sus pupilas y desapareció tan rápido como había venido. Un momento antes no sentía nada, y ahora había algo en su estómago. Algo que todos llamaban mariposas. Dentro, muy dentro de la pequeña Pam, allá donde el corazón guarda sus más íntimos secretos, la muralla de hielo se convirtió en escombros, se derritió, y las mariposas volaron dentro de ella, se mezclaron con su sangre y la hicieron sonreír.

28 abr 2012

Historia de un instante.

Es la historia de un segundo, de un abrir y cerrar de ojos, de un suspiro. En la calle, tráfico a hora punta, la nota mi del saxo tocado por Daniel, el agitar de monedas de un vagabundo, el grito del bebé con gorro de lunares porque acaba de perder el sonajero, la rueda del último coche frenando, el cerrar de una puerta y el resonar de los tacones de Doña Rogelia, que acaba de salir a comprar pan. Sentado en el escalón de la puerta recién cerrado, un hombre barbudo piensa si tendría que dejar a su novia, el  señor de negro recuerda la noche anterior, el momento del beso en la mejilla, y Laura está deseando tocar una rosa blanca del jardín del edificio 143, pero un cartel que dice Prohibido pisar el césped se lo impide.
Es la historia de un segundo, de una nacimiento, de una muerte, de un primer beso, de una caricia, de un accidente, de un timo, de un despertar y de un te quiero. 

26 abr 2012

Nota muy importante: Leedlo por favor.

Llevo tiempo sin actualizar, lo sé, pero con las estadísticas de los últimos meses se me quitan todas las ganas. Siento que lo que hago está cada vez peor, que los microrrelatos no son buenos, y cuando me pongo a ello para no dejar mucho tiempo el blog abandonado, lo hago sin inspiración ni ilusión. Las visitas han caído en picado, no hay más de setenta visualizaciones por entrada y apenas llego a los veinte comentarios, algo que es muy pobre teniendo en cuenta la cantidad de gente que sigue el blog. 
Últimamente, he dedicado mucho tiempo a escribir novelas para concursos y he tenido el blog muy abandonado, y tal vez sea por eso por lo que apenas entráis. Yo voy a seguir escribiendo, no necesito un público para ello, pero los apoyos que me dabais eran para mí algo único que me empujaban a ir hacia delante y me daban aliento. 
No voy a mentiros: tras casi trescientos relatos, las ideas se me acaban, y siento que escriba lo que escriba va a ser algo repetitivo y aburrido. Además, en sus inicios, el blog iba dirigido hacia un público más juvenil, lleno de historias de amor y cosas parecidas, pero últimamente escribo cada vez más crítica social, y sé que eso no "engancha" ni atrae tanto como lo otro. Pero yo he cambiado, y eso no puedo evitarlo. 
Como he visto en un buen blog de la net, O TE MUEVES O CADUCAS. Y siento que este blog está caducando, porque no hay innovación en él. Globos de Agua ha significado mucho para mí, y siento que sería incapaz de abandonarlo, por ello no pienso dejar de publicar relatos, aunque me duela ver que casi nadie los lee, o que las personas que siguen el blog lo único que hicieron fue pulsar un botón y olvidarse de él. Pero me gustaría hacer algo para cambiar este abandono que hay tanto por mi parte, como por la de los seguidores. Quiero darle un cambio radical, pues yo ya no soy la misma que en 2009, ni vosotros tampoco, y venía a anunciarlo. Aún no sé lo que haré, pero esto hay que cambiarlo, y me gustaría que vosotros formarais parte de ello.
Gracias por vuestra atención,
Srta.Alicia Alina.

12 abr 2012

Allí donde esté la paz, la encontraremos.

Y ahora que he llegado hasta aquí, que puedo observaros a todo desde esta nueva perspectiva, quiero bajarme del podio. Ver vuestros rostros, vuestras manos apretadas la una contra la otra bañadas de sudor me llena de agonía, me hace pensar que no lograré lo que esperáis de mí, y que para estar a la altura de esto son necesarios más de unos cuantos centímetros ¡Yo no soy vuestro rey, no mando sobre vosotros! Solo estoy aquí para administraros, para encaminaros hacia la victoria y no hacia el final. Vosotros, el pueblo, y nosotros, los políticos. Vamos a olvidarnos del dinero, de la fama, de las alabanzas, de los trapos sucios, y levantemos de una vez por todas al mundo, que bien merecido se lo tiene. 
Juntos, lograremos un final feliz para esta historia, 
os lo prometo.

9 abr 2012

El laberinto gris e interminable.

Y ahí estaba él, perdido en medio de toda esa niebla, con los ojos abiertos, pero vendados por las nubes que bajaban y besaban el suelo. Andaba de un lugar para otro, buscando una salida a tientas y tropezando con las paredes en la oscuridad, pero siempre caía en la misma piedra y el camino torcía, se doblaba como una serpiente que repta hacia su presa, giraba una y otra vez en espiral y daba con una pared de frente que le impedía el paso. 
El laberinto era como un enorme árbol lleno de bifurcaciones, y él siempre elegía las incorrectas y cada segundo se perdía un poquito más. Respiraba en la nada, en el desierto sin oasis, en la desolación de los que no saben hacia donde van, ni de dónde vienen.
Aún hoy, muchos como él siguen perdidos y gritan auxilio, pero ya nadie los escucha.

27 mar 2012

Laberintos y burbujas de cristal.

Después de tantos años, de tantas caídas, seguimos inmersos en nuestras propias burbujas de cristal. Parecemos locos incansables que se golpean contra las esquinas por diversión, que se adentran en laberintos de pensamientos equivocados para perderse e ignoran a los otros porque piensan que, con unas gafas tintadas de rosas, la realidad va a desaparecer. Y una vez que estemos aislados y no podamos gritar auxilio, cuando ya nadie pueda escucharnos, se abalanzarán sobre nosotros la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y, ante todo, la soberbia. 
Al final, del ser humano no quedarán  más que restos.

22 mar 2012

Los cajones olvidados de la memoria.

Hay noches en las que no puedo dormir y me pongo a recordar. Entre las vigas del techo encuentro mi casa de la playa, las luces que había sobre la puerta y que, cuando se iluminaban, eran como los ojos de un gigante cuadrado que me observaba. Recuerdo que los días de arena y olas a mi abuela le gustaba sentarnos en el balcón de cenefas azules y blancas y nos daba la comida mientras contaba historia de gente que pasaba.
Entre las imperfecciones de la pared blanca hay más recuerdos. Recuerdos de una mochila pequeña en una silla que simbolizaban mi primer día de clase, los ojos azules de un niño que se chupaba el dedo por la calle, las luces parpadeantes de una bicicleta en la noche, una nube con forma de delfín en la carretera camino a casa. 
Y en las aspas del ventilador, el olor a chocolate de los domingos, el abrir y cerrar de una cremallera en un jersey hecho a mano, la sombra del vecino tras las cortinas haciendo de comer, el gesto de una sonrisa que aún guardo con cerrojos, meter la mano en el armario y tener la esperanza de tocar la nieve de Narnia, la sombra difuminada del carboncillo de mi abuelo sobre el papel, los ojos de Van Gogh en uno de sus cuadros y la textura de una colchoneta para saltos. 
Y miles de millones de recuerdos que siguen ahí, aunque yo no los vea, esperando a salir de los cajones olvidados de la memoria.

10 mar 2012

Has escrito tu nombre con indeleble.

Ha amanecido está mañana del color de las mandarinas, y parecía un atardecer. Estaba la luna en lo alto, observándome con sus ojos de cráteres y de tierra, recordando la última vez que fui a visitarla y me llené de vértigo por las alturas. Estaba demasiado alto incluso para mi imaginación. 
Y cuando salí a la calle, olía a café y a neumáticos quemados, pero sobre todo olía a ti. Olía a ti porque estás en mi mente cada maldito segundo y tu sonrisa no se borra de mi mente, ni tus labios, ni tus ojos azabache y grandes que me observan y te delatan. Estás en mi mente, sí, y no te puedo borrar porque has escrito tu nombre con un bolígrafo indeleble. 

4 mar 2012

Yusuff soñaba con ser aviador.

De pequeños, todos hemos abierto los brazos cuan largo eran y hemos corrido por la acera fingiendo ser aviones. Hacíamos sonidos con la boca, imitando el motor del aparato, algo así como bruuuuuuun, bruuuuuun, y entonces hasta los mayores se asustaban. Por supuesto, Yusuff no era un excepción. 
En uno de sus viajes, su padre le había comprado un gorro de aviador que llevaba puesto a todas horas y tenía color carmín, aunque del uso había empezado a desgastarse y ahora parecía cuero de oveja. Muchas veces había soñado con surcar los cielos y atravesar las nubes, que debían de saber a azúcar y a chocolate, pero siempre despertaba y estaba con los pies bien pegados a la tierra. A Yusuff aquello le fastidiaba. Miraba el azul sobre él y envidiaba a los pájaros, con aquellas grandes alas que los hacían planear sobre el aire. En esos momentos de desesperación, arrugaba la nariz, corría hacia su casa con la bufanda de su abuela arrastrada tras él, y se encajaba el casco en la cabeza mientras subía por los muebles y se colgaba de la lámpara. 
Y si cerraba los ojos, volaba sobre la arena del desierto, sobre el mar embravecido y sobre las torres altas que daban las doce en París. (Como un verdadero piloto de sueños).

19 feb 2012

Y es que nadie le pone etiquetas a Pam.

Me llamo Pam, soy alérgica a las nueces, y no soporto a los falsos. Mañana cumplo trece primaveras, pero por mí como si cumpliera veinte, porque al mundo le da igual. Desde que nací, supe que nadie me impondría etiquetas, que nadie me impediría llegar a la cima y cumplir mis sueños. Ni el más astuto de los zorros podrá conmigo. Ni los zorros, ni las zorras. Mi música favorita es el jazz, y mi cantante, Bessie Smith. Amo a los Beatles y no soporto a Rihanna, ni a todos los que tratan de imitarla. Como hobbies, me decanto por leer bajo las sábanas, al amparo de una linterna medio gastada, e imaginando peripecias e historias acabo por cerrar los ojos y dormirme. Esa soy yo, esa es Pam, y si no te gusto siempre puedes mirar hacia otro lado.
La chica rubia sonrió a la clase vacía, estrujó el papel y lo tiró a la basura. "Una lástima" Se dijo mientras le pegaba un mordisco a su bocadillo "Que no se puedan decir estas cosas en la realidad, y al final tenga que escribir una redacción típica de mi edad, llena de rosas y bazofia". 

9 feb 2012

Camino por calles sin nombre.

La ciudad está enterrada en la derrota. Hundida hasta los tejados de tierra roja llena de prejuicios, las ventanas abiertas de par en par, con los cristales rotos y flores muertas en las repisas. Hay en el asfalto charcos de sangre y de envidia, nubes que bajan y en vez de rozar el cielo rozan el suelo, remolinos de aire como los que describía Clarín al inicio de La Regenta, que juguetean por las aceras y ascienden en las paredes llenas de escarcha y congeladas por el frío. 
El cielo está tan rojo que parece el infierno. De verdad, el maldito infierno.
Las personas ya no pasean por las calles, solo caminan con la mirada perdida y llena de nebulosas. Y como no los alaban, ni les sonríen, ni les prestan atención, los árboles han terminado desnudos y muertos, y los edificios son todos iguales, ladrillo y hormigón que ya nunca más se admirarán. Las catedrales se han caído -la tierra vuelve a la tierra-, se rajó el papel fibroso de los libros y hay abandonados juguetes en parques que huelen a óxido.

1 feb 2012

La coraza de cristal de la princesa Katapúm!

Yo conozco a una princesa que se llama Katapúm!, pero que ni es guapa, ni joven, ni rica ni nada. Y como no es nada, Katapúm! no recibe peticiones de matrimonio, ni va a rescatarla a su castillo príncipes rubios, altos y apuestos. Por ello, la princesa se ha formado una coraza de cristal y se ha escondido allí para que los que se asomen por su morada no puedan verla. Pero su escudo, cómo ella, es transparente y frágil, aunque no quiere darse cuenta, así que ha decidido que no va a tenerle miedo a nada. Cuando se asoma a la ventana y ve todos los bosques y las montañas que se extienden a su alrededor sueña con atravesarlos, y ni siquiera un estremecimiento le recorre la espalda porque, en su lecho de cuatro paredes, ha aprendido a ser valiente.
Katapúm! la invencible, la llamaban, hasta que un día llegó una cabellera oscura, unos ojos grises y una sonrisa perfecta y lo cambiaron todo en dos minutos. En solo dos minutos. 
(Como podéis imaginar, de la coraza de cristal no quedaron más que restos). 

23 ene 2012

Estuviste en la vida, y la viviste.

Siento que me voy, que ya no queda nada de mí en este cuerpo. No hay imágenes en secuencia ante mi mente, no recuerdo mi vida, ni mis mejores momentos, ni los peores. Porque nada pasa ante mis ojos. Solo oscuridad. Una oscuridad que me traga y me lleva y me separa de lo que quiero en un para siempre que detesto.
Dicen que morir es más rápido que quedarse dormido, pero es mentira. El frío acude a ti, se mete por cada poro de tu piel y tu quieres estremecerte, pero no puedes. Porque algo te impide moverte. Porque algo te impide gritar. Y lo único que consigues lanzar son jadeos. 
Y al final, vienen a tu mente sus ojos y ya hay calma. Los ojos de las personas a las que amas, de todos aquellos que te llorarán, y comprendes que estuviste en la vida, y la viviste, y eso es ya más que suficiente. Recuerdas entonces aquel momento cuando llegaste al mundo y eras tú el que lloraba, mientras que los demás sonreían felices a tu alrededor llenos de gloria. Sí. Ese momento es único, al igual que este en el que te vas, cuando son los demás los que lloran, pero tu sonríes. Porque sabes que, mientras latas en los corazones de los demás, estarás vivo. 

8 ene 2012

Nadie puede vivir para olvidar.


Inspirándome en las notas musicales, 
un microrrelato crítica al cambio climático.

Notó el rocío en la punta de sus dedos, las hojas verdes y húmedas haciendo caricias en la palma de ambas manos, y después un largo y prolongado suspiro de desesperación y angustia. Y fue allí, él un mero espectador, cuando las rosas del paisaje empezaron a pudrirse y se les marchitó hasta el corazón. Desde lo hondo, el planeta se estremecía. Quiso lanzar un grito de auxilio para salvar aquello que se extendía a su alrededor, pero llegaron y lo talaron todo, y lo quemaron todo, y lo pudrieron todo, y seres como él se llevaron los árboles que le hacían respirar y el oxígeno se le fue acabando lentamente. Allá en el río, los peces salían a la superficie muertos y agonizaban como él en busca de algo de vida, hasta que ya no quedó nada y la cuenca de los ojos se les quedó tan vacía que no pudieron ni llorar.

3 ene 2012

La abuela Tat y la música llena de historia.

Con la música de ese piano aprendí a andar. Me apoyaba en una de sus patas oscuras y daba pasos cortos en busca de alcanzar el rostro de mis seres queridos, de imitarlos para poder entrar en su círculo y no tener que quedarme apartada en un lugar desolado de la habitación. Aprendí a escuchar, y los oídos se abrieron como libros y dejaron que la música entrara y embargara mis sentimientos y se los llevara lejos de mí porque no pude pagar el último mes por falta de sonrisas. Con la música de ese piano aprendí a recordar, a ver esos instantes perfectos de mi pasado que jamás podría borrar de mi mente, y de mano de Mozart, de Bach, del gran Beethoven tocados por la abuela Tat en las teclas puras y blancas viajé a mundos en los que ya había estado, pero a los que me moría por regresar. Y aprendí a amar, a llorar, a susurrar, a recapacitar, a vivir, a soñar.
Pero la abuela desapareció, y cuando yo ya era mayor tiraron el piano por miedo a los recuerdos, como si ellos pudieran hacerles daño, el banco embargó la casa y viajamos lejos, para huir de algo que nos perseguiría hasta el infinito y más allá. Y mi dolor era más grande que toda la tierra, el mar y el cielo juntos, porque cuando las cosas nos hacen felices pensamos que serán para siempre.
Y solemos equivocarnos.