No suelo tener dificultades para expresar lo que siento o lo que pienso, pero me bloqueo cuando alguien me pide que describa por qué soy incapaz de oponerme con firmeza a los designios de mi mujer, cumpliendo a rajatabla el dicho ese de que "si tu mujer te pide que te tires de un piso procura que sea el primero". No soy feliz, como casi nadie, pero tengo un serio problema de pareja: Temo a mi mujer. Hay una explicación fácil para esto, soy lo que Paco Martínez Soria llamaría un calzonazos, y otra más difícil de creer: Ella ejerce violencia sobre mí. No me considero lo primero, me gusta hablar las cosas, llegar a conclusiones favorables para todos y ayudar si me es posible a la felicidad de los demás, pero tampoco puedo demostrar lo segundo. Temo a mi mujer, a sus reacciones agresivas, a un conjunto de cosas que han ido ocurriendo durante los veinte años largos de convivencia que llevamos. Temo sus mentiras, su forma de organizar las cosas que ocurren de tal manera que el culp...
Las relaciones entre hombres y mujeres vistas desde otro ángulo